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Viedma, 1 de agosto de 2004.
El CODECI es el órgano de “cogestión” con el gobierno
por María Paula Díaz

Mapuches: una minoría que resurge con la fuerza de muchos

La comunidad aborigen rionegrina mantiene una defensa activa de los derechos de los pueblos originarios. Según sostienen, un 10 % de los rionegrinos son indígenas. El hoy.



Vicente Huaquimil y Walter Cañumil: “Primero hay que ser y después tener. Esto es un compromiso con la causa de nuestra gente”.
Viedma. La defensa de los derechos de los pueblos originarios experimenta un resurgimiento en Argentina en los últimos años. Una muestra de ello es la conformación de estructuras representativas de los pueblos aborígenes. En ese sentido Río Negro es una de las provincias pioneras en la sanción de leyes que tratan temáticas del sector.

La comunidad mapuche rionegrina comprende, según el censo 2001, unas 15.000 personas. Sin embargo, ellos descreen de esa cifra y aseguran que al menos un 10 % de la población provincial es aborigen.

Eso aseguran Vicente Huaiquimil y Walter Cañumil, asesores del Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (CODECI). La entidad fue creada por ley en la provincia, y reúne la voz -a través de 130 representantes- de 56 comunidades indígenas rionegrinas. También existe el Consejo Asesor Indígena (CAI), que funciona desde hace años y ha sido la cara visible del pensamiento de los mapuches.
 

Estructuras

“Primero surgió el CAI, a mediados de los ‘80. Se armó con gente de grupos de izquierda y peronistas. Vinieron a ser el ala dura de la representación indígena”, cuenta Huaiquimil. “Desde allí se hizo un muy buen trabajo, se captaron en su momento muchos recursos para destinarlos a cooperativas y programas de desarrollo. Más tarde se abrieron de lo que hoy es el CODECI. Dijeron que habían cumplido una etapa”, asegura.

Actualemnte el CODECI, que funciona con recursos del Estado, es considerado un órgano de cogestión. Son asesores cuatro representantes indígenas y dos del gobierno de turno. “Nosotros somos el organismo de aplicación de la legislación vigente, y hacemos cogestión entre las comunidades y el gobierno”, explica Huaiquimil.
 

El despertar

“Sí, es cierto, está de moda desde lo folclórico, pero no desde un lugar de compromiso con el pueblo”, dice Huaquimil. Es que, de un tiempo a esta parte, la repercusión de la defensa de los derechos de los pueblos originarios ha comenzado a erigirse con fuerza en distintos ámbitos. “Es cierto que hemos logrado algunos avances.

Ya no se habla de indios en reserva, sino de población preexistente. Se reconoce la autoridad del aborigen”, reflexiona Cañumil. “Primero hay que ser, y después tener”, resumen, al hablar del sentimiento que une y caracteriza al mapuche.
 

Algunos puntos de partida

Entender y aprehender los conceptos que vierte Huaquimil no es sencillo, porque son formas diferentes de entender la realidad y hasta de concebir la propia existencia del hombre.

La espiritualidad, los credos, las ceremonias, la estructura social o política de las comunidades, la concepción del hombre como parte y no todo, son sólo el comienzo de estas ideas.

“No se trata, por ejemplo, de incorporar en las escuelas formales el idioma mapuche. No son palabras, es toda una filosofía de vida diferente, que sólo siente quien la vivencia y quien pertenece”, expresa.

“Es el tema de la identidad, del ser, que es apasionante. En lo religioso, espiritual, en lo cultural, es diferente a lo que piensa el argentino nacido de las culturas europeas. Son tantos los criterios que hay que no te permiten tener una identidad como argentino”, explica Cañumil.
 

“Somos distintos, eso es una realidad”

La segregación racial que sufrió desde el comienzo de la conquista hasta hoy el pueblo indígena es el disparador de algunas consideraciones sobre las diferencias y el sentido de pertenencia de los mapuches.

“Nosotros somos diferentes, eso es una realidad y nos está garantizada en la Constitución Nacional”, dice Walter Cañumil. El problema, según manifiesta, no es esa diferencia sino la intolerancia. “A los gitanos, por ejemplo, más allá de todo se les respetan las tradiciones y la cultura espiritual y general que tienen. Eso no pasa con el mapuche”, sostiene.

En este sentido, Cañumil sostiene que están atravesando un “retorno a todo lo que alguna vez existió y se perdió con los años”. Por ejemplo, la reivindicación de la estructura social y política del pueblo, la valorización de los mayores y de su sabiduría, la reivindicación de la tierra y del concepto del hombre como parte de la tierra, y la continuidad de la lengua.

Según sostiene, “nosotros estamos integrados a la sociedad, es imposible no estarlo. Pero queremos conservar ciertas cosas que hacen a nuestra esencia, nada más que eso”.
 

El caso Benetton y la presión internacional

El mes pasado, y mediante manifestaciones de todo tipo, los italianos comenzaron a reclamar al grupo Benetton que devuelva las tierras a los indígenas de la Patagonia argentina.

Se trata de la comunidad mapuche de Chubut, que reclama a la firma italiana Benetton la devolución de unas 300 hectáreas. Los títulos de propiedad no están, pero ellos aseguran que esos fundos pertenecen a sus ancestros.

El tema trascendió porque Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980, dio a conocer una carta abierta publicada en el periódico La Repubblica, en la que daba detalles del hecho.

La financiera de la familia Benetton, “Edizioni Holding”, compró “La compañía de Tierras Sud Argentino” a tres familias argentinas en 1991. Pérez Equivel señaló que “Benetton adquirió esas tierras en 1991 a la inglesa Remington, una empresa fundada en 1890”. En este sentido, el Nobel de la Paz precisó que “según el artículo 75 de la Constitución Nacional, eso no se puede hacer”.

Pérez Esquivel recordó que la compañía posee 900.000 hectáreas en la Patagonia, en las que hay 10 estancias y no se sabe de “dónde sacó los papeles”. Agregó que “hay mucha preocupación y movilización en Italia por las tierras y también hay manifestaciones frente a la política de Benneton”. Respecto de los indígenas que iniciaron el reclamo, puntualizó que son los dueños originarios de la tierra. “Si se la quitan los condenan a la muerte o a la miseria. La devolución es un gesto importante para un empresario”, indicó. La discusión entre Pérez Esquivel y Luciano Benetton mediante el intercambio de misivas públicas podría convertirse -ambos lo aceptaron- en un debate público y formal en Italia o Argentina.
 

El antes y el después de la esperada reforma

La reforma de la Constitución Nacional en 1994 marcó un hito fundamental en la legislación referida a los pueblos indígenas. Hasta ese momento, al margen de algunas leyes provinciales que establecían pautas de una política dirigida al sector, la legislación nacional vigente estaba constituida por la Ley 23.302, del año 1985. La norma hacía referencia a la política indígena y de apoyo a las comunidades aborígenes, y sentaba las bases de la organización del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI).

La Constitución Nacional -art.67 inc.17- sostenía: “Corresponde al Congreso proveer a la seguridad de las fronteras, conservar el trato pacífico con los indios y promover la conversión de ellos al catolicismo”.

En ese marco, y en el contexto de una tendencia que se manifestaba a nivel latinoamericano, la Convención Constituyente incorporó en la reforma -al art. 75 inc. 17-: “Corresponde al Congreso reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural, reconocer la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan, y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano. Ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Además, corresponde asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer estas atribuciones”.

La reforma marca un punto de inflexión en el tratamiento de la “cuestión indígena”, como se denominaba a esta problemática.
 

El Nguillatún, una ceremonia ancestral

Es el ritual religioso más importante de la cultura mapuche, y dejó de practicarse en Chiloé durante la Colonia. Fue restituido -casi como símbolo- por el movimiento de la mapuchería en algunas comunidades isleñas.

Durante la ceremonia se forma un círculo con estaquillas, en un sitio prominente. La entrada única de este círculo “patriarcal” se orienta hacia el oeste y es un arco ornamental similar a los que se entrecruzan en el interior de la figura, adornado con flores y ramas de laurel. En dirección al este se plantan tres arbolitos.

El maestro de ceremonia, con un báculo, inicia una procesión por fuera del sitio sacro, acompañado de su escolta que porta una bandera de paz y dos ramos de laurel y es seguido por todos los participantes, que entonan una canción de paz. El recorrido continúa por dentro. Los que intervienen en el ritual se quitan previamente los zapatos y dejan afuera todos los objetos metálicos. En esta etapa, cantan y rezan temas religiosos, en “idioma”.

En este recinto se inmola además un animal y, con su sangre, se hacen cruces en la frente y se fleta a las personas enfermas. El cadáver del ternero de más de dos años es retirado para ser carneado. Las menudencias, en cambio, son quemadas.

Se hacen ofrendas a “Chau-Dios” y se lo rocía con chicha. También se pueden entregar alimentos al “Abuelito Huentreao”, a “Blanca Flor” y al “Inca Atahualpa”, que son simbolizados por los tres arbolitos de laurel que fueron plantados al interior.

Una vez que se han consumido los animales sacrificados, fuera del patriarcal, se baila el circular. Luego viene la fiesta.

* Cacique general de Chiloé. “El libro de la mitología”, creencias de la tradición oral.
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