El lago Puyehue
Oreste Plath
Versión de Oreste Plath
La guerra por la conquista de Arauco fue dura y sin cuartel. En uno de tantos combates, los españoles hicieron prisioneros a un mocetón, hijo del toqui más famoso de la comarca. Sometido a crueles torturas el indígena demostró el temple de los suyos y, sin flaqueza, resistió el tormento.
El capitán de los españoles, curtido en cien entreveros, supo apreciar la calidad del hombre y no sólo le perdonó la vida, sino que ordenó ponerlo en libertad. El mocetón regresó a las tierras paternas y contó allá que los españoles eran duros y severos, pero que también sabían apreciar el valor en sus enemigos.
La guerra seguía su curso y el capitán aquél enfermó un día de un mal que resultó incurable para la medicina de esos tiempos. Su cuerpo se había cubierto de llagas y pústulas que le causaban terribles sufrimientos. Llegó a oídos del cacique la enfermedad del jefe español y, dando muestras de sensibilidad y generosidad, viajó al campamento enemigo y se ofreció al capitán enfermo para servirles de guía y llevarlo hasta las montañas donde brotaban aguas maravillosas.
Tras una corta permanecía en las fuentes, el capitán sanó totalmente y desde entonces comenzó a propagarse la fama de las aguas que lo habían curado. Estas eran las del lago Puyehue, a 50 kilómetros al este de Osorno y en cuyas proximidades se ubican hoy algunos de los centros termales más renombrados del país.
Estas aguas son recomendables para la artritis, reumatismo y afecciones a la piel, como las que afectaron al noble capitán español.