El movimiento mapuche
El movimiento mapuche no llegó en las mejores condiciones a la negociación abierta con la transición a la democracia. Atomizado, como he mostrado antes, no había ningún grupo que pudiera capitalizar o al menos reclamar para sí, la representatividad del movimiento. Aunque todos pretendían ser "la" organización representativa del pueblo mapuche, a diferencia de los años 1978 1983, no había ninguna fuerza hegemónica que se impusiera con nitidez en el escenario político estatonacional. Su fragmentación actuaba en sentido contrario al logro de sus propósitos. Reivindicaciones en las que paradojalmente todos coincidían.
Pero la fragmentación no era lo único que pesaba en contra del movimiento mapuche. El movimiento mapuche llegaba también desmovilizado a la transición. En otras palabras, tras las organizaciones no había fuerza social mapuche actuando, y en consecuencia, presionando a la sociedad estatonacional por cambios. Algunas organizaciones se incorporaron sólo tardíamente a las tareas y campañas por recuperar la democracia (Admapu por ejemplo), aún cuando algunos dirigentes vislumbraban la importancia del acontecimiento:
No hay donde perderse, nosotros tenemos que estar por el NO! Y el NO! es una alternativa real para derrotar a Pinochet por la vía política, porque la vía armada no es el camino correcto. Con el NO! está claro que después vienen las elecciones a Presidente y a Parlamento. Lo que se trata aquí es como lo han dicho muchos políticos RECUPERAR LA SOBERANIA POPULAR, QUE EL PUEBLO SEA DUEÑO DE SU DESTINO, Y ELIJA A SUS DIRIGENTES. Y el pueblo Mapuche no puede estar ajeno a este acontecer, tenemos que participar. Nosotros como mapuche y como Centros Culturales junto a Admapu, Callfulican, Newen Mapu, Lautaro Ñi Aillarehue, tenemos que formar el comando por el NO Mapuche. No podemos estar como invitados de piedra donde los huincas. Si somos un Pueblo diferente tenemos que tener comando propio, bajo nuestra dirección, debemos empezar desde ahora nuestra liberación[37].
Pesaba al movimiento mapuche también, haber reclamado para sí la generación de propuestas y finalmente nunca concretarlas.
La nueva directiva nacional asume la responsabilidad de elaborar el Proyecto Histórico del pueblo mapuche, en un plazo de 6 meses, para lo cual se constituirá una Comisión de estudio integrada por personalidades principalmente mapuches, de distintas disciplinas y cuyos resultados deberán ser conocidos en una Asamblea Nacional Extraordinaria[38].
El movimiento mapuche llegaba a la negociación con un alto número de exigencias, pero con ninguna propuesta específica de cómo resolverlas. Mientras más cercana la fecha de las definiciones políticas, y más dominado el ambiente por los partidos u otros tipo de instituciones estatonacionales; menos capaz se mostraba el movimiento mapuche para desarrollar sus propias propuestas. Esta incapacidad se tradujo en un énfasis en el discurso que reclamaba contra la intervención winka (no mapuche) en la generación de propuestas.
Ante el hecho consumado de que ustedes como Comisión de Derechos Humanos, están llevando a cabo un Seminario sobre Autonomía, Soberanía y Territorio para los pueblo étnicos, ratificamos nuestra declaración pública que hicimos el pasado mes de marzo, donde señalamos que todas las propuestas que conciernen a los pueblos étnicos, sean políticos, económicos, sociales, culturales, etc., corresponde asumirlos a los propios pueblos, mediante sus organizaciones representativas[39].
Conspirando para que las cosas resultaran de ese modo, estaba el escaso interés que el movimiento mapuche había mostrado en años anteriores, por incorporar a intelectuales y profesionales mapuche a sus organizaciones. En general, la tendencia de los dirigentes mapuche frente a personas mejor preparadas, no fue ofrecerles un espacio en sus organizaciones, para que desarrollaran una tarea reflexiva. Al contrario, se los vió como potenciales rivales en la disputa del poder al interior de las organizaciones, y en consecuencia se aseguraron de mantenerlos alejados.
Otro factor que explica lo deprimido del movimiento mapuche al momento de negociar, fue su aventura electoral. Las organizaciones y sus candidatos, no hicieron esfuerzos por entender como operaba el sistema electoral binominal. Ellas no hicieron análisis de factibilidad de sus candidaturas. Ni siquiera hicieron una autocrítica de su trabajo pasado. Haciendo gala del mejor voluntarismo, se lanzaron a conquistar el mundo. Su despertar no fue lo glorioso que esperaban, viniendo luego los intentos de explicaciones, justificaciones, las recriminaciones, y sobre todo el desánimo.
Al movimiento mapuche no le quedaban muchas alternativas frente a la negociación. Objetivamente no había acumulado fuerza propia, ni tenía representación única, ni representación parlamentaria, ni tenía un programa más allá de pedir que le dieran una nueva ley y reconocimiento constitucional. Es decir, el movimiento mapuche estaba a la voluntad de los que tenían poder real. Lo único que podía asegurar una salida a sus demandas, era establecer alianzas con alguna fuerza representada en el poder.
Finalmente, las ONGs mapuche --cada una por separado y según sus opciones o simpatías políticas-- trabajaron o se marginaron del proceso (en general la mayoría prestó colaboración a las fuerzas democráticas). A su vez, la Comisión 500 años de Resistencia (Aukiñ Wallmapu Ngulam), como he mencionado al introducir el punto, comenzó poco a poco a ocupar un espacio que aparecía liberado y sin competidores de por medio. La Comisión 500 años de Resistencia comenzó a hacer política de manera confrontacional.
La Concertación
Antes de la euforia del triunfo y de los resultados reales, la Concertación comprendía que debía capitalizar tras de sí a toda esa fuerza social descontenta con el régimen militar. De este modo, las condiciones políticas para una alianza con todos aquellos sectores que fueron afectados por las políticas de la dictadura, estaban dadas.
El grave atropello a los derechos de los pueblos indígenas verificado durante los últimos años en Chile a consecuencia de las políticas y la legislación etnocida que les ha sido aplicada por el régimen militar, lejos de acallarlos, ha incentivado el desarrollo de un proceso de fortalecimiento de sus organizaciones representativas y de definición y profundización de sus demandas como pueblos que comienza a dar frutos con la recuperación democrática de nuestra sociedad[40].
La Concertación llegó a tiempo para salvar al movimiento mapuche de la zozobra, pues se interesó en recoger sus problemas y convertirlos en parte de su programa de gobierno. Dos iniciativas dieron cuenta de ello. En primer lugar, la convocatoria de Patricio Aylwin a los pueblos indígenas a discutir su programa de gobierno en lo atingente a política indígena (desarrollado entre el 12 de octubre de 1989 y el 1 de diciembre del mismo año). Y, en segundo lugar, la creación de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas a sólo dos meses de iniciado su gobierno.
En el primer caso, dicha iniciativa concluyó con la firma de un acta de compromiso. Esa acta impuso como obligación al gobierno, crear la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI). También, reconocer constitucionalmente a las poblaciones indígenas de Chile y crear la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI). Finalmente, impulsar las iniciativas legislativas, administrativas y económicas necesarias para concretar los planes y medidas contempladas en el programa de gobierno para los pueblos indígenas. A los indígenas le impuso apoyar y defender el gobierno de la Concertación y su gestión de gobierno. También, canalizar sus demandas a través de las instancias y mecanismos de participación, que serían creados por el futuro gobierno. El movimiento mapuche se aferró a esta tabla de salvación, delegando su dudosa soberanía e iniciativa, en una representación no mapuche.
En el segundo caso, la creación de la CEPI el 17 de mayo de 1990, permitió incorporar una representación mapuche al equipo gubernamental. Ello dio mayor legitimidad al gobierno de la Concertación ante el movimiento mapuche. También, comprometió a destacados líderes mapuche de distintas organizaciones, en las acciones del gobierno hacia los pueblos indígenas.
Esta Comisión tiene un Consejo formado por 20 personas, de los cuales 10 han sido elegidos por las organizaciones que ustedes representan. Ha sido un proceso democrático muchas veces difícil, pero de gran trascendencia. Quizá por primera vez son las propias organizaciones indígenas las llamadas por el gobierno a elegir sus representantes en un organismo gubernamental[41].
Se conforma así, la alianza Concertación pueblos indígenas, que ha operado entre 1990 y 1993. Ella ha procurado obtener una nueva ley indígena y el reconocimiento de los pueblos indígenas en la Constitución de Chile. Lo anterior ha traído el fin de las acciones confrontacionales excluyendo a Aukiñ Wallmapu Ngulam y la calma a la región mapuche. Un problema nuevo quedaba planteado: el movimiento mapuche se asistemaría?
Quisiera señalar con claridad que el Gobierno no pretende instrumentalizar al movimiento indígena, ni construir un movimiento progubernamental o de corte oficialista, como lamentablemente ha solido ocurrir. La autonomía de los movimientos indígenas es muy importante que se salvaguarde. Pero tampoco quisiéramos que se formara una elite de dirigentes indígenas que estuviera alejada de sus bases. Queremos que los dirigentes que participan en esta Comisión sean portavoces del sentir de sus pueblos[42].
Las fuerzas del statu quo
La oposición de derecha, mientras tanto, preparaba su defensa y para ello ponía a punto sus argumentos. Estos, en lo esencial, cuestionarían la idea de reconocimiento constitucional, por estimar que entrañaba un peligro de separatismo para la sociedad chilena.
Nunca he oído a ningún dirigente mapuche querer separarse del Pueblo de Chile, por eso me opongo a que en la Constitución se les llame de manera distinta. Por otra parte, en derecho internacional, llamar "pueblo" significa hacerlo depositario de la soberanía y tener derecho a construir su propio Estado. Eso se llama en derecho internacional "derecho a la libre determinación de los pueblos[43].
Además, la derecha cuidaría con mucho celo que en la nueva ley indígena no se alterará bajo ningún punto de vista, el principio de la propiedad privada. Con respecto a ello su opinión era:
Mire, hay un tema muy sensible dentro de la ley, y es el derecho a propiedad. En estos momentos hay 80 mil pequeños propietarios mapuches a los cuales el Gobierno está desconociendo su derecho de propiedad. Creo que éste es el gran punto nuestro: la defensa del derecho de propiedad no es la defensa del latifundio. Si hacemos entender esto a la gente, la tendremos a nuestro favor[44].
Integrar --mejor aún asimilar al mapuche-- seguirá siendo la propuesta que agitara y defenderá la derecha. El Diputado Francisco Bayo (RN) dirá que comparte "el deseo ancestral de esa raza por mantener su idiosincrasia, sus expresiones culturales, sus tradiciones, su identidad, pero creemos que ello se logra por la vía de la integración y no de discriminación, por positiva que ella se quiera vestir"[45]. Y los empresarios agrícolas de la región mapuche, aprovechando la coyuntura abierta con las movilizaciones de "recuperación" de tierras de AWNg, comentaron.
Es imperioso una revisión completa de las iniciativas legales recientemente propuestas y enviadas al Parlamento, ya que, a nuestro parecer, contienen el germen de una odiosa separación entre chilenos, cuyas consecuencias pueden ser funestas para la estabilidad democrática, la anhelada convivencia y el futuro común que todos debemos compartir[46].
Las cartas estaban echadas y sería el parlamento el lugar donde se dirimiría la controversia. Los mapuche sólo tenían que tomar tribuna y esperar.
Los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos.
La familia es el núcleo fundamental de la sociedad.
El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y se estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para cumplir sus propios fines específicos.
El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual se debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece.
Es deber del estado resguardar la Seguridad Nacional, dar protección a la población y a la familia, propender al fortalecimiento de ésta, promover la integración de todos los sectores de la nación y asegurar el derecho de las personas a participar con igualdad de oportunidades en la vida nacional."[48].
En el caso del artículo 19 en su número 22, la Concertación propuso introducir la siguiente modificación. "La ley podrá también establecer beneficios o franquicias determinados en favor de las comunidades indígenas"[49]. El texto original dice
La no discriminación arbitraria en el trato que deben dar el estado y sus organismos en materia económica.
Sólo en virtud de una ley, y siempre que no signifique tal discriminación, se podrán autorizar determinados beneficios directos o indirectos en favor de algún sector, actividad o zona geográfica o establecer gravámenes especiales que afecten a uno u otros.
En el caso de las franquicias o beneficios indirectos, la estimación del costo de éstos deberá incluirse anualmente en la ley de presupuestos;"[50].
Y para el caso de reformar el artículo 62 la Concertación propuso introducir un punto 7 que diría: "Establecer sistemas de protección jurídica y beneficios o franquicias para el desarrollo de los Pueblos Indígenas"[51]. El artículo 62 , entre otras cosas, dice:
Corresponderá, así mismo, al presidente de la República la iniciativa exclusiva para:
...no sería necesaria una reforma constitucional. Consideran que es posible generar una multitud de beneficios, de discriminaciones no arbitrarias, de subsidios, de ayudas concretas y directas a los pueblos indígenas, sin necesidad de una reforma constitucional.
Al amparo de la actual constitución, se pueden entregar becas a estudiantes y subsidios habitacionales rurales a los pueblos indígenas, sin necesidad de modificarla.
...con el mismo espíritu, debieran concederse beneficios a los millones de pobres que existen en Chile, ...nuestra responsabilidad como legisladores debe ir enfocada a preocuparnos del 14,6 por ciento que aún vive en extrema pobreza, velando por todo el conjunto de la nación.
A la luz de la Constitución podemos hacer discriminaciones en beneficio de determinado sector, siempre que éstas no sean arbitrarias.
El concepto de desarrollo social tendría aplicación según a quien dirigiéramos los escasos recursos que, como país tenemos. Hay una sola respuesta señalan para las personas en extrema pobreza, porque tenemos claro que lo entregado en beneficio de los pueblos indígenas deja de darse a los demás pobres que no son indígenas.
Resultaría inoficioso modificar la Constitución Política sino existiera la voluntad y la decisión política de destinar fondos, por la vía de los recursos del Estado, sectorialmente, en beneficio de los indígenas.
...es posible hacer mucho más de lo que hasta ahora se ha realizado, a la luz de la Constitución Política actual. Se sostiene que esta reforma puede ocasionar una segregación y no un criterio de integración[53].
Como una manera de procurar el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, se concluyó en omitir la palabra "pueblo" en la reforma. La palabra "indígena" sería la fórmula más aceptada por las organizaciones, por corresponder a un término que reconoce su identidad. Este concepto --indígena-- expresa claramente la búsqueda de una real igualdad para este sector de la población. El término "indígena" puede interpretarse restrictivamente, y lo que se busca a través de la reforma es un concepto que englobe tanto los derechos colectivos de los indígenas como los individuales.
La expresión "indígena" en la Constitución es ya un reconocimiento a estos grupos. Por primera vez en la historia y evolución constitucional del país se inserta en su articulado esta mención, producto de la voluntad y deseo del Gobierno de reivindicar derechos, otorgar franquicias y beneficios a estos grupos no considerados y postergados de la sociedad chilena. Finalmente, como una manera de conciliar posiciones y hacer valer una redacción que se acerque a la primitiva, sin perder el espíritu que se tuvo en el mensaje presidencial para legislar sobre la materia, el Ejecutivo presentó las siguientes dos indicaciones:
1 ) artículo único. "Agregase como inciso final del artículo 1 de la Constitución Política de la República, el siguiente: 'El Estado reconoce y ampara a los indígenas que integran la nación chilena y velará por su desarrollo y su adecuada protección jurídica'"[54].
En resumen, del debate parlamentario por una nueva ley indígena,
se obtuvo el siguiente resultado. Reconocimiento constitucional de la existencia
de indígenas en Chile, pero no de pueblos o naciones indias (étnicas)
específicas. En otras palabras, en Chile existen indígenas
mapuche pero no un pueblo o una nación mapuche. También,
se conserva la expresión "integran la nacionalidad", involucrando
la idea de estar insertos, que componen y forman parte de la nacionalidad
chilena. Respecto a los otros incisos que buscaban reformar los artículos
19 y 62 , simplemente se obvian.
4. Nuevo escenario.
Bastenos un sólo dato para dimensionar la magnitud de éste problema. La elaboración de la ley demoró un año, y su tramitación en el parlamento dos años. Todo ese tiempo los dirigentes mapuche en la CEPI, tuvieron que administrar frente a a las reducciones mapuche, la desilusionante información de no contar con ley aún. Los intentos de movilizaciones convocados por éstas organizaciones, como en el caso Quinquen y esporádicamente tras la coyuntura del "Quinto Centenario", permitieron evaluar su escasa capacidad para poner en acción a sus pretendidas bases. Este hecho marco un contraste con la capacidad de Aukiñ Wallmapu Ngulam para movilizar las suyas.
El impacto de las recuperaciones de tierra de Aukiñ Wallmapu Ngulam (1991), sacudió al país entero. Las recuperaciones trajeron a la memoria de los chilenos, la década de los '70 y la ofensiva mapuche por reconquistar tierras expoliadas por latifundistas. Sin embargo, más allá de la publicidad y los discursos, entre octubre del 1991 y diciembre de 1993, AWNg no recupera un gramo de tierra a favor del pueblo mapuche. Es más, entre las acciones de "recuperación" de 1991 y las de mayo de 1992, se produjo un distanciamiento conceptual. La recuperación de tierra en adelante pasarán a conocerse como "recuperaciones simbólicas" de tierra.
Aukiñ Wallmapu Ngulam jugó así, con las necesidades de los campesinos mapuche. Les hizo creer que habría recuperaciones, cuando de lo que se trataba era de ocupaciones simbólicas. Al respecto "...no hay que olvidar que cualquiera posición política, sea del color que sea, que les plantee a las comunidades indígenas la recuperación de la tierras usurpadas va a encontrar seguidores"[55].
Al obrar de esta forma, Aukiñ Wallmapu Ngulam tuvo conciencia que en el período anterior se habían acumulado frustraciones y que había una urgente y creciente demanda mapuche por más tierra. Ellos sabían que muchos mapuche --y también chilenos-- pensaban que en esta transición a la democracia no habría la represión que caracterizó a la dictadura. Probable, en la lógica anterior, que no los sacarían por la fuerza de los predios que ocupaban, asegurando por esta vía una negociación con las autoridades y el latifundio en posición ventajosa. Pero las cosas no resultaron así.
Las ONGs mapuche, continuaron salvaguardando su autonomía. Ellas contribuyeron a hacer posible las metas de las fuerzas democráticas toda vez que le fue requerido, pero su involucramiento no fue más allá. El proyecto de ley de la CEPI, debatido ampliamente al interior de la Coordinadora de Instituciones Mapuche, nunca logró encandilar a sus componentes. Las ONGs mapuche mantuvieron serías reservas respecto a algunos puntos.
Una segunda línea de acción que caracterizaría la praxis de las instituciones, sería la de cubrir los vacíos que dejaban las organizaciones en el escenario político. Así, el año 1990 se echaron encima la responsabilidad de convocar a una concentración de repudio a la celebración del 12 de octubre, cuando las restantes organizaciones particularmente vinculadas a la CEPI no hacían absolutamente nada.
Aún más, el conflicto mapuche pewenche/ENDESA --originado en la construcción de las centrales hidroeléctricas de Alto Biobio-- fue apadrinado por las instituciones en concomitancia con grupos ecologistas chilenos. Y, en el caso de Quinquen también hicieron sus aportes. En resumen, se interesaron por suplir los vacíos de solidaridad y cuando no conducción, dejados por las organizaciones. Esto hizo que cada vez más, las instituciones incursionaran en el campo de la política.
Hay que ser absolutamente claro y responsable ante nuestros pueblos, la sociedad chilena y la historia, que hoy se promulgará una ley no conforme a nuestros pueblos originarios por la sencilla razón de que no están las demandas históricas fundamentales, a nuestro juicio, como es el reconocimiento constitucional, el concepto de pueblo, el reconocimiento a nuestro territorio; no se considera nuestra participación política, y en ese sentido sólo se nos escuchará y no se considera el cambio en el sistema educacional para que se enseñe la verdadera historia hasta hoy tergiversada[56].
Pero no se trato de una batalla perdida en forma absoluta. Se obtuvo una nueva ley indígena, la N 19.253, que conservo gran parte del proyecto original que salió de la CEPI y los congresos indígenas convocados para discutir el anteproyecto. "Sin duda subrayó el Presidente Aylwin , esta ley no es una panacea. No soluciona por si sola todos los problemas, pero es un paso trascendental"[57]. Del mismo modo se refirió a ella la Iglesia Católica. "Es un paso fundamental para que el país entero reconozca la existencia de estas comunidades que tiene derecho por razones históricas y por la condición especial en que viven"[58]. Y algunos miembros del movimiento mapuche se expresaran en similares términos.
Estoy contenta, porque esta ley es parte de nuestras demandas y es fruto de nuestra lucha, pero al mismo tiempo los mapuche no estamos del todo satisfechos porque quedan muchas cosas por solucionar. Aún hay tierras nuestras en manos de otros y esperamos que la ley permita que las recuperemos. Queremos que se reconozca legalmente como pueblos y seguiremos luchando para lograrlo."[59].
La derrota, por tanto, sólo puede ser entendida como parcial. En adelante habré un camino para seguir insistiendo en que el Estado nación reconozca la existencia de sus minorías. Así como, sus condiciones de pueblos (naciones étnicas) y los derechos colectivos que de ello devienen en el derecho internacional.
Analicemos razonadamente Qué somos nosotros los chilenos de hoy sino el resultado de la mezcla de sangres, de tradición y de cultura, de pueblos de distintos orígenes?
Los primeros chilenos fueron las poblaciones autóctonas que
habían en el país: después, los españoles y
después una serie de pueblos que han venido a vivir y a formar parte
de nosotros, alemanes, ingleses, franceses, árabes, etc.
Todos juntos, tenemos ya una historia común, somos el pueblo
chileno. De otra manera, el pueblo chileno no existiría.
Los mapuche son parte indispensable del pueblo chileno, son una de sus raices más importantes y evidentemente sus tradiciones de valentía, de carácter indomable, de partidarios de la libertad, contribuyen a formar las tradiciones más notorias del pueblo chileno[60].
El sistema parlamentario heredado de los militares, cumplía
así su función. Además, dado que las nuevas elecciones
de diciembre del 1993 no variaron la correlación de fuerzas al interior
del parlamento, la derecha chilena podría respirar tranquilos los
próximos años.
5. Conclusión
Si la existencia de hecho de los indígenas --principalmente mapuche-- les recuerda a los chilenos que no son un país blanco y homogéneo (como se presentan en el concierto internacional de naciones), la existencia de derecho de sus minorías --principalmente la mapuche-- pone en jaque su definición monoétnica de estado-nación (nación política). Esto es grave para su psicología estatonacional, por que más allá de la calificación de país de indios a Chile, ellos temen que a los mapuche le entren ganas de formar su propio país. Se invierten así, grandes esfuerzos en tratar de explicar y convencer --convencerse-- de que en Chile somos todos chilenos.
En Derecho Internacional "Pueblo" significa un sujeto de derecho internacional que tiene derecho a "la libre determinación de los pueblos". Esto es a constituirse en Estado y a tener sus propias autoridades y legislación. Este es el sentido que el derecho Internacional da a "los pueblos...en ese sentido el Pueblo Mapuche es parte integrante del Pueblo Chileno... Analicemos razonadamente Qué somos nosotros los chilenos de hoy sino el resultado de la mezcla de sangres, de tradición y de cultura, de pueblos de distintos orígenes?[61].
Es cierto que todos los habitantes del Chile actual tenemos algo en común, pero no lo es tanto que todos seamos el pueblo chileno. El pueblo chileno, en esos términos, no es más que una definición que crea el objeto definido. El pueblo chileno en los términos expuestos por el senador Diaz, sólo es posible como abstracción, más no como realidad sociológica, antropológica o política observable. Los mapuche siguen siendo mapuches (una nación étnica) y se lo creen. Es decir, mantienen su identidad étnica o nacionalitaria (identidad de nación étnica).
El nacionalismo chileno explica el origen del "pueblo chileno" por la fusión de varios aportes, pero fundamentalmente español y el mapuche. Con esta idea, se trata de hacer pasar el mensaje a los chilenos y mapuche, de que a consecuencia de ese hecho fundacional los mapuche ya no existen. Si aceptamos lo anterior, tendríamos que terminar creyendo que lo que vemos a diario en las calles de Temuco o en las áreas rurales de la región mapuche, es surrealismo, sombras o reminiscencias del pasado, pero nunca un fenómeno demográfico-social actual, verídico y vigente.
El nacionalismo chileno, encuentra eco en todo el arco político chileno. En efecto, el nacionalismo chileno encuentra partidarios de derecha a izquierda. Así lo muestran las opiniones incorporadas a este trabajo. Esto es algo que el movimiento mapuche debe reflexionar. Especialmente, aquellos mapuche que aún viven el noviazgo de sus militancias en partidos políticos chilenos (partido estatonacionales).
Esa corriente indigenista, representa un aliado para el pueblo mapuche que no puede ser despreciado. El movimiento mapuche debe cultivar una relación con esa corriente indigenista, pero sin pasar por alto que se trata de elementos que, aunque en menor grado, también representan el nacionalismo chileno. En otras palabras, el movimiento mapuche no puede dejar sus asuntos en manos de chilenos, aún cuando estos representen posiciones progresistas al interior de la sociedad estatonacional. El movimiento mapuche debe permitir a ese indigenismo un rol de acompañante, pero no subordinarse a él, profundizando la historia de dependencia.
Las elecciones aparte de ser hechos relevantes de decisiones del futuro de un país son propias de sociedades en descomposición, de culturas rivalizadas, de sociedades estratificadas, que se disputan el poder para ejercer dominio e imponer concepciones e intereses de un grupo sobre otro o de su mismo pueblo. Las elecciones mediante el voto competitivo son ajenas a la esencia cultural mapuche. Estas son empleadas institucionalmente en el caso mapuche con claro sentido manipulador y atomizante; han sido para convalidar el conjunto del sistema Estatal, del mismo modo que no reconoce la existencia física y cultural mapuche ni sus derechos.
Para luego agregar:
La nueva coyuntura eleccionaria que se avecina, es un hecho al margen de la voluntad de los mapuche que se impone con toda su fuerza jurídica represiva, expresado en la denominada "ley orgánica constitucional de los partidos políticos" que no tiene ninguna consideración especial sobre la realidad mapuche y su modalidad de participación. Los mapuche queremos revertir, denunciar los obstáculos que imposibilitan nuestra efectiva participación, levantando nuestra propia bandera de lucha mediante la representación de candidatos mapuche que surjan de nuestra propia realidad, su presencia no será meramente física o biológica sino que estará fundada y sustentada por primera vez propiciando un proyecto político ideológico mapuche; el que desmantelará y distinguirá los factores que sustentan y promueven la opresión. Su presencia hará notar la dimensión política, social que puede alcanzar un verdadero movimiento autónomo...[62].
Las organizaciones mapuche que trabajaron durante los pasados tres años con el gobierno de la Concertación (todas aquellas que previo al inicio del gobierno de La Concertación se encontraban agrupadas en diferentes bloques), burocratizaron su acción política. Es prematuro aún aventurar que harán estas organizaciones ahora que el compromiso de Nueva Imperial ha cumplido su razón de ser. Por ahora sólo es posible constatar que algunas de ellas comienzan a mostrar actitudes menos condescendiente y más críticas (caso de Admapu). El acto del promulgación de la nueva ley indígena (27 de septiembre de 1993 en Nueva Imperial) ilustra esta observación. Allí se dieron las primeras manifestaciones de inconformidad con lo logrado, y las primeras advertencias respecto a no dormirse hasta conseguir lo que ésta vez fue vedado.
No obstante, es probable que este segmento del movimiento mapuche, se mantengan por el próximo período presidencial en la misma actitud que han mostrado hasta hoy (especialmente Nehuen Mapu, que se anulo desde que la instauración del primer gobierno democrático, pues su presidente es demócrata cristiano al igual que el recién electo Eduardo Frei). Esto, porque en el ánimo de algunos dirigentes mapuche está la idea de que a la ley hay que darle un tiempo para que pruebe si realmente es útil. Por lo demás, ya antes de las elecciones de diciembre de 1993, los mapuches lograron sacar un compromiso del candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia (Eduardo Frei), en el sentido de volver a llevar al parlamento la discusión sobre reconocimiento constitucional. De concretarse ésta idea, la reforma no será posible antes del 1997, fecha en que se renueva la otra mitad del parlamento y en donde la Concertación postularía ganar las elecciones para cambiar el quórum en ambas Cámaras.
Las ONGs mapuche, nacidas posterior a la atomización de Ad mapu, con la redemocratización del país han visto condiciones favorables a la perspectiva de aumentar su número. Los vínculos con los partidos políticos que tienen los miembros de las ONGs mapuche, no son de la misma naturaleza de los que han tenido las organizaciones con los partidos. Un elemento gravitante en esta relación, es el que las instituciones no necesitan al partido para sobrevivir, como ocurre con algunas organizaciones. Se puede llegar a afirmar, por el contrario, que los partidos necesitan de ellas, en cuanto organismos especializados, y en cuanto organismos con medios propios. Los miembros de las ONGs mapuche, se han ganado un espacio en la sociedad mapuche y la sociedad estatonacional, y esto provoca que no entren a una relación con un partido, como si fueran novatos e inexpertos.
Varios de los miembros de instituciones mapuche que militan en partidos estatonacional, lo hacen en el PPD, PS y PDC. Esos partidos, a diferencia del PC, MIR, o los socialistas que se desarticularon, no tiene una política clara desarrollada hacia el sector mapuche. Mejor aún, cultivan nexos orgánicos y estilos de trabajo flexibles (más bien débiles), que hacen que el individuo tenga bastante capacidad de maniobra por si mismo. Se puede hablar de que hay una relación de oportunismo en los miembros mapuches de instituciones hacia los partidos. Ellos tienen consciencia que por esas vía se cultivan relaciones de poder que pueden derivar en nuevos financiamientos o ascensos personales. Se podría conjeturar que hay una percepción de beneficios recíprocos presentes en dicha relación.
Las organizaciones que expresaron la demanda de ese ciclo siguen existiendo y ejerciendo su influencia en el escenario político, pero su rol ya no es el mismo. Carentes de iniciativa política, dominadas por las instituciones estatonacionales chilenas (partidos políticos especialmente), y envueltas en la disyuntiva de ser leales al gobierno democrático y a la sociedad mapuche, se perciben hoy como poco relevantes. Los intentos de levantar postulaciones políticas de sus líderes, a base de granjearse el voto mapuche de las reducciones mapuche, han terminado en rotundos fracasos.
Aukiñ Wallmapu Ngulam también corresponde a ese ciclo.
Ciclo que además se caracteriza por el dominio de los partidos chilenos
en la actividad mapuche. Aukiñ Wallmapu Ngulam no expresa la idea
de un nuevo ciclo en nacimiento y desarrollo como tampoco las restantes
nuevas organizaciones , sino un viejo ciclo tratando de ponerse a tono
con una época que no logra interpretar. A ello se debe la marginalidad
de la acción política de AWNg, la que --pese a todas sus
acciones-- no logro incidir en los acontecimientos políticos. En
otras palabras, no logro arrastrar al Estado a variar y replantearse la
política que hasta ahora ha desarrollado hacia la sociedad mapuche.
En consecuencia, todo me lleva a concluir que no hay un nuevo ciclo.
| Referencias | Notas |
![]() |