Bolivia/ Homenaje al dios sol y la Pachamama en el mundo andino
Salta, 22 de junio de 2003.
 

Con los primeros rayos de sol comenzó el año 5.511 del calendario incaico

La fiesta principal se desarrollo en las ruinas de Tiwanaku, a orillas del lago Titicaca, Bolivia. Como todos los años la ceremonia busca la bendición del sol para la suerte acompañe al pueblo.

 
Miles de manos saludan los primeros rayos del sol en Tiwanaku.

El dios Sol inauguró el Año Nuevo 5.511 de la cultura andina al introducir ayer sus primeros rayos del solsticio de invierno por la puerta que los antiguos indígenas construyeron expresamente para ello, en la población de Tiwanaku, a orillas del lago Titicaca.

El Nuevo Año andino se inició a las 07.21 horas, en una ceremonia observada por más de 5.000 personas, la mayoría bolivianos que despertaron su creencia en la cultura de sus antepasados, en la ciudadela que los tiwanakotas construyeron a 71 kilómetros al oeste de La Paz, en pleno altiplano de Bolivia.

La cultura de Tiwanaku, que se inició el año 1.000 antes de Cristo y que colapsó a finales del 1.300 de nuestra era, alrededor del lago Titicaca, tuvo un elevado conocimiento de la agricultura y de la ciencia asociada a la creencia en divinidades que supuestamente le beneficiaban.

Alrededor de la "Puerta del Sol", una de las construcciones líticas preservadas hasta ahora, los indígenas de la zona centraron ayer sus agradecimientos a la diosa Pachamama (tierra, en idioma aymara) con bailes, cánticos y ofrendas variadas.

Desde la medianoche anterior y alrededor de fogatas para combatir el frío del altiplano, los rituales fueron presididos por varios grupos de "amautas" (sacerdotes) y "yatiris" (adivinos) de las comunidades vecinas a Tiwanaku. Las celebraciones del Año Nuevo Aymara son una mezcla de religiosidad y de una precisa demarcación del ciclo agrario andino, el 21 de junio, cuando el sol vuelve a acercarse a la Tierra, según los estudiosos de las costumbres indígenas de Bolivia.

Por eso, los ritos indígenas andinos reflejan el agradecimiento de las comunidades agrarias a la Pachamama, por el tiempo de siembra que se inició ayer, y al mismo tiempo la bienvenida al dios Sol, por la energía que brindará a la semilla que dará lugar a la próxima cosecha.
 

La cronología

El año 5.511 surge de la equivalencia de 5.000 años que los nativos asignan a la cultura tiwanakota como valor hasta 1.492, cuando los españoles llegaron a América, y a los 511 años transcurridos desde entonces. La espera del Nuevo Año se realiza a pesar del intenso frío, por debajo del grado de congelación, precisamente en la noche considerada la más gélida del año y que genera otras variadas creencias en la población.

Al alba, una vez finalizadas las ceremonias preparatorias, los aymaras y la multitud se reúnen alrededor de la "Puerta del Sol" para esperar los primeros rayos del astro, considerados vitales para la época de la siembra en las poblaciones andinas. Muchos de los asistentes, en gran parte jóvenes, reciben el haz solar con los brazos en alto con la confianza en que por sus manos ingresará la energía que les proveerá del ánimo suficiente para el trabajo durante el nuevo año.

El monumento lítico tiwanakota, resquebrajado en un costado y gastado por el viento andino, es acariciado también por miles de manos que creen que, así, tendrán el favor de los dioses que hicieron posible la trascendencia de esta cultura.

Con poca atención de los visitantes, la celebración también abarcó el templete de Kalasasaya, una construcción semisubterránea en la ciudadela de Tiwanaku, donde se supone que los antiguos habitantes sepultaron a sus principales reyes administradores.

La bienvenida al Año Nuevo andino, que se realizó también en otros lugares, es una ocasión para revitalizar el atractivo turístico de Tiwanaku, uno de los más visitados de Bolivia. En lo que fue la capital política y espiritual del mundo andino, desde el año pasado, se encuentra el monolito Bennett, uno de los mayores tallados producidos por los tiwanakotas, ahora emplazado en un museo que comenzó a recoger los restos recuperados de esa cultura.
y eso nos ayudará a conocernos a nosotros mismos".
 

©1995 - 2002 El Tribuno | Derechos reservados