La Nueva Provincia (Bahía Blanca), 28 de diciembre de 2004.

Las ruinas de los Quilmes, una historia de heroísmo y destierro

Las ruinas del asentamiento prehispánico de los Quilmes, en Tucumán, encierran la historia del destierro de ese pueblo originario que se reveló contra los conquistadores españoles hacia las orillas del Río de la Plata, unos 1.500 kilómetros al sur.



     De los casi 4.000 desterrados, muchos murieron en el camino a pie hacia la costa rioplatense y de los que llegaron a lo que hoy es el sur del conurbano bonaerense, ninguno tuvo descendencia.

     De ellos sólo quedó el nombre de una ciudad y la certeza que la capilla construida para evangelizarlos, tras la esforzada travesía, estuvo donde hoy se levanta la Catedral de la ciudad de Quilmes.

     Una recorrida a las ruinas permite observar la arquitectura, donde se destacan dos fortalezas que los Quilmes habían levantado para defenderse del ataque de otros pueblos, y en las que durante 130 años resistieron el asedio español.

     En ese tiempo, estos indígenas cultivaban grandes extensiones de maíz, quinoa, papas, porotos y ajíes y recolectaban algarroba y chañar, productos que servían de alimento, y de sus rebaños de llamas obtenían carne, leche y lana.

     En la actual ciudad de piedra se pueden ver senderos, morteros comunes, dos cementerios y muchas viviendas, algunas cuadradas y otras rectangulares y, más alejados, los corrales, aunque los criterios utilizados para la reconstrucción, hecha durante la última dictadura, son cuestionados en el ámbito arqueológico.

     Los estudios realizados sobre las ruinas de la ciudad de los Quilmes, situada a 1.700 metros de altura sobre el nivel del mar y a 15 kilómetros de Amaicha del Valle, demostraron que ese asentamiento urbano ya estaba habitado en el siglo XI.

     El ciudad de los Quilmes fue construido en la base del Cerro Alto del Rey, con la vivienda de los jefes en el punto más alto, donde también estaban las dos fortalezas desde las cuales se vigilaban los accesos.

     El asentamiento aprovechaba las crestas de naturales de las montañas para su protección, con las viviendas en las faldas del cerro y una represa, más al sur, desde la cual se desviaba el agua para los canchones del sembradío.

     Por las características del complejo urbano, que ocupa unas 30 hectáreas se estima que la población pudo llegar a 5.000 habitantes, quienes resistieron con bravura el avance del poderoso pueblo Inca, pero sucumbieron ante los españoles.

     La historia define a los Quilmes como un pueblo belicoso, que a mitad del siglo XVII fue vencido por los conquistadores, que llamaron al lugar Fuerte de San Francisco de los Quilmes.

     El sacerdote Pedro Lozano, historiador de la Compañía de Jesús, escribió que los Quilmes eran oriundos de Chile y que habían llegado a este lugar tras cruzar la Cordillera de los Andes para escapar del asedio de los Incas.

     De este lado de las montañas tuvieron que enfrentar a los Calchaquíes, que los veían como invasores, hasta que luego de cruentas luchas lograron convivir en paz.

     Entonces, en ese lugar que ahora se conoce como el Valle de Santa María, levantaron un asentamiento que alcanzó gran evolución en su sistema social.

    Luego de la batalla final, tras el asedio de los españoles de más de un siglo, muchas de las 260 familias sobrevivientes decidieron inmolarse para no abandonar el culto a sus dioses ni sucumbir al dominio de los hombres blancos.

     El 2 de enero de 1667, el entonces gobernador Alonso de Mercado y Villacorta dispuso el destierro que terminó con ese pueblo originario de América.

     Las ruinas de los Quilmes fueron descubiertas el siglo pasado por el arqueólogo de la Universidad de Buenos Aires Juan Bautista Ambrosetti y restauradas en 1978 por un equipo encabezado por Norberto Pelissero, con criterios que los arqueólogos consideran hoy más turístico que antropológicos.
 
 

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