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Miércoles 12 de diciembre de 2007 Opinión
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Por Jordi Lloret

GARAGE

¡Libertad: somos hijos de la Tierra!

Los bosques de pino son como bosques de aspiradores que le chupan a la tierra sin dar casi nada, porque muchos pinos juntos dejan ácido el suelo.

Una mesa permanente para reconcertar asuntos, peñi. Nos están rodeando de paramilitares contratados por las forestales, que son un negocio que le va estrangulando el agua a las comunidades cercanas, peñi. Algunos estamos en huelga de hambre, pero la mayoría que vive en las comunidades, y en las comunas pobres de las ciudades nos estamos muriendo de hambre de nuestra cultura milenaria. El Estado reconoce que la orilla de mar de los lafquenches de Konuntraytrayco debe ser cultivada por ellos o la comunidad orillera. Los pescadores llamados artesanales requerimos que se acote el mar, como queremos que se acote la tierra para voracidad de estas marabuntas, las grandes pesqueras, peñi.

Los mapuches estábamos antes por estos territorios. Lo que pasa con las forestales y los huincas es que nos tienen sin agua y el agua y los ríos son la suma de las lágrimas de omfusha / omfushé. Los bosques de pino son como bosques de aspiradores, que le chupan a la tierra sin dar casi nada, porque muchos pinos juntos dejan ácido el suelo. El bosque nativo con los canelos de nuestras machis. Se demora y se demora la educación bilingüe. Nos quitaron las tierras y quieren que nos quedemos tranquilos. Nuestra lengua fue prohibida, como fue prohibido el catalán, como el Estado chino está ahogando al tibetano.

Una mesa de mañío para sentarse a conversar largo y tendido de la nueva manera de tratar a nuestros abuelos mapuches. El trastorno de la madre Tierra es por la codicia que tienen. Nosotros no hicimos más que defendernos, primero de los que se creían hijos únicos del sol y luego de los que llegaron con que existía un solo Dios y que había que habitar de maneras distintas y que dónde está el oro y las violaciones de nuestras mujeres y concentraron las espiritualidades en las iglesias. Ajeno al universo mental y espiritual nuestro, peñi.

Estamos en huelga porque el reconocimiento constitucional del pueblo mapuche es urgente. Ponerle atajo a las forestales y a las pesqueras también es urgente para la sobrevivencia de nuestra cultura. Estamos aquí hace dos meses, sin ingerir alimentos. No podemos dejar de luchar por lo que da sentido a nuestra existencia: la tierra, los ríos y el mar, que es por donde ustedes van pasando y van dejando una fila triste de ríos muertos. El Aconcagua. El Mapocho. El Mataquito. El Maule. El Imperial. El Biobío.

Somos hijos de la tierra, como andan pregonando Los Jaivas en sus cantos. Elicura lo dijo en su columna de El Periodista. Lienlaf lo dice en sus cantos de gran pehuén. Lorenzo Aillapán, nombrado en maestro del mundo en Corea, nos advierte que la cultura mapuche nació hace miles de años por estos pagos del sur. El Estado tiene un deber con los mapuches: derogar la ley antiterrorista que los afecta; ponerle límites a las forestales, no en beneficio de otro árbol más lucrativo, sino que para mejorar hoy las condiciones de vida de las comunidades. Ponernos de acuerdo respecto de nuestros hermanos de la Tierra es una necesidad del temblor de vivir en Chile.