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NOVIEMBRE 2002 - PERSPECTIVA ACTUAL -  EL CASO DE LA AMAZONÍA PERUANA
 
 

PÉRÚ : Estado-Nación e indigenismo en mutación


Por José Marín
AGENCIA IPI
www.a-ipi.com



INTRODUCCIÓN

En los últimos tres decenios, el continente americano, es el escenario de la emergencia de movimientos indígenas, impregnados de una dimensión étnica, que desborda los marcos tradicionales de los movimientos sociales.

 
Doctor en antropología de la Universidad de La Sorbona 
de Paris. Es diplomado del Instituto Universitario de 
Estudios del Desarrollo de Ginebra y del Instituto des 
Altos Estudios de América Latina de Paris. Entre 1989 
y 2000, ha enseñado en la Universidad de Ginebra y 
en la Academia Internacional del Medio Ambiente 
de Ginebra. Igualmente, ha colaborado con la UNESCO 
en Africa.  Actualmente, colabora con diversas 
instituciones de Europa y de América Latina. 
© Foto Agencia IPI 

El indígena concebido primigeniamente, desde el siglo pasado, como un objeto de estudio, inspiró el nacimiento del indigenismo, como un movimiento intelectual. Este movimiento, trató de rescatarlos de un orden injusto y del desprecio secular del Estado post-colonial. Los Estados nacionales, en el mejor de los casos, se limitaron a recuperarlo desde una perspectiva paternalista y autoritariamente asimilacionista. Actualmente, los indígenas son los actores y los sujetos históricos, que asumen el desafío de sus reivindicaciones. Este proceso emerge desde las escuelas de sobrevivencia cultural en los Estados Unidos, que tratan de romper las murallas de la exclusión y la marginalización de las Reservas Indigenas, en las que los confinó la democracia norteamericana. En el resto del continente, asistimos al surgimiento de movimientos indígenas, que se movilizan por la recuperación de sus territorios ancestrales, por la valorizacíon de sus lenguas, sus saberes y sus culturas (Marín, 2000; Rostkowski, 1979 ; Reichlen, 1987).

En América Latina desde fines de los años 70’, asistimos al surgimiento de movimientos como el Katarismo en Bolivia, La Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) en el Ecuador, el Movimineto Maya en Guatemala, el Movimiento Zapatista y otros movimientos menos conocidos en México. En la región andina y en la Amazonía y en otras partes de América del Sur, otras experiencias de recuperación territorial y de revalorización de lenguas y culturas indígenas a partir de la educación bilingüe e intercultural, son experiencia de una gran riqueza a destacar.

Este Indigenísmo, que es protagonizado por los indígenas, como sujetos históricos, cuestiona el mito asimilacionista de "la integración nacional" y el paradigma de la homogenización cultural, que les imponen los Estados nacionales desde el siglo XIX. Este fenómeno coincide con la crisis del populismo y el auge del neoliberalismo, como ideología de la globalización (Degregori, 2000; Marín, 2000, 2001, 2002).

En el Perú, tratar de comprender, cuál ha sido el lugar que han ocupado y que ocupan los pueblos indígenas en la sociedad peruana, y cuáles han sido las posibilidades reales de su participación democrática en la misma, nos remite a la historia del Estado y al carácter multicultural de la sociedad peruana.

El Perú es heredero de una triple tradición autoritaria, que data desde la dominación colonial, que se institucionalizo con la República en 1821. Estas estructuras, con algunas modificaciones y variantes, se prolongan hasta nuestros días.

Primeramente, el autoritarismo impuesto por el caudillismo militar, como institución que ha interferido a lo largo de la vida política del Perú, en segundo plano, los partidos políticos tradicionales y finalmente, la iglesia cristiana católica romana, cuya jerarquía, con algunas excepciones y disidencias, como los teólogos de la liberación, siempre han estado al servicio de una teología de la dominación, al servicio de un orden injusto. Estos rasgos de autoritarismo, son los que han larvado e impregnado la integridad de la historia peruana. Esta triple tradición autoritaria, está expresada en instituciones, impregnadas de una organización y una estructura profundamente jerárquica y antidemocrática. Sus nefastas influencias atraviesan todos los niveles de la estructura del Estado, la sociedad y la vida cotidiana.

Es a partir del conocimiento de estos antecedentes históricos, que podemos explicarnos las grandes dificultades que experimentan la institucionalización de la democracia en el Perú, desde el siglo pasado hasta nuestros días.

El Estado colonial impuso una determinada visión del mundo, heredera de la concepción judeo-cristíana, el castellano, como lengua oficial y la cultura occidental, como lengua y cultura dominantes. Este proceso de dominación cultural se desarrolló en detrimento y con la exclusión de una gran parte de los pueblos indígenas y con la discriminación en gran parte de la población mestiza y de las minorías étnicas, como los afroperuanos y algunos sectores marginados de la población de origen asiático. (Cuche, 1981; Morimoto, 1979 ; Rodríguez, 1988; Romero,1987).

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La proclamación de la República del Perú en 1821, no significó la independencia de los pueblos indígenas, ni la recuperación de sus territorios. Los Criollos, descendientes de los colonialistas, no renunciaron al carácter colonialista de la conquista, es más, asumieron la herencia colonial como suya. Es a partir de estos antecedentes, que podemos comprender la fragmentación social y la tensión étnica que subyace y atraviesa la sociedad peruana de nuestros días (Marín, 1990, 2001).

La República del Perú fundada en el siglo XIX, bajo la imposición del modelo político del Estado-Nación, como institución ideológica y política, excluye toda diversidad cultural y linguística, bajo el mito unificador de la "nación peruana", ese modelo político de Estado, marginalizó a los indígenas, que eran la población mayoritaria y ancestral del territorio declarado por la nueva República.

El Estado-Nación, sirvió como ordenamiento jurídico y político, para privilegiar una visión del mundo, una lengua y una cultura dominantes.

La participación de los indígenas en la nueva República, en tanto ciudadanos, fue dificultada por una serie de obstáculos legales y reales, durante los siglos XIX y una gran parte del siglo XX, los indígenas, con breves interrupciones, fueron obligados a tributar en dinero y en trabajo, a un Estado que les negó sus derechos más elementales. La explotación económica, la segregación social y la discriminación racial, como expresiones originadas en el colonialismo se vieron revividas y fortalecidas en el marco histórico de la nueva República.

En el proceso histórico peruano, la perversidades del factor étnico han perdurado como punto de referencia de la categorización y la jerarquización que se impuso en la sociedad republicana.

Las formaciones étnicas anteceden y sobreviven a la formación de las clases sociales. La étnicidad surge con mayor fuerza en momentos de crisis históricas, en la necesidad de afirmarse de unos pueblos frente a otros.

La identidad étnica pertenece a los fenómenos históricos de larga duración (Alvarsson, 1990; Mörner, 1987). En el caso peruano y en la mayoría de los países latinoamericanos, surgidos de la dominación colonial, con una presencia de pueblos indígenas significativa, las políticas estatales denominadas de "integración nacional", se redujeron a "integrar" a los indígenas en condiciones de dominación y asimilación. En estos términos, la supuesta integración, estando ausente un margen mínimo de participación democrática y sin respetar las lenguas y culturas de quienes se pretendía integrar, fue un acto autoritario. Las misiones religiosas con la evangelización y la escuela oficial, con la alfabetización en la lengua y la cultura dominantes, fueron las instituciones más significativas de esta imposición.

La identidad nacional está vinculada mayormente a una identidad jurídica y forma parte del proceso histórico de la creación del Estado–Nación, que legitimó a burguesías triunfantes, como la francesa, que implementó este modelo político de Estado, después del triunfo de la revolución francesa de 1789. Los principios democráticos son asociados a este tipo de Estado, en su época primigenia. La ideología nacional es tributaria de este modelo y ha impregnado la historia contemporánea, como instrumento racionalizador de la defensa de la soberanía de territorios. Este tipo de Estado homogenizador y unificador, no considera la diversidad étnica, ni otorga la opción democrática para las poblaciones que somete.

Las identidad nacional en países como el Perú, sirven de instrumento ideológico a los intereses de las clases dominantes, que controlan las instituciones del Estado. Un buen ejemplo es la escuela oficial, como portadora de la cultura occidental y cristiana, vehiculadas por el castellano como lengua oficial, ignorando autoritariamente, la existencia de las diversas culturas, visiones del mundo y lenguas existentes.

El carácter multicultural de la sociedad peruana
Actualmente el carácter multicultural de la sociedad peruana, está constituido por un mosaico cultural y lingüístico, que abarca cincuenta culturas y lenguas : el quechua y el aymara en la región andina principalmente, con algunas variaciones dialectales y 42 lenguas que se hablan en la cuenca amazónica y que pertenecen a 16 familias lingüísticas.

A estas lenguas originarias, se suman el castellano, como lengua oficial mayoritaria impuesta por la dominación colonial española y las lenguas y culturas que son el producto de una larga historia de inmigración, principalmente de chinos de la región de Cantón, de japoneses, de italianos, árabes y judíos, como los inmigrantes más representativos.

Según estadísticas del año 2000, de los 25 millones de peruanos, se estima que 19’614,000 (78.4%) hablan el castellano ; 4’500,000 (18%) el quechua ; 500,000 (0.2%) el aymara ; 350,000 (0.1.2%) el cantonés, como lengua principal entre los inmigrantes originarios de China y 86,000 (00.3%) hablan el japonés, el italiano, el hebreo y el árabe, consideradas como las lenguas extranjeras más importantes (Montoya, 2001).

Con la imposición de « la nación », como mito unificador, el Estado buscó desde el principio, imponer una asimilación vertical, bajo el pretexto de « integrar » a las grandes mayorías indígenas, con el fin de asegurarse el control económico, social, político y cultural de las mismas.

Este proceso de dominación y de exclusión que sufre una gran parte de los pueblos indígenas y la población mestiza del Perú, tuvo desde el inicio, matices étnicos, que se expresan en la dominación socio-económica y en la discriminación racial que sufren hasta nuestros días,

En el presente artículo, nos limitaremos a una modesta introducción histórica, conscientes que abordamos una problemática amplia y compleja, como son las relaciones de los pueblos indígenas con el Estado. Finalmente centraremos nuestro interés, en la perspectiva actual, tomando el caso del movimiento indígena amazónico.

Antecedentes Históricos

2 La República de Españoles y la República de Indios

La incursión de los colonialistas españoles desplazó la hegemonía Inca sobre el Tawantinsuyo, ocupando el territorio, imponiendo sus intereses económicos y su concepción religiosa. La justificación ideológica de la colonización, se sustentó en el pretexto evangelizador y civilizador del catolicismo. La concepción etnocentrista de considerar « salvajes » a los pueblos indígenas, justificó su subyugación y explotación.

Los conquistadores llamaron « indios » a los pueblos autóctonos, en la creencia errónea de encontrarse en las « Indias Occidentales ». Los indígenas, fueron declarados súbditos de los Reyes Católicos, sin que ello significara igualdad social ni económica con sus conquistadores (Espinoza, 1980 :196). Los indígenas fueron considerados menores de edad, sujetos a tutela y protección legal pero no real.

La situación dependiente de los pueblos indígenas quedó sellada, sin acceso a las decisiones sobre su presente y su futuro, salvo en instituciones marginales, como los Cabildos y Cacicazgos enmarcados en los intereses coloniales. Estas instituciones que tenían como intermediarios a caciques y jefes locales indígenas, al servicio de los conquistadores, se les llamó « República de Indios ». República, era el término que servía para señalar a las sociedades constituídas con servicios y características propias, separadas unas de otras.

En el Virreynato del Perú, las dos « Repúblicas » vivieron de espaldas, en relaciones de dominación económica, segregación social y discriminación racial, Esta situación inicial, con algunas modificaciones, larva hasta nuestros días la sociedad peruana actual. Esta división de origen colonial sobrevivió a la República fundada en 1821 y sus rezagos se expresan hoy en día, en lo que se ha dado en llamar « El Perú oficial » y el « Perú Real ». Al margen de estas dos « Repúblicas » quedaban los mestizos, la población de origen africano, la servidumbre de origen asiático y otros grupos.

La administración colonial superpuso dos sociedades, económica, social y culturalmente diferentes y opuestas, adecuando la sociedad indígena a su dominación. Este proceso fue posible gracias a los Curacas (jefes indígenas) quienes se convirtieron en el eje articulador de la dominación. Esta participación, en tanto que intermediarios, los condicionó en gran medida y les restó la capacidad de liderar la resistencia indígena hasta el siglo XVIII. La revolución de Túpac Amaru en 1780, fue la superación de esta limitación. La derrota militar de este movimiento significó el fracaso de la opción indígena, como proyecto nacional, que no fue superado.

La fundación de la República del Perú en 1821, bajo estos cimientos, reforzó las condiciones de opresión y marginación de los pueblos indígenas y de la población mestiza, lo que permitió que se desarrollará una suerte de colonialismo interno, en muchos casos más grave que la situación colonial anterior. La República frente a la población indígena, reprodujo las mismas desigualdades, que teóricamente pretendía suprimir.

3 Emergencia del Indigenísmo

Históricamente podemos afirmar, que los indigenísmos, en tanto reflexión y movimiento intelectual, encuentran sus orígenes en 1888, Después del fin de la guerra con Chile, iniciada en 1879 y que concluyó con la derrota del Perú. Es en esta época, que por la primera vez, se cuestiona la existencia real de la « nación peruana » y también se cuestiona, el lugar que los indígenas ocupan en la sociedad peruana. Es el escritor anarquista Manuel Gonzáles Prada, en su discurso en el teatro « Polyteama », él que se pregunta sobre el mito de la «unidad nacional » y por qué, el Perú no es un país unificado? Se pregunta igualmente, por qué el Perú está dividido y por qué existen diferentes tipos de peruanos? Esta reflexión engendra dos versiones de indigenísmos. La primera muy radical, se sustenta sobre una óptica política y social, representada por Luis E. Valcarcel, autor de « Tempestad en los Andes ». Una segunda posición, es el indigenísmo paternalista y conservador de Víctor Andrés Belaúnde, que limita la existencia de los indígenas, como parte del paisaje geográfico, sín atribuirles una condición de sujetos históricos, felicitándose del aporte cultural y civilisatorio hispánico.

El problema indígena en los primeros decenios del siglo pasado ocupó un lugar importante en las discusiones políticas y en el campo literario (Mariategui, 1957; Arguedas, 1983).

El indigenísmo como reflexión política, fue recuperado por el Estado, desde una perspectiva paternalista y asimilacionista.

En 1919 se inició el gobierno de Leguía, quien promulgó leyes de protección y tutelaje, que dieron lugar a la creación en 1921, de La Sección de Asuntos Indígenas, nombrando en la dirección a Hildebrando Castro Pozo, miembro del movimiento intelectual de los indigenístas. Durante su dirección, se fundó El Patronato de la Raza Indígena, con una función paternalista, se estableció El Día del Indio y se crearon escuelas y centros agropecuarios. A fin de mostrar que su gobierno se interesaba a la población indígena, se autoproclamó Wiracocha (emperador), enarbolando los símbolos de la autoridad indígena y hasta llegó a pronunciar un discurso en quechua, idioma que le era desconocido (Cotler, 1978:188). Leguía insistía en sus declaraciones teóricas, sobre el carácter corporativo de las comunidades indígenas, reglamentando su condición específica en el campo penal, civil, educacional y administrativo. Fijó un salario mínimo y decretó la libertad que tenían para vender sus tierras.

En 1922, se prohibió el trabajo indígena gratuito y obligatorio, tradicionalmente requerido por las autoridades locales. Se nombró una Comisión investigadora de dos notables indigenístas, para ocuparse de los problemas sociales, surgidos por el abuso de los grandes propietarios de la tierra, que provocaron muchos levantamientos en el campo.

Esta posición paternalista del Gobierno atrajo muchas simpatías de la capas medias y estimuló la revalorización de la cultura indígena, patrocinada por el Movimiento Indigenísta, que creó La Asociación Pro-Indígena, que luchaba en defensa de los indígenas y en contra de los abusos de los grandes propietarios. Este movimiento, tuvo mucha repercusión en la zona andina, desarrollándose una corriente intelectual indigenísta, en la literatura, pintura y en la ciencias sociales. Se presentó al indígena como paradigma nacional, aún cuando los indígenas estaban ausentes de este movimiento. Sus actividades provocaron reacciones políticas negativas para los sectores políticos conservadores. Con Leguía, las clases dominantes, encontraron, el presidente, que reestructuró y articuló sobre nuevas bases, su poder político asociado al control del Estado.

Contradictoriamente a las numerosas declaraciones teóricas en favor de los indígenas, Leguía decretó en 1920, la Ley de Circunscripción Vial, que obligaba a los campesinos (mayormente indígenas) a trabajar gratuitamente en la construcción de rutas. En cierta manera revivía la institución colonial de la Mita (trabajo gratuito).

Como lo afirma Cotler (1978), Los hacendados (grandes propietarios) y las autoridades republicanas, tenían todo el poder para obligar a trabajar gratuitamente a los indígenas, en la construcción de rutas, que favorecían sus intereses económicos.

Leguía en sus once años de gobierno, iniciados en 1919, implementó una política de alineamiento con la consolidación de la dominación imperialista norteamericana, que desplazó a la dominación inglesa que controló el período post-colonial del siglo XIX y principios del siglo XX.

Otras intervenciones que asocian al Estado con el problema indígena, desde otras perspectivas, fueron la creación en Lima del Instituto Indigenista Peruano en 1940, institución dependiente del Ministerio de Justicia y Trabajo. La fundación de esta institución fue el producto de la influencia del I Congreso Indigenísta Interamericano, realizado en Pátzcuaro, Mexico. En la misma época, durante el gobierno de Bustamente y Rivero (1945-48), es nombrado Ministro de Educación, Luis E. Valcárcel, partidario de un indigenísmo con una connotación socio-política y académica. En este período, se crea el Instituto de Etnología y Arqueología de la Universidad de San Marcos y la Escuela de antropología en la Universidad San Antonio Abad del Cusco. El Indigenísmo se convierte así, en la problemática originaria y fundamental de la antropología en el Perú.
 
 

El indigenísmo, percibido desde la oligarquía, tuvo sus representantes, en algunos personajes, como Víctor Andrés Belaúnde, quien defendía "La aristocracia de la inteligencia", fue uno los mentores más importantes de los intereses de los sectores conservadores, que representaban la Oligarquía peruana, frente a la participación política de las mayorías indígenas, oponiéndose al voto de los analfabetos. Para Belaúnde, la participación política de los indígenas a través del voto, significaba un privilegio e implicaba "destruir la igualdad política en favor de los menos capaces" (López Soria, 1980:254).
 
 

Otro de los representantes de esta mentalidad excluyente y racista, fue Manuel Villarán, a quien le preocupaba, la posibilidad de otorgarle una representación a las mayorías indígenas del Perú. Se opuso a la participación de los indígenas en las elecciones, afirmando que:

"el indio ignorante no puede tener voto individual, pero cabe la posibilidad, de estudiar un medio de darle un voto colectivo, tomándose como base a las comunidades indígenas, y pensando algún plan que permita subsanar, siquiera de modo parcial e imperfecto, la injusticia, de que la mayoría indígena carezca enteramente de representación en los Municipios y en el Congreso" (López Soria,1980:255).

Alejandro Deustua, otro exponente de esta tendencia racista, que caracterizaba a la oligarquía, afirmaba: "El Perú debe su desgracia a esa raza indígena, que ha llegado en su disolución psíquica, a obtener la rigidez biológica, de los seres, que han cerrado definitivamente el ciclo de la evolución y que no han podido transmitir al mestizaje, las virtudes propias de las razas en el período de su progreso…, el indio no es, ni puede ser, sino una máquina" (López Soria, 1988:255).

El carácter antinacional de la oligarquía peruana, ha quedado demostrado a lo largo de la historia republicana, incapaz de constituirse en clase dirigente, por su falta de identificación cultural con el Perú y por su profundo desprecio de los pueblos indígenas. Limitada ha actuar como una clase intermediaria de la dominación imperialista, terminó por condicionar a la sociedad peruana, a una situación de dependencia económica, dentro de un cuadro formal de independencia política. Es bajo estas condiciones, que se articuló la marginalización de las mayorías nacionales indígenas.

Estos ideólogos de la oligarquía peruana, han tenido sus discípulos en los funcionarios del Estado centralizador y vertical, que siempre han denigrado y considerado a los indígenas, como un obstáculo a la modernización del país, justificando así, toda suerte de agresiones e injusticias.

Actualmente, el escritor Mario Vargas Llosa, que fue candidato a la presidencia en 1990, encabeza a los nuevos profetas de la modernización. Estos partidarios de una derecha política neoliberal, conciben el indígenismo, como una utopía arcaica. Asociándolo a rasgos arcaicos, que se oponen al mito civilisatorio de la modernización. Desde una perspectiva eurocéntrica, oponen torpemente, la modernidad a la tradición, sin comprender la complementaridad y la riqueza de ambas proposiciones (Degregori, 2000 ; Montoya, 1999 ; Vargas Llosa, 1993).

Hay que recordar a José Carlos Mariategui, como uno de los primeros intelectuales, en asociar la cuestión indígena al problema de la propiedad de la tierra (Mariategui, 1957).

Mariategui, fundador del Partido Socialista Peruano, más tarde denominado Partido Comunista Peruano, será quien más trabajará el problema indígena. Su temprana muerte truncará el debate y la construcción de un programa político, que asuma esta realidad.

Asociar a los indígenas a la sola dimensión socio-económica del problema agrario, los asimila a la categoría de campesinos, sin tener en cuenta los factores étnicos de lengua y cultura, que son importantes. Es sobre estas limitaciones, que se articulará la base teórica de la discusión política, sobre el problema indígena en los siguientes decenios.

Sobre el denominado problema nacional, Martínez de La Torre (1974), será quien reflexione sobre el problema indígena, dentro de la discusión del Partido Comunista. La proposición de Mariategui : "Que la revolución peruana, no sea ni calco ni copia, sino creación heroica", no fue asumida por quienes pretendían ser sus seguidores, que trataron de introducir la realidad peruana, en la "camisa de fuerza" teórica, de los textos clásicos del marxismo, concebidos a partir de la realidad europea, que propugnaban la necesidad de un liderazgo del proletariado, como clase dirigente de toda revolución, esta proposición no se ajustaba a la realidad de países como el Perú, surgidos de la dominación colonial y limitados al desarrollo de un capitalismo incipiente y dependiente de la dominación extranjera. En este contexto, la clase obrera no tenía una significación cuantitativa importante y su presencia se limitaba principalmente al sector urbano, en un país mayormente rural. Existió una visión urbana y obrerista, en países mayormente rurales y con una gran mayoría nacional indígena, que estuvo completamente ausente de los programas políticos, de quienes pretendían cambiar la sociedad peruana.

Imaginar el cambio de la sociedad peruana, a partir de parámetros europeos o más tarde asiáticos, como fue el caso de la interpretación reduccionista y dogmática que hicieron del Perú, algunos grupos políticos como Sendero Luminoso, llevaron a la sociedad peruana, a una situación catastrófica.

El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), Partido populista fundado en 1928 en México, realizo un primer trabajo de sindicalización campesina en las plantaciones agro-industriales de la costa del norte del Perú, con campesinos en su mayoría mestizos y en su proyecto político, no abordará el problema indígena.

La alusión a los símbolos étnicos, como la supuesta bandera del Tawuantinsuyo u otros emblemas de las culturas precolombinas, como las de Chavín, fueron utilizados como elementos coreográficos de su propaganda política, limitados a una utilización demagógica.

El Partido Comunista centró su trabajo en el sector urbano, sin una perspectiva real de trabajo político en el sector rural, que asumiera la problemática indígena.

En la primera mitad del siglo pasado, el Perú fue el escenario de la emergencia de movimientos populares en el campo y la ciudad, que ponían en cuestión, el carácter del Estado, El APRA y el Partido Comunista, se constituyeron en fuerzas políticas, que desde diferentes perspectivas se opusieron a la Oligarquía. El Apra dirigió un insurrección popular que fue duramente reprimida. Derrotado, perdió la posibilidad de convertirse en una opción alternativa en los decenios siguientes. Mutilada de sus postulados primigenios, su trayectoria posterior, está marcada por una interminable política de alianzas con las clases dominantes. Su llegada al poder en 1985 con Alan García, llevaron al Perú, en los cinco años de su gobierno de clientelismo y corrupción, a una verdadera catástrofe social y económica para la sociedad peruana.

Antropólogos e Indigenísmo

La visión del indigenísmo que da nacimiento a la antropología en el Perú, está enmarcada dentro de la perspectiva asimilacionista de la antropología aplicada, que se inscribe en el paradigma modernizador / homogenizador que plantea el Estado, a través de su política de « Integración nacional ».

A pesar de esta limitaciones, hay que reconocer que la antropología, como reflexión y como práctica de terreno, aportó muchísimo a la comprensión del problema indígena, a partir de las perspectivas de investigación-acción y sus proposiciones de una antropología implicada con la realidad social, superaron las limitaciones y errores de una antropología aplicada, tributaria del asimilacionismo y la aculturación de los pueblos indígenas.

La antropología aplicada, se desarrolla como fundamento teórico de los Programas de Desarrollo comunal y de Cooperación popular, durante los años sesenta, con el gobierno de Belaúnde (1965-68). Su gobierno desarrolló una política populista, que adoptó el discurso político de « integrar » a los indígenas, con políticas de desarrollo impuestas desde el exterior y ajenas a sus realidades y a sus necesidades. Es bajo estos antecedentes, que el divorcio entre el discurso político asimilacionista con la realidad indígena, quedará consumado. Las condiciones de opresión social y de discriminación racial, seguirán caracterizando a la sociedad peruana de esta época.

Durante los años sesenta igualmente, el problema indígena relacionado con una dimensión económica, el de la propiedad de la tierra, será el eje de las movilizaciones indígenas, por la recuperación de sus territorios ancestrales. En 1965, se iniciaron varios frentes guerrilleros, liderados por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Ejercito de Liberación Nacional (ELN), cuyos programas políticos, hacían referencia al problema indígena y agrario. Iniciativas que fueron violentamente reprimidas.

En 1968, se llevó a cabo el Golpe militar liderado por el general Juan Velazco Alvarado. El Gobierno militar decretó en 1969 la Reforma agraria más radical de América Latina. El probleama agrario y la propiedad de la tierra, constituyeron el eje de su programa político. Esta medida benefició en un primer momento, al campesinado de las grandes plantaciones agro-industriales de la costa y a los campesinos de las haciendas de la región andina..

Por primera vez en la historia del Perú, la problemática indígena era planteada por el poder político del Estado y fueron considerados, el problema de los territorios, de las culturas y de las lenguas indígenas. En este período también se consideró la oficialización del quechua, como lengua oficial y su inclusión en los programas de enseñanza. Las otras lenguas fueron igualmente reconocidas. Se creó la Ley de Comunidades Nativas, para proteger los intereses de los indígenas de la Amazonía.

Estas medidas políticas no pudieron concretarse, por las múltiples deficiencias como la ausencia de una participación democrática de los beneficiarios, esta ausencia, políticamente, le fue quitando al gobierno, la fuerza social y política que necesitaba, para realizar estas medidas en la práctica y así llevar adelante su proyecto político. Esta ausencia de una base social, debilitó al gobierno de Velazco. Estas deficiencias facilitaron el avance de sus detractores, quienes organizaron un golpe militar conservador en 1975. El nuevo Gobierno militar marcadamente conservador, terminó por liquidar todas estas iniciativas. En el campo agrario, la falta de una política administrativa adecuada para las nuevas cooperativas agrarias y la ausencia de los capitales necesarios para modernizar la producción, factores a los que se sumó la ausencia de un control sobre el mercado, llevaron esta experiencia histórica al fracaso. Agotadas políticamente por sus detractores internos y externos, estas medidas fracasaron.

La singularidad de este proceso está constituida por el hecho, que por primera vez en la historia peruana, las dimensiones política, económica y cultural del problema indígena, fueron evocadas y asumidas, como aspectos fundamentales de un proyecto político. Pero el epílogo de esta época de promesas, nos lleva a comprender que, no podemos asumir el problema agrario, ni las relaciones entre el poder político y la multiculturalidad de la sociedad peruana, sin un cambio profundo del carácter del Estado. Igualmente, sin la existencia de una voluntad política, capaz de transformar profundamente la sociedad. Sin estas condiciones previas, no podrán cambiarse el viejo orden de una sociedad injusta, que puso en práctica, un colonialismo interno. Esta visión del Perú, concebida desde Lima, sobre el inmenso territorio declarado por un Estado centralizador, concibió al Perú, como un espacio de conquista, lo que determinó la aplicación de una injusta política económica, con sus secuelas de segregación social y de discriminación racial.

El periodo comprendido entre los años ochenta y principios de los 90’, estuvieron larvados por la violencia política, que enfrentó al Estado con los grupos subversivos principalmente de "Sendero Luminoso" y el "Movimiento Revolucionario Túpac Amaru", en una cruenta guerra civil. Este proceso dramático, costó varias decenas de miles de víctimas y desaparecidos por la violencia terrorista. El terror provino tanto del Estado, como por la parte de los grupos subversivos.

Los indígenas de la región andina y amazónica, así como la población mestiza pagaron un elevado tributo. Actualmente, viene de constituirse una Comisión de la Verdad, que tiene la ardua tarea de desentrañar y señalar a los culpables. Si se asume este desafío, será posible crear las condiciones para una necesaria reconciliación, que permita, imaginar un futuro viable para todos los miembros de la sociedad peruana.

El período que comprende desde 1980 hasta el 2000, que significó el retorno de los gobiernos civiles, con la elección de Fernando Belaúnde en 1980, de Alan García en 1985 y el decenio del gobierno civil y militar de Alberto Fujimori, iniciado en 1990, estuvieron marcados por la continuación de políticas asimilacionistas frente a los pueblos indígenas.

Aún cuando el Perú se adhirió en el plano internacional a múltiples acuerdos para desarrollar políticas de respeto a los pueblos autóctonos y a la protección de la biodiversidad, estas medidas no se llevaron a la práctica, por la ausencia de una voluntad política para realizarlas.

4 Los pueblos indígenas de la Amazonía

A diferencia de las regiones de la costa y de los Andes, el espacio geográfico correspondiente a la Amazonía, fue un área que por su difícil acceso y por la resistencia de los pueblos indígenas que la habitan, no pudo ser integrada al sistema colonial. La primera expedición colonialista que llegó al río Amazonas, fue la de Orellana el 12 de febrero de 1542. Las primeras misiones que penetraron en las comunidades indígenas amazónicas, fueron los Jesuitas. Las misiones religiosas solo pudieron establecerse por períodos, debido al rechazo de los indígenas, como en el caso de los Ashaninkas, quienes más tarde apoyaron en 1740, al movimiento indígena de Juan Santos Atahualpa. Esta revuelta no pudo ser reprimida y logró refugiarse por muchos años, en el Gran Pajonal, ubicado en la zona central de la cuenca amazónica (Marín, 1990).

A fines del siglo XIX y a principios del siglo pasado, en la cuenca amazónica, la explotación del caucho motivó la incursión de aventureros y empresas extranjeras, que hicieron muchas víctimas indígenas. El genocidio y el etnocidio del que estos pueblos fueron objeto, superó todas las agresiones realizadas durante toda la colonia.

La explotación del caucho inició un ciclo siniestro, comparado a las diferentes etapas de la penetración del colonialismo interno, en el marco de la República. Actualmente asistimos a la explotación del oro, del petróleo, del gas y a la deforestación incontrolada del bosque, que provoca una enorme destrucción de los ecosistemas de la Amazonía. A esta situación se agrega en los últimos años, la extracción masiva de plantas medicinales y otros recursos, que igualmente provocan desequilibrios irreparables en la conservación de la biodiversidad.

La riqueza de estos recursos movilizan la incursión de empresas multinacionales y nacionales, protegidas por el Estado, que patrocina muchas veces este saqueo. Todas estas incursiones provocan la expulsión de los indígenas de sus territorios. Aún cuando el Gobierno peruano es participe de múltiples declaraciones políticas y halla suscrito numerosos acuerdos, para la protección de la naturaleza (biodiversidad) y para respetar los derechos indígenas.

Actualmente, La cuenca amazónica representa cerca del 60% del territorio declarado por el Estado peruano, en esta región habitan cuarenta y dos pueblos indígenas, con una visión del mundo, saberes, lenguas y culturas diferentes, aparentados en más de 16 familias lingüísticas.

El Indigenísmo en la Amazonía

"Quén abrirá el Tibet o reclamaá el último acre de la Amazonía…el comerciante o el misonero? "
William C. Towsend, fundador del ILV (cit. in Marín, 1989: 43)

En 1946 se estableció en la Amazonía peruana, el Instituto Lingüístico de Verano (ILV). También conocido en los Estados Unidos, como Summer Institutute of Linguistics (SIL), con programas misioneros en muchos países del mundo. Esta institución religiosa fundada en 1930, forma parte de la expansión de los movimientos religiosos de los Estados Unidos, surgidos a inicios de siglo pasado, como una respuesta negativa a la modernización y a la crisis económica de 1929. La posterior recuperación de estas nuevas iglesias del protestantismo Neo-evangélico y Conversionista, por parte del Estado norteamericano, en algunos casos, sirvió para formar parte de una Cruzada Ideológica, acorde con la voluntad expansionista del Imperialismo norteamericano. Esta expansión está basada en una pretendida pre-destinación divina a constituirse en el Imperio del Bien, que se siente en la obligación de llevar el mensaje correcto a los países más pobres del mundo.

Uno de los productos históricos de este proceso, es el ILV.

Su origen se encuentra en la fundación en 1930 de la Wicliffe Bible Translators (WBT), fundado por William C. Towsend. La WBT surgió de la Iglesia Bautista del sur de los Estados Unidos, como una versión más del Protestantismo Fundamentalista norteamericano, que actualmente desarrolla múltiples empresa misioneras en todo el mundo. (Marín,1989; Stoll, 1983).

Esta institución, que contó el apoyo oficial de la embajada norteamericana, para su implantación, se presentó como una institución académica, preocupada por el estudio de las lenguas indígenas. En realidad detrás de esta cobertura académica, la intención principal, de esta institutución misionera del Fundamentalismo protestante, era la difusión de su ideología religiosa entre los pueblos indígenas. En 1952, firmó un acuerdo con el gobierno peruano, para realizar el Programa de alfabetización bilingüe en las comunidades indígenas. Este acuerdo la unió en un proyecto común al Gobieno peruano. De un lado, el Estado buscaba "integrar" a los indígenas a la "nación peruana" y del otro, el ILV, desde sus intereses, pretendía evangelizarlos, en su interpretación fundamentalista del protestantismo.

En realidad la proposición de una educación bilingüe, aparte de la producción de algunos materiales escolares, su trabajo en realidad, se centró principalmente, en el proselitísmo religioso y en la traducción de algunos pasajes del Nuevo Testamento en lenguas indígenas, que incluso fueron presentadas, como "biblias" en las diferentes lenguas. (Stoll, 1983 ; Marín, 1992).

Este proceso de alfabetización - evangelización, fue cuestionado en 1975, por los indígenas, a través de sus organizaciones y por diferentes sectores intelectuales y políticos, que solicitaron al gobierno, el fin del convenio y la expulsión del ILV. Hecho que se vio frustrado por el Golpe Militar conservador de Morales Bermúdez en 1975, que derrocó al General Velazco Alvarado.

Para los indígenas, el hecho de haber aprendido a escribir y leer en sus lenguas, como un aprendizaje, en principio destinado a ser utilizado para su conversión en la prédica de los misioneros, llevó a quienes habían participado en sus programas, a una toma de conciencia, de sus verdaderas identidades y a la defensa de sus derechos. Esta reacción, de afirmación étnica y de autonomía, no estuvo prevista por los misioneros.

Este proceso de reinvidicación de las identidades indígenas amazónicas, iniciado en los años sesenta por el Gobierno Militar (1968-1975), que decretó la primera Ley de Comunidades Nativas , se da paralelamente al reconocimiento del carácter multicultural y plurilingüe de la sociedad peruana, Este hecho facilitó, por parte del Estado peruano, el apoyo oficial a la afirmación de sus derechos territoriales y el inicio de un proceso de revalorización de sus lenguas y de sus culturas. En los siguientes decenios y hasta nuestros días, La emergencia de este Indigenísmo, formulado por sus propios actores, se ha ido desarrollando, a pesar de las políticas estatales. Apoyados por algunos estudiosos de la Amazonía y algunas Organizaciones No-Gubernamentales (ONGs) peruanas e internacionales, implicados en el apoyo de la defensa de la diversidad cultural y de la bio-diversidad.

Entre sus logros más importantes podemos señalar :

° La consolidación de las Organizaciones indígenas amazónicas, como la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP). Fundada en 1980 y la fundación en 1987, de La Confederación deNacionalidades de la Amazonía peruana (CONAP), consideradas entre las organizaciones más importantes. AIDESEP está asociada a su vez, a La Confederación de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), Organización vinculada auna serie de Instituciones ligadas a las Naciones Unidas y a otras Fundaciones internacionales.

°La legalización de una parte importante de sus territorios ancestrales, como base material para la preservación y desarrollo de sus culturas.

° El desarrollo de iniciativas y la realización de un Programa de Formación de maestros Indígenas en Educación Bilingüe e Intercultural, enZungarococha, cerca de Iquitos. Programa realizado con el apoyo de AIDESEP, el Instituto Pedagógico Loreto, algunas ONGs, como "Nouvelle Planète" y la Cooperación Internacional.

Este programa es uno de los más importantes, entre los que existen en otras zonas de la Amazonía y en la región andina, por la participación activa de los pueblos indígenas. El desarrollo de programas de educación, que tienen en cuenta sus lenguasmaternas y que permiten la valorización de sus visiones del mundo y sus culturas, les ha permitido reforzar sus identidades culturales y la cohesión de sus organizaciones.

Aún cuando las organizaciones actuales, no corresponden a las organizaciones tradicionales, ni a cómo se establecía el liderazgo antiguamente, éstas han sido adaptadas a las exigencias de las normas impuestas por el Estado y constituyen el solo vehículo legal, para hacer posible la defensa de sus intereses. Las actuales organizaciones indígenas en la Amazonía, son originarias del ordenamiento jurídico, impuesto por la Ley de Comunidades Nativas, decretada por el Gobierno Militar en 1974. Sus dirigentes saben leer y escribir en castellano y están adaptados a los nuevos condicionamientos socio-económicos. Actualmente, asistimos a la emergencia de una nueva generación de profesionales indígenas, que están reforzando sus organizaciones y creando nuevas instituciones y programas.

Algunas características de las actuales organizaciones indígenas amazónicas, han sido detallada por Richard Chase Smith :

° "Son alianzas que se constituyen por la decisión voluntaria de comunidades locales autónomas, con un liderazgo elegido, que las representa y que debe, en teoría, responder a la voluntad de sus miembros; una organización que combina las funciones políticas de representación y presión política, con funciones técnicas para ofrecer los servicios necesarios; una federación que encuentra la unidad a través de una identidad étnica particular; y sobre todo, que busca mantener una autonomía frente al Estado, la Iglesia y los partidos políticos" (Chase Smith, 1996). Tres instituciones que forman parte de la triple tradición autoritaria que ha marcado a la sociedad peruana desde su fundación republicana.

Puede darse el caso que asociadas, las federaciones étnicas, se conviertan en Confederaciones inter-étnicas, como es el caso de AIDESEP y de CONAP, con liderazgos marcados por una etnia u otra. El gran desafío que deben asumir ahora, es lograr una organización autónoma que represente el conjunto de los pueblos indígenas amazónicos, para no reproducir la inútil competencia entre ellas y no reproducir la fragmentación, que han sufrido los movimientos campesinos e indígenas de la costa y la región andina. Durante el Gobierno de Fujimori (1990- 2000).

Además de las agresiones de las que han sido víctimas, en los últimos años, por la violencia política que vivió el Perú. Sufrieron además, el desplazamiento forzado de sus territorios por los grupos subversivos, como Sendero Luminoso y por la represión de las fuerzas armadas, encontrándose muchas veces, entre dos fuegos. Por todos estos antecedentes, no todas las organizaciones indígenas, tienen el mismo nivel organizativo.

La perspectiva actual
Entre Estado-Nación y sociedad multicultural
Algunos hechos recientes

Durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua (2000-2001), se emitió el Decreto supremo 015 : Sobre el Diálogo entre el Estado y los pueblos indígenas de la Amazonía y el Decreto supremo 111, que creaba La Mesa de Diálogo y la Comision Nacional de los pueblos andinos y amazónicos. A estos decretos se suman la suscripción de las tres últimas declaraciones internacionales en Macchu Picchu, Santiago de Chile y en la Reunión del Grupo de Rio, a las que se añade la firma de la Carta Democrática en la Organización de Estados Americanos (OEA), de los que podemos resumir algunos acuerdos de las comisiones :

° Concluir la titulación de territorios indígenas

• Ver el problema de las Reservas en la Amazonía

° Pacificación en la zona central de la Amazonía

(zona conflictiva y de sobrevivencia de algunos grupos armados

asociados al narcotráfico).

• Desarrollar la Educación Bilingüe e Intercultural

• Desarrollar un Plan de desarrollo de la Amazonía

• Institucionalización del Estado, a nivel regional en relación a los

problemas indígenas.

En lo que concierne a la región andina, entre el 5 y el 9 de noviembre del 2001, se realizo en el Cusco, el Primer Congreso extraordinario de Pueblos Quechuas del Perú, con participantes de diversas regiones del Perú e invitados de Argentina, Bolivia y Ecuador, entre sus acuerdos más importantes, se encuentran :

La necesidad de realizar una reforma constitucional que constituya un Estado multicultural y plurinacional.

El Estado actual bajo el modelo político de Estado-Nación, no corresponde con la realidad del carácter multicultural y plurilingüe de la sociedad peruana. Durante los siglos XIX y XX, los pueblos indígenas fueron marginados socialmente, discriminados racialmente y excluidos de la vida política.

Las organizaciones indígenas reclaman un proyecto político y económico, que corresponda a los intereses nacionales, sin someterse a intereses foráneos y defender los intereses del país, frente a organizaciones internacionales, como la Organización mundial de Comercio (OMC).

Valoran los gestos y las ofrendas realizadas por el presidente Toledo frente a las divinidades y a la cosmovisión andina. Esperan que sea un acto sincero.

Plantean la construcción de La Unidad en la Diversidad, de las diferentes culturas que habitan el territorio peruano.

Se pronuncian igualmente, partidarios de todo acto que permita la construcción de la patria de «Todas las Sangres», como lo ha manifestado el presidente Toledo. Pero afirman que estarán vigilantes, ante todos los compromisos asumidos con los pueblos indígenas del Perú. (Montoya, 2001)

Reflexiones finales :

Del discurso indigenista a la realidad

La utilización del factor étnico en la política peruana tiene varios episodios, desde el indigenísmo, como creación urbana, por quienes hablaban en nombre de los indígenas, con buenas intenciones y paternalismo, pero en ausencia de ellos. Luego la recuperación de esta problemática por los organismos estatales, como fue el caso, durante el gobierno de Leguía y otros. Más tarde, el APRA recuperó algunos símbolos indígenas, para ser utilizados como la coreografía de su discurso político. La recuperación y la utilización demagógica del factor étnico, también estuvo presente en los inicios del primer período del Gobierno de Fujimori.

El actual partido político « Perú Posible », que llevó a la presidencia a Alejandro Toledo, ha utilizado igualmente, símbolos étnicos en su campaña electoral y en la juramentación a la presidencia de la República en Macchu Picchu, el 28 de julio del 2001. Toledo, a quien hay que reconocerle su participación en la marcha de « los 4 Suyos », que permitió la caída de la dictadura de Fujimori, se presentó como el « Pachacutec » (destacado emperador Inka), durante la campaña electoral. En la ceremonia oficial de la toma de mando, retransmitida a nivel internacional, se volvió a hacer referencia al factor étnico, con la realización de un ceremonial religioso indígena, en el que se invocó a los Apus (dioses montaña de los Inkas) y se ofrecieron pagos a la « Pachamama » (Madre Tierra). Estos hechos, fueron el cuadro histórico, en el que Toledo, anunció su intención de hacer de su mandato, un « Gobierno de Todas las sangres ». Esta metáfora pertenece a José María Arguedas, quien publicó en 1964 su novela « Todas las sangres ». Arguedas, fue uno de los primeros en plantearse el carácter multicultural y multilingüe de la sociedad peruana. (Degregori, 2000 ; Montoya, 2001)

En 1968, Arguedas, en su discurso « Yo no soy un aculturado », a la ocasión de recibir el premio « Inca Garcilazo de la Vega », afirmaba la necesidad de que en el Perú, puedan expresarse los múltiples rostros de sus culturas y de sus lenguas, sin necesidad de que esto, sea motivo de un conflicto. Un país en el que pudieran coexistir las diversas identidades nacionales y étnicas. Sentirse ciudadano peruano, y al mismo tiempo poder afirmarse, como quechua, aymara o amazónico. En su reflexión profunda sobre el Perú, la semilla de la interculturalidad estaba sembrada, como punto de partida de un proyecto político futuro.

Estos antecedentes, nos obligan a preguntarnos en la perspectiva actual : Cuáles son las posibilidades reales para atravesar la frontera del discurso fácil y la coreografía, hacia la realidad, que permita crear los espacios políticos, en los que los diversos pueblos del Perú, puedan expresarse.

¿Cómo vivir un proceso político de verdadera interculturalidad, en el que todos los fragmentos culturales que alberga el territorio peruano, puedan encontrar una autonomía y las condiciones de su realización?

Cómo imaginar el Perú, como un país, en el que puedan expresarse « Todas las sangres »? Entendiendo esta metáfora, cómo un proceso democrático, que permita plantearse la dimensión política del poder, en relación con la participación democrática, de todas las culturas que habitan su territorio.

Finalmente, las preguntas finales que podríamos plantearnos actualmente, podrían resumirse en las siguientes :

¿Es posible imaginar el respeto a los derechos indígenas en el contexto político peruano actual?

Es posible lograr una concertación nacional, limitada a algunos líderes políticos y con la ausencia de las federaciones indígenas?

Asumiendo el carácter multicultural de la actual sociedad peruana, ¿qué modelo de Estado necesitaría el Perú, para adaptarse a esta realidad?

¿Cuáles son las posibilidades reales de respetar la biodiversidad y la diversidad cultural, teniendo en cuenta intereses económicos y la correlación de fuerzas políticas en el Perú actual?

En el Perú, la defensa de la biodiversidad y la defensa de la diversidad cultural, constituyen una prioridad vital, como en todos los países del mundo, para garantizar la supervivencia de la especie humana. En el Perú son los pueblos indígenas, sobre todo los de la Amazonía, quienes conocen, desde tiempos ancestrales, los diversos sistemas ecológicos y saben también cómo preservarlos, como un patrimonio colectivo de la humanidad. Imaginar el respeto de la biodiversidad y de la diversidad cultural, como desafíos planetarios, concierne a todos los actores de la sociedad, el Perú no puede ser una excepción.
 

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