Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
http://www.mapuche.info
 
 

El origen del conflicto entre los mapuches

y las forestales multinacionales

Alberto Trivero

abril, 1999
El largo drama de la nación mapuche comienza con la conquista winka, que demora tres siglos y medio para terminar con la libertad de los "hombres de la tierra". La conquista, antes con los españoles y después con los chilenos, se tradujo en matanzas crueles, desconocimiento y rechazo de la cultura autóctona y con el despojo de las tierras ocupadas: esta última motivación es la más fundamental, en cuanto matanzas y etnocidio sirvieron (y sirven todavía) para permitir el despojo de las tierras.

Una pequeña mejora se produjo en 1930, cuando hubo una ley que intentó devolver a las comunidades mapuches partes de las tierras usurpadas. Pero la ley tuvo siempre escasa aplicación porque los latifundistas se opusieron constantemente, tanto con artificios legales, cuanto con el terrorismo más desalmado.

Durante la dictadura de Pinochet, una ley que desconocía todos los anteriores tratados entre la comunidad mapuche y la winka, impuso la división de las tierras entre los miembros de las comunidades indígenas: de tal manera se crearon campos familiares demasiados pequeños para ser rentables, con el resultado inevitable que los mapuches fueron obligados a vender sus tierras.

Eso era precisamente lo que la dictadura quería conseguir. Algunas grandes multinacionales (Shell, Mitsubishi, Simson Paper, etc.) y también algunos capitalistas chilenos compraron un gran número de propiedas agrícolas mapuches, utilizando para eso un financiamiento otorgado por el Estado chileno equivalente al 75% del valor total del terreno comprado. Es decir: el despojo actual de los mapuches ha sido financiado (involuntariamente) por todos los chilenos a través de los impuestos que han pagado durante la dictadura.

Entre los capitalistas chilenos que han participado del saqueo de las tierras mapuches encontramos algunos personajes emblemáticos:

Fernando Lenis, ya ministro de economía durante Pinochet y ahora entre los máximos dirigentes de la Corma (organismo asociativo de los industriales madereros),

Augustín Figueroa, ya ministro de agriculturas durante el gobierno de Patricio Alwyn, dueño de enormes extensiones en el sector de Temulemu (Traiguén),

Anacleto Angelini (tal vez el mayor propietario forestal de la IX región), principal subvencionador de la campaña electoral del actual presidente Frei.

Estos tres personajes se han adueñado de algo más de un millón (!) de hectáreas de tierras mapuches, pagándolas alrededor de un 10/15% de su valor real (y además prevalentemente con dinero público). Los latifundos de estos tres personajes son avaluados en 10.000 millones de dólares.

¿Quién puede imaginarse que el gobierno chilenos, y sobre todo Frei, pueda empeñarse verdaderamente para resolver el conflicto que opone los mapuches a las grandes empresas forestales?

¿Acaso, puede Frei oponerse a quien lo subvencionó en las elecciones (y presumiblemente va a subvencionar a su sucesor)?.

¿Quiere Frei renunciar al proyecto de Ralco, cuando sobre esto ha escrito su tesis de licenciatura?.

¿Puede el gobierno contraponerse a las grandes multinacionales norteamericanas y japonesas?.

Desde luego, esto lo puede hacer un gobierno de un país verdaderamente independiente, que se fundamenta en un estado de derecho. Pero el conflicto entre los mapuches y las grandes empresas forestales pone en evidencia dos cosas fundamentales:

1. Chile no es un estado de derecho, sino de arbitrios en contra de una minoría que se ha vuelto tal por las presiones físicas y culturales que ha tenido (no hay que olvidar que en realidad mucho más del 50% de los chilenos son de origen mapuche);

2. Chile no es un país independiente, no obstante toda la retórica nacionalista, sino es una colonia de las grandes multinacionales (no se mire solamente al problema de las empresas forestales, sino también a las pesqueras, las salmoneras, etc.);

3. Chile no es una verdadera nación, sino una ciudad desmesurada, Santiago (o más precisamente, el barrio alto), la cual explota sin misericordia y sin alguna inteligencia su territorio colonial: las doce regiones del país.
 
 

Alberto Trivero