TRADICIONES. "Cuenta el pueblo mapuche":
Bertha Koessler-Ilg la conoció al establecerse en la cordillera
patagónica. Una de las fotografías cedidas por Editorial
Pehuén para esta edición de Mare Nostrum, extraída
de su libro Mapuche. Fotografías siglos XIX y XX.Foto:Editorial
Pehuén |
Bertha Koessler-Ilg, estudiosa alemana que vivió en la cordillera
patagónica, hizo una de las mayores recopilaciones de literatura mapuche.
Se conocía una parte de su investigación, pero el resto permanecía
inédito. Ahora se publica el conjunto de su labor.
PATRICIO TAPIA
Ciento diez años atrás, cuando el erudito alemán Rodolfo
Lenz hizo la presentación en sociedad de la "literatura araucana",
la definió como "anónima, popular y exclusivamente oral". Si
bien el paso de la oralidad a la escritura suele verse como un avance, en la
cultura mapuche pareciera existir una suerte de desconfianza a la palabra escrita,
según se constata más de una vez en las tradiciones recogidas
por Bertha Koessler-Ilg en los volúmenes de Cuenta el pueblo mapuche.
En una de ellas se lee: "Las cosas escritas se pierden, la palabra escuchada
queda para siempre" (vol. I, p. 187).
Creyendo, probablemente con buenas razones, que el riesgo de perderse era
mayor para las palabras no escritas, Bertha Koessler-Ilg se dedicó por cuarenta
y cinco años a reunir las historias que los pacientes de su marido le
contaban. Él era un médico que se estableció en la ciudad
argentina de San Martín de los Andes (cerca de la frontera chileno-argentina,
a la altura de Osorno) y ella, como su enfermera, se relacionaba con quienes
acudían a él (muchos de ellos mapuches), logrando ganarse su
confianza para que le relataran sus tradiciones.
Recuperar el folclore
La labor de Bertha Koessler-Ilg se inscribe en una corriente iniciada al
parecer por los hermanos Grimm, quienes se empeñaron en recopilar cuentos orales
alemanes, para recuperar el carácter auténtico de una cultura
nacional. Admiradora de los hermanos Grimm, Bertha Koessler-Ilg ya había
recopilado textos del folclore de la isla de Malta, donde pasó su adolescencia,
acompañando a su tío cónsul, que publicó entre
1906 y 1910. En 1913, junto con su esposo, el doctor Rodolfo Koessler, se traslada
a Buenos Aires. En 1914, ella viajó a Alemania para que sus padres conocieran
a su primera hija, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial le impidió volver
a la Argentina hasta 1920, año cuando ambos se radican en la Patagonia.
Allí comenzó, entre sus labores de dueña de casa y asistente
de su esposo, a recopilar las historias que los mapuches le contaban, sumando
a los siete idiomas que dominaba el mapudungún. Se dedicó a transcribirlas
(manuscritos de mañana, que traspasaba a máquina en la tarde).
Una parte mínima de ellas se refieren en el libro sobre su vida junto
a su marido en la cordillera, publicado en 1940: El machi de Lanín.
Más tarde publicaría Cuentan los araucanos (1954) y, poco antes
de morir, Tradiciones araucanas (1962). Este último libro es el que
se reedita ahora como primer volumen de Cuenta el pueblo mapuche, al que se
suman, editados por el antropólogo chileno Rolf Foerster, otros dos
volúmenes que permanecían inéditos, entregando una amplísima
información (además de glosarios de voces, notas aclaratorias
y bibliografía) sobre la cultura mapuche, desde rogativas y sucesos
hasta adivinanzas y estudios sobre topónimos.
De una mujer llamada Pastora obtuvieron los hermanos Grimm gran parte de
sus historias y el relator más importante de Lenz fue Calvún. Bertha
Koessler-Ilg reconoce que fueron Antonio Kinchauala y Francisco Kolüpán
las dos fuentes más abundantes de su repertorio, quienes le confirieron
el título de "araucana blanca".
En el primer volumen se recogen textos diversos. Canciones con todo tipo
de temas, aunque la compiladora destaca una: la del "Adiós a la vida" del
condenado Apo Ülmen, señalando que la capacidad poética
de Kinchauala le permitió dar unidad a tradiciones aisladas en el texto
-más bien largo, con 18 páginas- de esta canción. También
hay rezos, cuyos objetivos van desde impetrar la lluvia o ganar una carrera,
hasta conjurar el dolor de estómago o evitar las inundaciones. Hay rezos
al sol, a un manantial ("Agua nuestra querida, te vengo a visitar hoy para
decirte que viviré aquí. Dios quiera que viertas agua todos los
años, como haces ahora") o al fuego ("Fuego querido, haga mi comida
y la de mi familia, y le voy a dar también"), de agradecimiento, de
contrición o de iniciación (de la machi). Quienes tengan interés
por las fuerzas ocultas, encontrarán un catálogo de prácticas
mágicas para hacerse brujo o vidente, de las formas de maleficio y de
adivinación. Se agrega, además, una serie de agüeros (cosas
como: "cuando late un párpado: se va a conocer a un extraño" u "oír
llorar a un perro: muerte en la familia") y tabúes (algunos muy preocupantes: "No
se deben señalar las estrellas con los dedos, y no deben contarse. Señalar
las estrellas provoca la aparición de una verruga por cada estrella
que se señala. Contarlas quita una hora de vida por cada estrella que
se cuenta"). Recopila también refranes, pensamientos, adivinanzas, algunos
juegos infantiles y tradiciones heroicas. Los volúmenes segundo y tercero
se subtitulan, en forma respectiva, "Mitos y leyendas" y "Cuentos y fábulas",
pero, en realidad, las clasificaciones son un poco confusas y hay categorías
que se superponen. Sea como fuere, en ellos se encuentran la cosmogonía
mapuche (con creaciones y diluvios), su idea del tiempo, las luchas entre diablos
y dioses, sus nociones escatológicas, el mundo de los muertos. Hay castillos
de oro, gigantes (alguno está petrificado y es ahora un cerro), sirenas
masculinas y femeninas, transformaciones, sacrificios humanos, fábulas
de animales (muy frecuentemente los relatos los tienen por protagonistas, especialmente
al zorro y al puma) y plantas. Entre los peligros de las profundidades acuáticas
está un toro marino gigante ("puede tener el tamaño de una casa.
Cuando brama, el lago se eleva como si fuera una torre..."), el que embaraza
a las vacas en la orilla, engendrando criaturas deformes, como terneros con
dos cabezas y ocho piernas.
Elementos europeos
En la "Introducción" al tercer volumen, Helmut Schindler, del Museo
Etnográfico de Munich, señala que para los mapuches el número
cuatro es "un número mítico, místico y ritual, calificado
muchas veces en la literatura etnográfica como número sagrado",
lo que puede comprobarse en los volúmenes. Schindler agrega que para
los europeos el número mítico y ritual es el tres y que habría
que sospechar una influencia europea siempre que él aparezca como elemento
de un mito autóctono.
Sin embargo -precisa-, no hay que pasar por alto que la mitología mapuche
contiene muchos elementos europeos, ya que estuvieron por siglos en contacto
con personas de ese origen. Así, es posible encontrarse con relatos
que parecen identificables, aunque no necesariamente como mapuches (un regreso
del mundo subterráneo, una serpiente le roba el fuego a los dioses),
además de historias y figuras que sí pueden reconocerse como
tales, pero con algunas variantes de las versiones conocidas en Chile: aparece
el Caleuche, navegando, eso sí, por lagos o el Trauko, como un viejo
duende o como un gigante.
Bertha Koessler-Ilg nació en la ciudad de Baviera, Alemania, en 1881.
Entre 1906 y 1910 publicó textos del folclore de la isla de Malta. Vivió en
San Martín de los Andes (Argentina) desde 1920, donde realizó una
importantísima recopilación de literatura mapuche argentina.
Parte de ese material permanecía inédito hasta ahora. Sus obras
principales son: El machi de Lanín (1940), Cuentan los araucanos (1954)
y Tradiciones araucanas (1962). Escribió, además, una obra en
alemán de 1956, Indianer Märchen aus den Kordilleren ("Cuentos
de los indios de la cordillera"). Murió en 1965.
Bertha Koesssler-Ilg
"Cuenta el pueblo mapuche"
Traducción de Lieselotte Schwarzemberg, Editorial Mare Nostrum, Santiago
de Chile, 2006.
Volumen I. Tradiciones, 348 páginas
Volumen II. Mitos y leyendas, 244 páginas
Volumen III. Cuentos y fábulas, 258 páginas.