Movimiento Mapuche y Propuestas de Autonomía
en la Década Post Dictadura

 

Por José A. Mariman
Denver, USA, Abril 1997
 

 
Ha llamado mi atención el segundo semestre de 1996, una entrevista publicada por el semanario "El Siglo"(1) al dirigente de la organización mapuche Admapu y miembro del Comité Central del Partido Comunista(2) de Chile Domingo Marileo. En ella, Marileo ha esbozado la nueva política de Admapu. Al mismo tiempo, Marileo ha hecho explicita la nueva política del PC respecto a la "cuestión mapuche."(3) Esa política se expresa en la formula "autonomía territorial" para los mapuche.

Con las opiniones de Marileo, suman tres las propuestas levantadas en el movimiento mapuche en perspectivas a la autonomía. ¿Cuáles son sus similitudes y cuáles sus diferencias? ¿Cuáles son su ventajas y cuáles sus desventajas? En las líneas siguientes realizaré una comparación de éstas demandas. Mi objetivo es ofrecer al movimiento mapuche(4), tanto una síntesis del pensamiento político autonomista mapuche, como una evaluación de sus ideas relevantes.
 

I. Antecedentes

Las estrategias políticas con que el movimiento mapuche a enfrentado la política etnocida(5) del estado-nación (Chile), no son numerosas. En alguna medida, ellas no son sino la reacción mapuche frente a las políticas étnicas estato-nacionales. Durante el presente siglo, y hasta el año 1990, podemos distinguir al menos cuatro. A partir de entonces y con el termino de la dictadura militar, hará su debut la demanda por autonomía.

La primera estrategia puede ser llamada estrategia de la asimilación(6), y tiene por soporte la principal tendencia de la política étnica chilena: asimilación de las etnias o naciones dominadas. Esa política parte del presupuesto de que la cultura de la nación dominante (chilena) en el estado-nación, es superior. Y, que la cultura de la naciones dominadas (mapuche, rapanui, aymara), son inferiores. El resultado del razonamiento es la creencia de que la primera debe dominar y sustituir a las otras(7). En 1911, el entonces médico de colonias Rodolfo Serrano Montaner, en un informe a la Comisión Parlamentaria de Colonización constituida en aquella época, expresaba la idea como sigue: "Radicado el [mapuche] recibiría su título definitivo... se puede pronosticar que antes de diez años [..] habría desaparecido. Gran parte de sus tierras habrían pasado á manos de los chilenos; esos campos serían cultivados y entregados á las labores de la agricultura moderna(8)."
Entre los mapuche, la derrota político-militar en 1881 y las ideas racistas prevalecientes en la sociedad chilena(9), han presionado sobre la autoestima mapuche en favor de volverse chilenos. Ser chileno representó, y aún representa para algunos mapuche, insertarse en un marco civilizatorio visualizado como superior. Es por esta razón, que las primeras décadas del presente siglo, vieron emerger un discurso adulador de las virtudes de la cultura dominante; así como de menosprecio de la cultura propia. Algunas organizaciones mapuche harán fervorosos llamados a luchar contra la poligamia, el alcoholismo, la ignorancia, la desventaja técnica, y a favor de la propiedad privada. "Dios" [cristiano], "patria" [Chile], y "progreso" [paradigma capitalista], será el lema de la Unión Araucana en 1916 y de sus militantes deseosos de asimilarse.

Una segunda estrategia es también refractaria de la política étnica estado-nación, y es conocida como de integración. Se trata de la idea del crisol que funde las razas creando la nacionalidad chilena. La asunción aquí es que los chilenos son el resultado de la fusión de dos razas(10). En este sentido, ser chileno significa ser el resultado purificado de lo mejor de dos razas. Gabriela Mistral, poeta chilena y premio Nobel (1945) en literatura, lo expuso de esta forma: "las sangres de Valdivia y de Caupolicán, confundidas en una como regia alianza, dan al mundo una raza de soberbia pujanza(11)." La chilenización, similar a lo que Schwarz(12) ha dicho de la sociedad estadounidense, si bien no a limpiado del todo a Chile de sus minorías, al menos las ha desprovisto en gran parte de sus elementos culturales distintivos.

Entre los mapuche, las ideas integracionistas o de fusión, se han expresado desde comienzos de siglo. La Sociedad Caupolicán, en 1910, a través de Onofre Colima decía: "ya nuestras lanzas no se tiñen en la roja sangre de nuestros enemigos, en horrororísima guerra i hoy caen despedazadas y rotas de nuestras manos al suelo ante la gran razón, que todos somos hermanos(13)." El discurso mapuche integracionista a buscado desde entonces, aliarse a los chilenos indigenistas. El propósito de esta alianza es lograr una relación que si bien tiene por standard civilizatorio la chilenidad, no renuncia del todo a los propios valores culturales. La militancia en partidos políticos chilenos, en iglesias, u otro tipo de instituciones estato-nacional (Fuerzas Armadas, ...etc.) ha sido la forma clásica de favorecer una integración (allí, tras el lenguaje de camaradas, compañeros, hermanos, etc. la segregación y el perjuicio étnico se atenúa en la psiques mapuche).

El fundamentalismo ha sido otra de las estrategias con que el movimiento mapuche ha enfrentado las políticas etnocidas estato-nacional. El fundamentalismo entre los mapuche, si bien no parece tener la misma vitalidad que las estrategias anteriores, ha estampado su marca en el movimiento mapuche. En particular la década del '20 y la de los '90, aún no concluida, han visto levantarse dos poderosas organizaciones fundamentalistas: La Federación Araucana (1922) y el Consejo de Todas las Tierras (1990). El discurso fundamentalista es un discurso de repliegue en lo propio(14). El avance de la cultura hegemónica sobre la propia se ve tan arrollador, que los fundamentalistas llaman a resistir volviéndose hacia el interior de la cultura y reivindicando un pasado esplendoroso. Ese interior y ese pasado, que los fundamentalistas suponen no contaminado, es lo que proporcionará la fuerza al discurso fundamentalista para desarrollar su resistencia.

"[R]eestablecer y sublimar todos los actos y costumbres de la raza mapuche" será la propuesta de la Federación Araucana a la sociedad mapuche. Mientras que, setenta años más tarde, el Consejo de Todas las Tierras se definirá así mismo diciendo que, "recoge la forma histórica de organización mapuche. O sea, el modo de relación. Esto no es un sindicato ni una organización gremial. Aquí no nos hemos adaptado, pero en ninguna forma, a lo que el Estado chileno quiere como organización mapuche(15)." El discurso o demanda fundamentalista tiene bastante de mítico, dado que la cultura mapuche en que practican su repliegue es el producto del proceso de incorporación involuntaria al estado-nación y no una expresión cultural generada libremente por la propia sociedad mapuche(16).

Por último, el indianismo o estrategia de confrontación de una cosmovisión occidental y una cosmovisión india, ha sido otra estrategia --la cuarta-- que se ha manifestado en el movimiento mapuche. El indianismo, tras el supuesto de una afinidad de pensamiento entre la diversas cultural Indias, representa la búsqueda de una autonomía ideológica de los Indios respecto a las ideologías occidentales (identidad India). En el ideario indianista, la utopia social indígena "ya fue practicada y vivida en el pasado(17)." Por lo tanto, en el presente no existe la necesidad de construir esa utopia social, cuando por el contrario existe la necesidad de desarrollar los valores de la cosmovisión india. Por consiguiente, el indianismo reduce los conflictos étnicos o nacionalitarios específicos "a una mixtificación generalizadora(18)." Quizá, por esa razón, la tesis indianista no ha prendido con fuerza en el movimiento mapuche. Los mapuche siguen definiéndose en términos de identidad étnica, en oposición al winka (chileno, colonizador) y no en oposición a las ideologías winkas (occidentales).
 

II. Década post dictadura

El Centro de Estudios y Documentación Mapuche-Liwen(19) ofreció por primera vez en 1990, una reflexión sobre cual debería ser la meta política del movimiento mapuche. Entonces, muchas voces se levantaron para calificar a sus miembros de utopistas por sugerir autonomía. No hubieron durante los seis años que han pasado desde entonces fuertes criticas al planteamiento de Cedm-Liwen. Más bien, se sucedieron comentarios informales en orden a sugerir que la tesis es válida, pero... y cuando no un claro propósito de ignorarla y echarla al olvido. En otras palabras, en el movimiento mapuche nadie creyó en la posibilidad de levantar esa demanda, a objeto de ayudar a resolver la cuestión mapuche.

La tesis de Cedm-Liwen apareció a menos de un mes de haber asumido sus funciones el gobierno de transición democrática de Patricio Aylwin. Y, a casi dos meses de la creación de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas(20). La CEPI, tuvo entre sus tareas inmediatas preparar el borrador de una nueva ley indígena. Además, conducir un proceso de discusión entre los mapuche en perspectiva a producir la "mejor" ley posible para los "Pueblos Indígenas de Chile." Casi la totalidad del movimiento mapuche --organizaciones asociadas a las estrategias asimilacionistas, integracionistas e indianistas(21)-- se plegaron al trabajo en la CEPI. Con ello, la mayoría del movimiento mapuche decidió continuar transitando el camino de resolver la cuestión mapuche, a través de conquistar una ley más favorable que la impuesta por la dictadura(22). En este sentido, el movimiento mapuche continúo operando en la lógica de la dependencia y subordinación a las instituciones estado-nacionales. Así como, sobre las consecuencias de la Incorporación (pobreza, atraso, marginación, etc) antes que abordar el problema en función de resolver la causa que los origina.

El año 1990 presenció, entonces, un quiebre en el movimiento mapuche. Ese quiebre, esta relacionado con un intento de reorientación de la meta estratégica para el movimiento mapuche. Tal reorientación esta auspiciada por nuevos protagonistas del movimiento mapuche: estudiantes universitarios y jóvenes profesionales mapuche. Estos nuevos protagonistas, recogieron e impulsaron con nuevos contenidos una demanda que otros sectores del movimiento mapuche abandonaron hacia el termino del período dictatorial. Esa idea fue la de construir un proyecto histórico donde la autonomía fuera la reivindicación central(23).

Los sectores del movimiento mapuche que abandonaron esa idea, evidenciando una crisis de proyecto, no tuvieron ni la fuerza ni la capacidad para desarrollar tal demanda. En consecuencia, la desecharon rápidamente frente a una nueva ley indígena ofrecida por el estado-nación a través del gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia. El sector movimiento mapuche que desechó la idea de un proyecto propio, se pasó los primeros tres años de gobierno de transición a la democracia esperando que el Parlamento le diera una nueva ley indígena. Finalmente obtuvieron un resultado (1993), pero ese resultado fue más pobre de lo que deseaban(24). Aún así, se levantaron voces para anunciar que había que darle tiempo a la nueva ley(25), antes de darle un respaldo o desahuciarla definitivamente. Otros tres años ha operado éste sector del movimiento mapuche con la nueva ley, y el pronunciamiento aún no llega.

La opinión de Marileo, siendo miembro de una de las organizaciones que ha colaborado con la coalición de fuerzas políticas estato-nacionales en el gobierno, lleva a pensar que el descontento al interior del sector del movimiento mapuche que ha favorecido la solución de la cuestión mapuche por leyes indígenas comienza a manifestarse. Ese descontento va en sentido de aproximar algunos componentes de ese sector del movimiento mapuche, con aquellos que han tratado de mantener su independencia de las instituciones políticas estato-nacionales y levantado la demanda autonomista. Sin embargo, este acercamiento es sólo a nivel discursivo y aún es prematuro hablar de una tendencia, en este sector del movimiento mapuche dirigida a divorciarse del gobierno y del neo-indigenismo chileno (recuperar su independencia política). Las ideas expresadas por Marileo y la práctica de su organización Admapu, aún no son coherentes. Mientras las ideas lo acercan al sector autonomista del movimiento mapuche, la praxis de Admapu mantiene a esta organización como parte vital de la clientela política de los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia. Este asunto es algo que Admapu deberá resolver en un futuro próximo.