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Paulo Huirimilla:
“El poeta mapuche está en una posición de cruces culturales”
Por Jaime Huenún

Paulo Huirimilla Oyarzo se perfila como uno de los poetas de mayor intensidad y solidez creativa dentro del panorama de la literatura mapuche. El año 2002 ganó la primera versión del Premio Luis Oyarzún de Literatura (X Región) con su excepcional libro “El Ojo de Vidrio” y organizó el Primer “Trawun Ulkantun Mapu/Encuentro de Escritores Huilliche en Osorno”. Este año concluyó “Palimpsesto”, libro que recoge gran parte de su producción de los últimos diez años y que espera editar dentro de los próximos meses. Estas son sus palabras, ésta es parte de su conversación.

-¿De dónde proviene Paulo Huirimilla Oyarzo, dónde podemos situar su origen familiar y telúrico?

Nací en una isla que se llama Calbuco, en 1974. Mi abuelo paterno fue de la isla Chaulinec y mi abuela de la isla Puluqui. Y mis abuelos maternos fueron originarios de la isla Quigua, todo eso en el Archipiélago de los Chonos, como se dice.
Hace casi diez años que resido en Osorno. Acá estudié Pedagogía en Castellano en la Universidad de Los Lagos, después de estar durante un año haciendo vida de “artista cachorro” en Puerto Montt.

-¿Qué sentido ha tenido esa emigración?

Yo desconocía gran parte de las claves y códigos urbanos. Al llegar a Osorno empecé a residir en diferentes barrios, Francke, el sector de Pedro Aguirre Cerda, hasta que terminé recalando en Rahue, un puerto fluvial muy separado de la gran ciudad. En este espacio identitario, por llamarlo de alguna manera, me encontré con una fuerte presencia huilliche, lo que lo convirtió para mí en un territorio de gran diversidad cultural, un espacio donde se produce la confluencia de identidades de manera muy intensa e impactante, lo que ha influido en mi escritura.

-Dentro de ese contexto, ¿cuáles son los fundamentos de tu trabajo literario?

Detrás de mi escritura hay una serie de soportes que tienen que ver específicamente con el tema de la identidad. Creo que no escribo poesía pura. Mi poesía nace de la identidad, la memoria y la interculturalidad. Creo que el texto poético es un elemento generador de una identidad y que no sólo la oralidad pura cumple esta función. Cada discurso mapuche es a la vez un discurso polifónico que trata de representar ciertas zonas de la realidad; en mi caso, ciertas zonas de la realidad mapuche-huilliche de este tiempo y este lugar. Eso hace que nuestra poesía sea interesante. Me refiero al hecho de construir textos mediante códigos que no son estrictamente los tradicionales, estrictamente étnicos, podríamos decir. La utilización de códigos que en principio se podrían considerar ajenos me ha permitido, y ha permitido a eventuales lectores de mi trabajo, entender mejor una determinada identidad territorial. En este sentido, la poética de la música ranchera que hoy es parte fundamental de la cultura poblacional y campesina y específicamente de la cultura campesina indígena, ha sido un elemento crucial para entender esos códigos campesinos, códigos de ruralidad en medio de la ciudad.

-¿Cuál es la utopía que se propone tu poesía?

Yo creo que mi gran utopía ha sido representar la realidad de cierto sector de mi gente, no de todos, porque no soy el vate nerudiano ni el vate Chihuailaf, que tratan de ser los grandes poetas de un pueblo. Estoy hablando de ciertas zonas del pueblo mapuche-huilliche que vive y trabaja en la urbe, se sitúa en la periferia urbana o viaja cotidianamente desde los territorios de la costa para confluir en la ciudad -a este espacio que se llama Rahue- por razones económicas, burocráticas, etc. Junto a otros poetas huilliche estamos haciendo el ejercicio de decodificar estos espacios de realidad. La cultura mapuche no sólo está en el campo, sino que también en la ciudad, con todas las complejidades y contradicciones que ello significa.

-¿Es posible, entonces, diferenciar a un poeta mapuche o mapuche-huilliche de otro chileno u occidental?

Yo no sería tan taxativo con lo occidental porque igual muchos de nosotros hemos recibido una formación académica y considerando esa realidad uno podría escribir estrictamente como un poeta simbolista, por ejemplo. Lo que ocurre es que uno empieza a mirar sus orígenes, a revalorizarlos y a reescribir los códigos de la memoria a la que está inevitablemente vinculado y esa memoria tiene fuertes componentes indígenas, elementos no aceptados o simplemente aplastados por la sociedad y la historia dominante. Creo que eso es lo que hace la diferencia: el poeta de origen mapuche está en una posición de cruces culturales y esa posición no es posible omitirla, negarla o disfrazarla. Como un elemento diferenciador se plantea también la escritura en doble registro, mapudungun-castellano, pero en este plano los poetas huilliche hemos apostado a escribir en castellano, aunque yo en lo particular también ejercito la escritura en mapudungun. El conocimiento occidental se basa en el progreso unidireccional, es decir, una teoría va superando a la anterior hasta invisibilizarla. En la cultura mapuche tradicional, es al revés: en la medida que valores a tus abuelos no se pierden los conocimientos propios; en la medida en que entiendas a tus antepasados, que son los ejes fundamentales del conocimiento, mayor y mejor es tu forma de entender la vida y el mundo. Esta tendencia está presente en los poetas mapuche-huilliches, aunque desde una perspectiva y una lógica en clave intercultural y desde una sensibilidad que habla más de complejidades que de visiones idealizadas del mundo indígena actual.

-¿Qué diferencias adviertes entre las diversas escrituras o voces líricas mapuche vigentes?

Siguiendo el hilo de lo último que respondí podría decir que hay un grupo de escritores que tratan de crear un mundo idealizado de la cultura mapuche. A mi juicio, un texto poético tiene que acercarse a la realidad o, mejor, lidiar con la realidad. Entonces, yo diría que muchas veces algunos hermanos poetas tratan de crear una forma estereotipada de la cultura mapuche, textos idealizadores que en realidad a nosotros, a la población múltiple y diversa que conforma la sociedad mapuche contemporánea, no nos hacen muy bien, principalmente esa tendencia a publicitar esa cultura de fogón que existió de manera generalizada muy, pero muy atrás y que hoy está en franco proceso de extinción. En lo que a mí concierne, no podría decirte que creo en un mundo idealizado; yo escribo desde un mundo vivido plenamente en el ahora, aquí en la ciudad y allá en las comunidades cuando las visito. Existe aquí, desde mi práctica literaria, una apuesta de realidad y es por ello que no te podría decir: “sabes, vivo cultivando la tierra”.

-¿Es posible decir que la poesía mapuche está comprometida con la situación política y cultural por la que atraviesa la sociedad mapuche?

A mi juicio, el intelectual mapuche tiene necesariamente que volver a sus comunidades, tanto urbanas como rurales. Con esto quiero decir que tiene que aportar a la reconstitución de su pueblo. Eso no significa que el poeta, en este caso, deba encerrarse en su aldea; no debe creer que su aldea, la comunidad, su lofche, es el universo. Muchos escritores mapuche realizamos este tránsito: permanentes idas y regresos del campo a la ciudad, del mall a la periferia popular, del computador a la voz de los peñis más viejos de la reducción.
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