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Córdoba, 21 de enero de 2004.

A Machu Picchu la descubrió uno pero se la atribuyó otro


Lima. La aparición de dos mapas del siglo XIX sobre la minería peruana revelan que la ciudadela Inca de Machu Picchu era conocida mucho antes de ser descubierta por el explorador estadounidense Hiram Bingham en 1911.

La historiadora peruana Mariana Mould, autora de esta investigación, explicó que la existencia de los mapas, fechados en 1870 y 1874, respectivamente “es una prueba irrefutable de que Machu Picchu estaba totalmente integrado en el Perú republicano”.

En el mapa de 1870, que fue trazado por el estadounidense Harry Singer para promover la inversión minera internacional en la zona, puede identificarse la “Punta Huaca del Inca”, hoy conocida por ser Patrimonio Mundial, explicó Mould.

El segundo mapa, de 1874, revela la existencia de Machu Picchu y el vecino Huaina Picchu y fue dibujado por el ingeniero alemán Herman Gohring por encargo del estado peruano.

“Los mapas fueron hechos para buscar y promover las inversiones de la minería en la zona, nunca con un fin histórico ni antropológico”, recalcó.

La historiadora peruana, en su libro “Machu Picchu y el Código de Ética de la Sociedad de Arqueología americana. Una invitación al diálogo intercultural”, intenta resolver los secretos del descubrimiento de la llamada “ciudad perdida de los incas”, que fue fundada en el siglo XIV.

Los primeros indicios del conocimiento de su existencia son de 1565, cuando en los escritos de Diego Rodríguez de Figueroa aparecía con el nombre de “Pijchu”.

Sin embargo, no apareció con el nombre de Machu Picchu hasta el siglo XIX, cuando se empezaron a dibujar mapas en los que aparecía la ciudadela incaica, hoy uno de los lugares más turísticos del mundo.

La siguiente referencia sobre la ciudadela data de 1902, cuando el peruano Agustín Lizárraga inscribió en el muro de las Tres Ventanas “A. Lizárraga, 14 de julio de 1902”, es decir, nueve años antes que Bingham.

Lizárraga realizó las primeras labores de limpieza desde su descubrimiento acompañado por Justo Ochoa, Gabino Sánchez y Enrique Palma.

Poco después, Bingham borró la inscripción para contribuir a su conservación y, de paso, presentarse ante el mundo como el descubridor de Machu Picchu, explicó Mould.
 

Piezas en Yale

La autora del libro admitió que aunque la ciudadela incaica fuera ya conocida antes de ser descubierta por Bingham, él fue el único que “tuvo una excepcional capacidad, que el Perú no tenía en aquella época, para comunicarle al mundo (el hallazgo) y darla a conocer”.

Bingham visitó la zona el 24 de julio de 1911, guiado por un niño campesino y acompañado por un miembro de la guardia civil peruana, en una expedición que fue financiada por la Sociedad Geográfica Nacional y la Universidad de Yale, de Estados Unidos.

La fama del explorador norteamericano creció cuando la famosa revista científica de la Sociedad publicó en 1913 un número dedicado al “descubrimiento”. La historiadora peruana revela, con documentación exhaustiva, la forma cómo el explorador manipuló la legislación peruana de la época para poder sustraer un total de 4.901 piezas arqueológicas que nunca fueron devueltas al país. Éstas se encuentran actualmente en la Universidad de Yale. “Permitirían un estudio de la vida cotidiana de la sociedad incaica”, explicó.

El libro, que se presentó ayer en Lima, también incluye una entrevista inédita a Luis Rodríguez Carpio, compañero de aventuras de Bingham, fotografías y un anexo con documentos de la época.
 
 

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