Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
URL:http://www.soc.uu.se/mapuche

(parte 2) 

ADIOS BIOBIO

Hasta ahora el impacto de la central hidroeléctrica Ralco sobre el medio ambiente parece prácticamente nulo. Esa ha sido la gran jugada de Endesa, bajarle el perfil al daño ecológico y reducir todo el problema a la relocalización de los pehuenches y a intentar burlar la legislación que los protege. Pero, ¿daño ambiental? «Los que hay son mínimos y absolutamente mitigables».

En cierto sentido, la gran culpable y cómplice de esta situación ha sido la Comisión Nacional del Medio Ambiente, CONAMA. Desde que decidió darle una segunda oportunidad a un proyecto que a todos ojos es inconveniente, cualquier reclamo por los impactos ambientales que tendrá la central parece inútil. Pero quienes conocen a fondo la zona no dudan en afirmar que con Ralco, se produce un impacto absolutamente irreversible sobre el ecosistema más rico de Chile.

«Es el ecosistema más rico de Chile porque está ubicado en la mitad del país. Es exactamente una frontera biorregional, donde confluyen el clima del norte, más seco, con el del sur, más húmedo. Además, el valle es un corredor ecológico que conecta desde las pampas patagónicas hasta el Océano Pacífico. Es lo que los ecólogos llaman un «Ecotono», lugar de encuentro de varios ecosistemas. Los ecotonos son los lugares de más alta diversidad en todo el mundo. El Bío Bío está lleno de especies endémicas de flora y fauna en peligro de extinción», afirma Orrego.

Para realizar la central Ralco es necesario construir una represa en el cauce del río Bío Bío, que daría lugar a la formación de un embalse de 1.222 millones de metros cúbicos de volumen total de agua, y casi 3.500 hectáreas de superficie, Además, la operación requeriría destruir aproximadamente 40 kilómetros del río y entubar cerca de diez kilómetros. Bajo la superficie inundada quedarán 3 mil hectáreas de bosque nativo imposibles de recuperar. Otros miles de bosques probablemente serán destruidos a manos de la industria forestal que aumentará su presión extractiva en la zona. Lugares que antes tenían barreras naturales de protección ahora serán de fácil acceso, gracias a la apertura y mejoramiento de caminos que hará Endesa.

Los efectos de la destrucción de la cuenca del Bío Bío en el largo plazo son impredecibles. Algunos temen riesgos sísmicos y volcánicos, debido al enorme peso de la represa sobre la cuenca del río. Con esta nueva presión las placas terrestres podrían actuar de otra manera. La Secretaría Regional de Minería dio cuenta de su preocupación por la existencia de cuatro centros volcánicos en la zona. Afirmaron que «durante su evolución, han producido corrientes de lava, caída de piroclastos, flujos, crecidas, avalanchas volcánicas y de hielo y nieve, actividad sísmica e incendios forestales. Con la construcción de la represa, a estos riesgos deberán agregarse otros como olas, obstrucción de cursos fluviales y deslizamientos».

Esta misma secretaría en su informe técnico concluye que la cuenca del Bío Bío puede ser sometida al impacto de un gran sismo interplaca costera, que en situaciones extremas, por fenómenos matereológicos como lluvias intensas y constantes, puede provocar deslizamientos de rocas superficiales, originando un riesgo mayor al del sismo. Frente a esto ellos preguntan a Endesa: ¿qué acciones de prevención han preparado ante una posible catástrofe de esas proporciones? ¿Qué medidas tienen contempladas frente al colapso de una presa de 730 metros de altura sobre más de un millón de personas que vivirán en la cuenca del Bío Bío en el próximo siglo?

En lo inmediato Ralco sería un embalse de regulación cuyos niveles fluctuarían entre los 25 y los 33 metros. «Sube y baja, y se achica y se agranda casi en un 50% de su superficie. Ninguna especie marina puede vivir en una laguna que esté fluctuando, porque por la acción del sol las plantas tienden a ubicarse en cierta relación respecto de la cantidad de luz solar. Si el agua está fluctuando matas toda la vida...», señala el director del GABB Hernán Echaurren. Será también imposible mantener los niveles originales de las poblaciones de peces en el lado superior e inferior de la represa, debido a la modificación de la hidrología, la calidad del agua, y de recursos como la flora y la fauna acuática.

Ya en Pangue se destruyeron irreversiblemente 500 hectáreas, con un daño ecológico irreparable, con alteración de caudales, nutrientes y cambio microclimático. «Ahora en Pangue se da un viento que antes no existía -comenta Juan Pablo Orrego-. Eso es obvio: las aguas acumulan temperaturas durante el día que las liberan durante la tarde. Todos estos efectos en Ralco se multiplican por siete. Ralco y Pangue se transforman en una obra continua, pegada. Son 70 kilómetros destruidos para siempre. Entre Pangue y Ralco retienen el 100% de los sedimentos alterando la cadena trófica aguas abajo del río», afirma.

Para el Grupo de Acción por el Bío Bío este embalse sustituye una cuenca natural de características únicas -que es propiedad de todos los chilenos- por un lago artificial, de los que existen muchos en nuestro país. Para Endesa la sustitución es buena; para los chilenos, de realizarse esta sustitución tendría un costo inmenso que aún no ha sido ponderado.

RALCO ES ANTIECONOMICO

A pesar de todo, muchos empresarios, economistas, políticos y en general, algunos ciudadanos informados, podrían pensar que Ralco es indispensable, sobre todo en este momento en que hay una crisis de energía, y el país está en una etapa de desarrollo creciente. Además, pareciera que no existen alternativas por lo tanto todas las posibles deficiencias del proyecto son un mal menor, a la hora de dar el veredicto. Pero es precisamente en el tema de las alternativas donde subyace una discusión. Una discusión que no ha llegado y que probablemente nunca llegará a la opinión pública.

Hablar de costos netos y sociales resulta muy árido, pero es lo que mejor revela que el proyecto Ralco no es la alternativa económica, social y ambiental más conveniente, y que detrás de ella existen intereses que van más allá de las necesidades energéticas del país, y de construir o no construir la represa. Endesa afirma que la construcción de Ralco cuesta 622 millones de dólares, que generará anualmente 3.380 millones de kWh y que tendrá una duración de 50 años. En su momento, algunas cifras despertaron sospechas entre la gente del GABB, en particular en su director, el empresario y uno de los fundadores de Renovación Nacional, Hernán Echaurren. «Nos dimos cuenta que cada vez que adelantaban Ralco el costo para el país crecía. Cuando estaba considerado para el 2005 efectivamente daba un óptimo, pero al adelantarla al 2002 el costo aumentaba en 36 millones de dólares.

Ralco salía cada vez más caro. Nosotros pensamos, cómo si es tan buen proyecto al moverlo empeoran los costos, y entonces dijimos aquí hay algo que vale la pena estudiar», comenta. Lo que hizo el GABB, entonces, fue una serie de estudios para comparar el costo de una central hidroeléctrica como Ralco con una termoeléctrica, que genera energía a partir del calor brindado por el gas natural. Estos estudios arrojaron inesperados resultados. El primer estudio fue encargado a EMG consultores, técnicos especializados que trabajaron en MIDEPLAN durante el gobierno de Aylwin. Este se realizó usando las cifras que maneja la Comisión Nacional de Energía y también su método: el modelo Gol, que significa Gestión Optima de Enlace y es el que emplean tradicionalmente las generadoras de energía. Este modelo se usa para maximizar la producción energética al menor costo posible.

El estudio reveló que el costo de Ralco para Endesa desde el punto de vista privado, y en comparación con la construcción de una termoeléctrica, era de 47,2 millones de dólares más, y no de 36. En tanto, para el país y los usuarios, desechar la alternativa a gas, significaba gastar 72 millones de dólares extras. En segundo lugar, el GABB realizó una investigación para saber cuánto cuesta efectivamente instalar una planta termoeléctrica de acuerdo a los últimos datos de mercado y no a los de la Comisión. Hasta el momento, ésta manejaba el dato de 500 dólares el kilowatt instalado en una planta de este tipo. Sin embargo, el estudio estableció con sorpresa que en el mercado los costos han bajado y que, en estos momentos, las empresas del rubro operan con un costo de 380 dólares por kilowatt instalado. Por lo tanto, instalar una termoeléctrica es aún más barato de lo que la propia Comisión Nacional de Energía supone.

Finalmente, y siempre usando el modelo Gol, se realizó una simulación para determinar nuevamente los costos de Ralco en relación a una termoeléctrica, usando los últimos precios de mercado. Con esto, «esos 47 millones de dólares se transformaron en 119 millones de dólares y los 72, se transformaron en 159. Entonces la cifra dura que se puede usar hoy día para decir a cabalidad cuánto es el costo para Chile del proyecto Ralco versus reemplazarlo por plantas termoeléctricas es de 159 millones de dólares. Eso lo van a pagar por un lado los accionistas de Endesa y por otra parte los consumidores, y eso se va a traducir en mayores tarifas», sentencia Echaurren.

Estos estudios, con todos los argumentos y cifras que lo avalan, fueron desestimados por Endesa. «Se usaron datos añejos y la metodología fue errónea». Sólo eso respondieron, sorprendiendo al GABB por la simpleza y el bajo nivel de la respuesta. Dijeron que para todos los cálculos, se había usado una cifra de inversión de 715 millones de dólares, en circunstancias de que la cifra real de inversión, según Endesa, es de 622. Por lo tanto, según la empresa, el estudio perdía toda validez.

«En el estudio aparece consignado que la cifra que nosotros usamos es de 610 millones de dólares y no de 715 como señalan. Esta cifra es aún más favorable para ellos. Mintieron y en la Junta de Accionistas yo le dije a José Yuraszek delante de todos que Endesa había mentido respecto a nuestra evaluación. Y para decir eso hay que estar muy seguro, porque si no te pueden hasta demandar», enfatiza Echaurren. Otro dato «mal empleado» según Endesa se refería a que, de acuerdo a la empresa, el estudio no había contemplado el hecho de que una planta termoeléctrica dura 25 años y una hidroeléctrica 50. «Eso es falso. Nosotros le dimos una vida útil a la termoeléctrica de 20 años, no de 25, y consideramos el costo de reemplazarla dos veces para cubrir un funcionamiento de 50 años. Así y todo, esta alternativa salía más barata», replica Echaurren.

Pero, a pesar de las críticas, las cifras del estudio revelan con claridad la conveniencia económica de las plantas termoeléctricas. No sólo porque es más económico construirlas, sino porque además generan más energía. «Ralco tiene una potencia de 570 megawatts, que le permite generar al año 3.069 gigawatts. Una termoeléctrica puede producir esa misma energía sólo con una potencia menor, con sólo 480 megawatts», afirma Echaurren. Esto sin considerar que el potencial de las centrales hidroeléctricas está condicionado por el caudal de los ríos. Si no hay lluvia ni deshielos, no hay agua. Y si no hay agua, hay menos energía. Esto ocurre ahora con Pangue que, por la sequía, está funcionando a un 10 por ciento de su capacidad. Las termoeléctricas en cambio, funcionan siempre al 90 por ciento de su capacidad y se pueden apagar en cualquier momento. Es imposible apagar una hidroelétrica y menos posible recomponer la cuenca destruida.

Considerando todos estos aspectos, la inconveniencia de Ralco resulta evidente. Pero, ¿por qué Endesa insiste tanto en seguir con este proyecto?

Para Hernán Echaurren las verdaderas razones de su insistencia van más allá de lo meramente técnico. En primer lugar, cuando Endesa declara Ralco en construcción evita que otras empresas del mismo rubro entren en competencia para generar energía. De este modo Endesa mantiene su participación en el mercado que alcanza el 60 por ciento.

En segundo término, el grupo controlador de Endesa es Enersis, que controla además el 100 por ciento de la transmisión de energía desde Tal Tal a Chiloé a través de la empresa Transelec. En lo que a distribución de energía se refiere, este mismo grupo económico, controla el 40 por ciento nacional, pues Enersis es dueña de las empresas Chilectra, Río Maipo y Puente Alto. En estos momentos existe una demanda contra Enersis en la Corte Suprema. Los quieren obligar a deshacerse de alguna de estas empresas pues esta situación facilitaría conductas monopólicas en el sistema eléctrico chileno.

Por último, hay razones de competencia de mercado. En Chile existen dos grandes grupos eléctricos: Enersis, con Endesa, Transelec y Chilectra, y Chilgener, que está asociado a Gas Andes. Esta empresa trajo el gas natural a Chile y hasta antes de este acontecimiento Endesa no tenía competencias importantes en cuanto a generación de energía. Con la llegada del gas natural, Chilgener se transforma en su enemigo. Si Endesa quisiera hacer una termoeléctrica tendría que competir con Chilgener y además comprarle el gas natural a Gas Andes. Es por esto que Endesa siempre se opuso a la llegada del gas natural, porque estratégicamente no le convenía.

Quienes se oponen al proyecto Ralco han acudido a todas las instancias necesarias para exponer sus argumentos, pero por más razonables que parezcan ellos han sido poco escuchados. En este país no hay debate ni hay una sociedad civil que ejerza presión suficiente para enfrentar a los grandes conglomerados económicos. «Hemos hablado hasta el cansancio para hacer entender de que está en juego parte importante del patrimonio de todos los chilenos como es la cuenca del Bío Bío. No queremos que nadie se coma nuestras cifras. Lo único que pedimos es que haya una discusión transparente, de cara al país, acerca de la conveniencia de este proyecto para Chile, pero nadie se pone y no hay discusión. Aquí hay un problema institucional serio.

Cuando el Presidente Frei aparece dándole la bendición al proyecto, qué queda para los organismos técnicos que tienen que evaluar... quedan amarrados de mano», afirma Echaurren. El tráfico de influencias es enorme. Se dice incluso que Endesa se encuentra en una campaña muy activa para contactar a diputados y ofrecerles financiamiento para sus campañas. Si las cosas se dan a este nivel probablemente ya esté todo perdido. «Si el proyecto fuera bueno, caería por sí solo. Si ambientalmente fuera bueno, pasa; si económicamente es bueno, pasa. Si el plan de relocalización fuera buena, pasaría; y la CONADI los aplaudiría y la Cámara de Diputados los aplaudiría. Como es malo están haciendo propaganda, tratando de cambiar la opinión pública y lo único que están haciendo es engañarla», comenta el director del GABB.

Los opositores a Ralco están dispuestos a llegar hasta el final, esto probablemente será en los tribunales de justicia. Ellos deberán resolver sobre la legalidad del proyecto, y su preeminencia sobre la ley eléctrica, dictada durante la dictadura. Endesa en tanto, arriesga una gran inversión, la caída de la rentabilidad de Pangue y la pérdida de ingresos futuros que los afectarían notablemente. Por esto utilizará todos los recursos, legales y extralegales, para abrir paso a su proyecto. De fracasar en estos intentos se teme que pudiera retirar todas sus inversiones de Chile, lo que implicaría una amenaza de desestablización económica para el país.

Endesa quiere llevar a cabo su proyecto, aunque tenga que talar e inundar bosques, arrastrar con comunidades indígenas, pasar por alto informes económicos e ignorar la legislación y a los organismos del Estado. Eso a menos de que la sociedad civil los detenga.