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Lunes 12 de enero de 2009

Por Denise Pascal Allende, diputada del Partido Socialista / La Nación

Dignificar el trabajo de las empleadas de casa particular

En nuestra sociedad machista los chilenos no valoran el trabajo doméstico de la mujer. Quienes tienen a su mujer en la casa creen que ésta no hace nada. Respecto de las nanas, suponen que no se cansan.

Los derechos de las empleadas de casa particular constituyen el lado más oscuro de nuestro Código Laboral. Según éste, la jornada de trabajo de quienes no vivan en el hogar no debe exceder las doce horas diarias, dentro de la cual tienen derecho a un descanso de una hora. Sin embargo, muchas saben que ello es sólo nominal.

Peor es la situación de quienes trabajan "puertas adentro", porque no tienen horario -según el texto legal-, debido "a la naturaleza de su labor". Con todo, otorga un reposo mínimo de doce horas, de las cuales nueve deben ser ininterrumpidas: el mínimo para dormir.

Hasta antes de la reforma previsional, la remuneración era de 75% del ingreso mínimo. A partir del 1 de enero de este año se estableció que no podrá ser inferior al mínimo mensual para jornadas completas, o proporcional a la pactada, si fuere inferior.

Esta modificación se aplicará gradualmente: este 2009 será el equivalente a 83%. A partir del 1 de enero de 2010 será de 92% de dicho ingreso. El 1 de enero de 2011 será equivalente al 100%. Con ello se les hará algo de justicia a la hora de recibir su jubilación.

A pesar de ello, las empleadas de casa particular están más desprotegidas que el resto de los asalariados. De cometerse abusos por parte del empleador, les es muy difícil probarlos ante la justicia. Primero, porque les es muy complicado ausentarse de sus labores para realizar la denuncia.

Segundo, porque si viven en el domicilio del empleador y se produce un conflicto y el patrón decide terminar el contrato, pueden quedarse en la calle. Se trata de una decisión muy compleja de tomar.

Tercero, porque respecto de la prueba está sola. Se trata de su palabra frente a la de todo el núcleo familiar. No tiene testigos que aportar. La fiscalización es muy difícil de realizar porque los inspectores no pueden ingresar a un domicilio particular.

Las irregularidades son muchas. Una de las más frecuentes es cotizarles imposiciones previsionales y de salud por menos de lo que realmente reciben.

Peor aún, más del 50%, según estimaciones del propio Ministerio del Trabajo, no tienen contrato. El descanso muchas veces es un eufemismo. Las asociaciones que las agrupan denuncian que a veces se acuestan en la madrugada donde hay guaguas. Si los estudiantes entran a las ocho de la mañana, la nana se levanta a las seis y no se detiene hasta que se acuesta la última persona.

En nuestra sociedad machista los chilenos no valoran el trabajo doméstico de la mujer. Quienes tienen a su mujer en la casa creen que ésta no hace nada. Respecto de las nanas, suponen que no se cansan.

Con el propósito de terminar con una de estas discriminaciones presenté una modificación al artículo 150 del Código del Trabajo para que tengan derecho a los feriados, como todos los trabajadores.

Hasta hoy sólo pueden tomarse el día domingo, algo increíble en pleno siglo XXI. El Gobierno hizo suya esta iniciativa parlamentaria y le puso suma urgencia.

Sin embargo, no pudo entregárseles como un regalo de las fiestas de fin de año. Esperamos su pronto despacho en la Comisión de Trabajo del Senado, donde debe dirimirse si esos feriados caducan o no a los 90 días.

Su promulgación debería ser un avance que permita pensar en otras modificaciones a la legislación específica sobre estas sacrificadas trabajadoras que representan un universo de 350 mil personas en todo el país. Se trata de terminar con desigualdades que no tienen explicación alguna.