Terrorista extranjera infiltrada
Laura Bañol Mercadel
Soy una de las personas que el Gobierno chileno y los medios de comunicación calificaron como terrorista extranjera infiltrada en el Alto Bio-Bio. En mi vida me habían etiquetado tan a la ligera y con tanta acritud. Sentí impotencia, porque me utilizaron como chivo expiatorio contra una amenaza que no existe y porque no interesa que se internacionalice el conflicto de Ralco. Ahora bien, como periodista española, como persona pacífica y ejerciendo la libertad de expresión, estoy trabajando para divulgar las injusticias de las que fui testimonio.Llegué a Chile a finales de febrero con Antoni Timoner, compañero de viaje, como cooperantes del Comité de Solidaridad con los Pueblos de América, una ONG con sede en la Isla de Menorca, en España. Nuestro trabajo consistía en realizar el seguimiento del proyecto de equipamiento del Centro de Acogida de Mujeres Pehuenche en Santa Bárbara, a petición de la asociación Mapu Domuche Newen (Mujeres con la Fuerza de la Tierra). Sin embargo, llegamos al país en el momento del recrudecimiento del conflicto que enfrenta los derechos de los pehuenche contra los intereses económicos de ENDESA. Al llegar, quedamos atónitos con la desmesurada presencia policial en el Alto Bio-Bio. Existe un control permanente de Carabineros en una carretera de acceso público como si nos encontráramos ante una situación de guerra. Era la primera prueba de la connivencia del Estado chileno con los intereses de la compañía española. En este punto, moralmente nos pareció increíble que las fuerzas de orden público estén defendiendo a una empresa extranjera por encima de los derechos de los ciudadanos del país, los pehuenche.
Fuimos testigos del violento ataque a la comunidad de Malla el día 5 de marzo, cuando los pehuenche cortaron el puente de forma pacífica para prostestar por el incumplimiento del Protocolo de 1998, en el que ENDESA se comprometía a mejorar la calidad de vida de los habitantes. Pudimos comprobar como las promesas de la empresa, después de cuatro años, quedaron en papel mojado. La policía actuó de forma indiscriminada y contundente, vulnerando cualquier derecho fundamental. Allanamiento de morada, detenciones de menores de edad, mujeres y ancianos, y maltratos, fueron algunas de las espectaculares actuaciones policiales. El hecho de que la Corte de Apelaciones de Concepción rechazara el recurso presentado por el equipo de abogados, encabezado por Roberto Celedón, para designar un Ministro que investigara los hechos, demuestra la desprotección con la que viven actualmente los pehuenche, como si se tratara de ciudadanos de segunda clase. Para más escarnio, los agentes policiales llegaron al lugar con vehículos de ENDESA y la compañía, después del ataque, los invitó a una suculenta comida.
Esos días los medios de comunicación se hacían eco de la presencia de extranjeros en la zona "incitando a la violencia". Sin embargo, nuestra labor se centró en ser testimonios de las injustícias que ENDESA y el Gobierno chileno están llevando a cabo en el Alto Bio-Bio, donde los intereses económicos de unos pocos son más importantes que la supervivencia de una cultura milenaria y de la biodiversidad de la zona, excepcional en el planeta. ENDESA es extranjera y utiliza medidas coercitivas, como el terror y diversas estrategias de presión para conseguir que los pehuenche abandonen sus tierras. ¿No es eso terror-ismo?
Si existe la globalización como término económico, hoy día existe también como concepto social. Así, como ciudadanos del mundo nos sentimos aludidos cuando empresas transnacionales, amparadas por fuertes poderes, como el gubernamental, atentan contra la supervivencia de pueblos enteros y contra el equilibrio ecológico. Es por eso que nos sentimos con pleno derecho y con el deber de defender la opción de los pehuenche y mapuche que se oponen a un etnocidio y ecocidio intensivo en nombre del progreso. A la vez, denunciamos el vacío legal que existe a nivel mundial para regular la actuación de macroemepresas en terceros países. Hemos solicitado una entrevista con el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo Elmar Brök, con el objetivo de crear un código ético que sirva de precedente para evitar que los intereses económicos de compañías del Primer mundo destruyan con total impunidad culturas indígenas y su entorno, vital para su supervivencia.
En Chile nadie sabe que ENDESA destina miles de millones en anuncios publicitarios que se emiten en España sobre las iniciativas que lleva a cabo en defensa del medio ambiente, mientras tanto, en países como el chileno, destruye uno de los entornos más ricos en biodiversidad. A pesar de ENDESA, conocimos de cerca la cultura ancestral de los pehuenche, sorprendentemente marginada y desconocida en el país.
Consideramos que su manera de ser y entender la realidad, así como su particular relación con el entorno y su organización asamblearia, constituyen una alternativa de futuro más que viable a las políticas que se nos imponen desde el mundo occidental y desarrollado. El megaproyecto de construcción de seis represas es una excusa de ENDESA para lucrase y hacerse con el monopolio energético del país. No lo duden. ENDESA tiene cara y nombre, Martín Villa, quién fuera colaborador directo de la dictadura franquista. Sin embargo, el gobierno chileno parece que prefiere tratar con esta clase de gente antes que escuchar a los pehuenche.
Existen investigaciones silenciadas que aseguran que con medidas de ahorro se conseguiría una cantidad de electricidad similar a la que producirían las presas. Tampoco se ha planteado la posibilidad de utilizar las energías alternativas, más baratas y con menor coste medioambiental. En Europa, actualmente se descartan las presas hidroeléctricas como solución de futuro, y se tiende cada vez más a potenciar las energías renovables, como la solar o eólica, para abastecer a las poblaciones.
Las Ñañas, símbolo de la resistencia pehuenche, nos enseñaron una visión del mundo diferente, de la que nosotros, los extranjeros, también tenemos que aprender para conseguir un mundo más justo y mejor. Ellas en sus casas tienen placas solares para abastecerse y nunca han pagado ni un peso por la electricidad. Ellas viven de la tierra, de lo que cultivan, de la recogida del pehuén, de sus animales, respiran aire puro y se relacionan con la naturaleza con un respeto que todos tenemos el deber de recuperar. Este es el modo de vida que han elegido y que les ha permitido sobrevivir miles de años en harmonía con el entorno. Esas son las tierras de sus antepasados y nadie tiene el derecho moral y ético de llegar, arrebatárselas y decidir por ellos. Tenemos muchas cosas que aprender de su sabiduría y su fuerza vital.
La Ñaña Nicolasa vino en enero de 2000 a Menorca invitada por el Comité. La gente de las Islas Baleares quedó impresionada con su testimonio. En la Islas todas las instituciones políticas locales, de todo el espectro político, han apoyado iniciativas legislativas para que el Gobierno español interceda para parar el megaproyecto de Ralco. La gente acá apoya los derechos de los pehuenche. Mi trabajo como periodista continúa para denunciar lo que ocurre allá. ENDESA tiene miedo porque no actúa como debería. La prueba es la reciente aplicación de la Ley Antiterrorista entre los pehuenche. Una gente que no tiene nada material, pero tiene toda la fuerza de la tierra. Déjenlos en paz y dejénlos vivir. No sean cómplices de un genocidio que sucede al lado de sus casas.