Calbucura
Voces
mapuches en Internet
¿Un sociólogo mapuche?
¿Página web mapuche en Internet? ¡Pero qué es
esto, hombre! Lo encuentro muy sospechoso... huele a subversión.
Esa es la gente que alienta las tomas (De un diálogo entre empresarios
madereros).
José Miguel Varas
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| Foto: Claudio Jara |
| www.soc.uu.se/mapuche |
| Jorge
Calbucura, licenciado en historia y Doctor en sociología, investigador
de la Universidad de Uppsala, Suecia, es el creador de la página
web mapuche en Internet, visitada por todos los que se interesan por las
tradiciones, inquietudes, reivindicaciones y denuncias de ese pueblo. En
el Senado el ex Comandante en jefe de la Armada y senador designado Jorge
Martínez Busch afirmó que el apoyo internacional a los mapuches
agravará el conflicto y atenta "contra la unidad nacional". Calbucura
se encuentra en Chile realizando una investigación por encargo de
su universidad. Hace unos días conversó con ROCINANTE. |
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Para mi dice el sociólogo-
la cuestión mapuche ha sido una preocupación básicamente
académica en los últimos cinco años. Un aspecto de
este trabajo ha sido ha sido la estructuración de una página
web en Internet, de la cual yo soy autor, que se llama Ñuke
Mapu (madre tierra). Este proyecto nació como una propuesta
académica de investigación. Generalmente la información
ha estado siempre relegada en algún cajón, inalcanzable para
la gente en general. Entonces yo quise poner a disposición del público
la información respecto al tema mapuche. Posteriormente, esto adquirió
una connotación mucho más inmediata. Diferentes organizaciones
mapuches se fueron conectando y vieron que era importante que su material
también estuviera en esta página. Hoy nuestra página
dispone de investigaciones hechas por mapuches sobre la situación
económica, política y social. También se reciben cartas,
manifestaciones de apoyo o campañas de solidaridad en favor de los
mapuches. Además se reproduce todo lo que sale en la prensa electrónica
y en general, en la prensa mundial. Publicamos en distintos idiomas: sueco,
inglés, alemán y castellano, naturalmente.
-
¿Que eco ha alcanzado? Ñuke
Mapu?
Se reciben cartas, manifestaciones
de apoyo, publicaciones de campañas de solidaridad y, por cierto,
los comunicados de las organizaciones mapuches, que se publican inmediatamente,
O sea, sale un comunicado y el mismo día nosotros los estamos publicando.
Así que el eco es recíproco. Me atrevo a decir que es un
trabajo interesante y eficiente. La página ha tenido por lo menos
50 mil visitantes en dos años. Ya se ha hecho conocida su dirección:
www.soc.uu.se/mapuche.
Creo que se ha logrado el objetivo inicial, que sea un medio de difusión
e información académica. Tres e cuatro universidades de Estados
Unidos, Canadá y Australia han integrado esta página en los
programas de estudios de sus departamentos de castellano, sociología
y antropología.
-
En una sesión especial del
Senado (16.06.99) se habló en forma muy crítica de Ñuke
Mapu...
- Si. Es interesante que para
algunos políticos chilenos esto sea un proyecto "subversivo". Este
planteamiento es muy ilustrativo de la situación existente en este
momento y de cómo se enfoca en esos círculos el conflicto
mapuche. Para determinados sectores políticos, la información
es subversiva. El
senador Martínez sostuvo que nosotros somos un peligro para la unidad
del país. Yo recalco una vez más que éste es un
proyecto ante todo académico. La Universidad de Uppsala, donde trabajo,
se guía por tres principios básicos: educar, investigar e
informar. Este proyecto corresponde estrictamente a esos preceptos y en
razón de esto yo recibo el apoyo de mi departamento. Mi universidad
se preocupa mucho de que los investigadores informen sobre lo que están
haciendo. O sea, se trata de socializar el conocimiento. ¿Esto se
considera "subversivo"?
Jorge Calbucura nació al interior
de Puerto Montt, más allá de Calbuco. Su preocupación
por lo que hoy se llama "el problema mapuche" no fue inmediata. 1973 lo
pilló siendo estudiante de pedagogía en castellano y dirigente
estudiantil en la sede Puerto Montt de la Universidad de Chile. Como todos
los jóvenes de su generación fue absorbido por el caudaloso
torrente político y social de aquellos días.
¿Cómo nació
tu preocupación por la cuestión mapuche?
- Bueno, aunque tenía poca conciencia
del problema tuve una cosa siempre clara: mi apellido tiene un linaje muy
importante. Calbucura o más exactamente Kallfüküra, tal
vez mi tatarabuelo, fue un gran lonko entre los mapuches de Argentina.
Lo llamaron "el rey de la pampa" porque hasta 1882 se mantuvo bajo su mando
un vasto territorio, un enclave autónomo del gobierno de Buenos
Aires. Esto yo lo sabia, tal vez me lo contaron de niño, pero en
los años 70 estábamos demasiado absorbidos por la inquietud
política y la verdad es que yo no entendía mucho de la cuestión
mapuche. En 1976 salí al exilio, a Hungría, y se puede decir
que fue allí, cuando empecé a estudiar, donde tomé
conciencia de lo que llaman "la cuestión étnica". Fue para
mi algo muy impresionante. La diversidad étnica era y es una preocupación
en esos países, como en la mayor parte de Europa. Hay preocupación
por los diversos grupos étnicos, estos son muy celosos de sus tradiciones,
se promueve la preservación de sus valores culturales, hay una legislación
que protege sus derechos, etc.
¿En ese período,
tuviste contacto con otros mapuches?
- Sí. Me encontré con
ellos en el exilio. Fueron aventados por la dictadura y llegaron a diversos
países de Europa. Para mí fue muy importante este contacto.
Mi problema, antes, y el problema de todos nosotros era que nunca habíamos
tenido la oportunidad de intercambiar ideas. Y así descubrí
que existen los otros, los chilenos, y que para ellos nosotros existimos
como mapuches. En 1985 me fui a vivir a Suecia y desde 1988 trabajo en
el Departamento de Sociología de la Universidad de Uppsala.
¿Tienes trabajos publicados?
Sí, un libro titulado "El pasado
es presente", sobre la situación de los pueblos indígenas
en el siglo XX. Se publicó en sueco. También numerosos artículos,
casi todos en inglés y en sueco en diversos campos de investigación.
Uno de ellos es la sociología política. Es un estudio sobre
las carreras políticas de senadores chilenos a lo largo de 50 años.
De ese material he publicado un artículo solamente, en inglés.
Es un proyecto de libro.
No conozco en Chile otra investigación
sobre ese tema.
- A mí me interesa
estudiar cómo se ha conformado la élite política del
país. Hay un área de investigación, llamada en inglés
network,
que
se puede traducir por redes. Desde este ángulo el lazo del origen
familiar es muy importante. En Estados Unidos, donde se ha desarrollado
más este tipo de trabajos, se ha podido establecer la influencia
de los nexos familiares carreras de los políticos que constituyen
la élite.
-
Bueno, en el mundo político
chileno, sobre todo en un determinado sector, son todos parientes. ¿Ocurre
le mismo en otros países?
- Por cierto. Y, además,
este fenómeno se reproduce en todo tipo de élite, no solo
en la política o en la clase dominante. Hay un trabajo de Thompson,
un investigador inglés, titulado "The making of the working class"
en el que hace un análisis de este mismo proceso entre dirigentes
sindicales durante un período histórico, y resulta que también
la élite sindical se va reproduciendo a través de los nexos
familiares. Lo mismo se da, sin duda, en los campos profesionales. En la
política chilena esto es bastante claro. En Estados Unidos y otros
países industriales, desde la perspectiva de la teoría de
la democracia, se decía que esto había desaparecido. Pero
se ha demostrado a través de estudios bien documentados, que no.
Al contrario, el sistema se ha hecho mucho más refinado. En conclusión
se afirma que en EE.UU, 60 familias gestionan y ocupan los lugares donde
se toman las decisiones. En Suecia serian 16 familias; en Chile cuatro
o cinco, no más.
-
¿Y la dictadura militar no
produjo cambios en este aspecto?
- Si. La dictadura desplazó
formalmente la hegemonía de las familias tradicionales, pero en
seguida esas familias se han emparentado con las nuevas familias, que son
en este momento dirigentes.
Jorge Calbucura vino a Chile en esta
ocasión para desarrollar un proyecto de investigación en
la bellísima zona del lago Budi, eI lago de los cisnes de cuello
negro, cantado por Augusto Winter. En esa zona, cuya población es
mayoritariamente mapuche, se encuentra Puerto Saavedra, bautizado así
en honor del general Cornelio Saavedra Lagos, quien como jefe de las tropas
chilenas en la campaña de exterminio llamada oficialmente "Pacificación
de la Araucanía", es responsable de las peores masacres de la historia
de Chile. El otro pueblito, en la misma área, es Puerto Domínguez
y Domínguez, que trajo a los colonos, es considerado el mayor usurpador
de tierras de la Araucanía.
- En toda la zona - dice nuestro
entrevistado -, no existe ningún monumento, memorial o cualquiera
otra forma de recordación de la presencia mapuche. Para mis hermanos
la conquista continúa. Aquí no se han saldado cuentas. No
ha habido compensación en ninguna forma, ni material, ni moral.
Y por eso sigue presente el espíritu de resistencia. Es que desde
la perspectiva mapuche, no se ha reconocido nada, ni los crímenes
ni el despojo y siguen hasta hoy los atropellos. Sobre todo no ha habido
una reflexión profunda. Sólo ha existido el esfuerzo de determinadas
personalidades intelectuales, como Alejandro Lipschütz. José
Bengoa está en esa línea pero el eco de eso no llega más
allá. ¿Dónde están las cúpulas políticas
pensantes?. Hoy existen sólo dos o tres parlamentarios que se hacen
portavoces de las demandas mapuches, dos de izquierda y un demócrata
cristiano. ¿Dónde está el resto? ¿Por qué
no ha surgido un acuerdo programático en ese sentido? ¿Por
qué no hay en Chile un programa del Estado, del sistema educacional,
de los partidos o de las organizaciones sociales y culturales para combatir
al racismo? Ni la iglesia católica ha tomado este tema. Nunca ha
denunciado el racismo como anticristiano, nunca ha hecho una campaña
contra él. Es que, de hecho, el racismo es una cosa totalmente
aceptada en este país... Las estadísticas dicen que un veintitantos
por ciento de la población asume que los mapuches son un lastre
para lo que puede ser considerado la nación chilena, una cifra muy
alta.
-
Ese porcentaje refleja a los que
expresan abiertamente lo que piensan... Debe ser más alto en la
realidad.
- Exacto. En la mayor parte de
la literatura nacional los mapuches son una caricatura. Si se analiza la
iconografía, también las fotografías de la prensa
tienen ese carácter. Y la mayor parte de los mapuches, que viven
en las ciudades, no figuran, no se destacan.
-
¿Cuál es la realidad
que ha encontrado en Puerto Saavedra?
- Esta es una de las comunas
más pobres de Chile. Y, sin embargo, en la región hay ¡34!
diversas organizaciones, del Estado, privadas, ONG, etc. de ayuda social,
de asistencia al desarrollo, de crédito...que viene operando desde
años; algunas, desde los 60. Y, no obstante. Puerto Saavedra sigue
siendo una de las localidades más importantes, por el volumen y
el monto de sus proyectos son la Junta Nacional de Auxilio escolar y becas
(JUNAEB), tal vez la más eficiente, el Instituto de Desarrollo Agropecuario
(INDAP), el Consejo Nacional de Pueblos Indígenas (CONADI). Y uno
se pregunta: ¿qué pasa con tanta asistencia, adónde
va? Los servicios que el Estado chileno teóricamente proporciona,
aquí no llegan más que en mínima proporción.
Por ejemplo, hay 1.600 personas mayores de 61 años y de ellas, sólo
203 reciben jubilación. Electricidad tiene el 43,7 por ciento de
las casas, el 43 por ciento tiene llaves de agua, el 13 por ciento, piso
de tierra. El INDAP que trabaja aquí desde los años 60, sólo
ha otorgado sus créditos a 285 familias de un total de tres mil
173.
Y siguiendo en los marcos de
su investigación, ¿cuáles han sido los efectos de
la división de las tierras?
- Hace 20 años, como efecto de
la política del régimen militar se produjo la división
de las comunidades indígenas. La verdad es que siempre los gobiernos
militares se empeñaron en abolir la propiedad colectiva de la tierra
por las comunidades. A la derecha esto nunca le gustó. Durante Allende
se sancionó el principio de que las comunidades eran indivisibles,
y que para poder dividirlas el 100 por ciento de sus miembros tendrían
que estar de acuerdo. El criterio impuesto por el gobierno militar fue
totalmente al revés: bastaba con la demanda de una persona para
dividir la comunidad y eso es lo que se hizo. En el Estado liberal la propiedad
privada, individual, es jurídicamente inamovible, nadie puede abolirla.
La propiedad colectiva, que sobrevive en algunos casos bajo circunstancias
especiales, está sujeta a vaivenes como los que hemos vivido. La
vuelta atrás, la reconstrucción de la propiedad colectiva
ancestral implica una revolución. Ahí está el dilema
nuestro, de existir en este marco jurídico.
-
¿No existiría una fórmula
que conjugara las normas generales del Estado que conocemos con la consideración
de normas especiales pera los mapuches, como etnia aborigen, de acuerdo
con sus tradiciones?
Difícil. Ante todo, por la limitación
jurídico legal de nuestra existencia como pueblos indígenas.
Nos encontramos ante un Estado que no puede manejar un pluralismo legal
o jurídico. Entonces, la pregunta es si el Estado liberal está
en condiciones de hacerlo. Luego, de una u otra manera va quedando cada
vez más claro que la solución de nuestros problemas atraviesa
por la autonomía. Y no estoy hablando exclusivamente del caso de
Chile. La gran pregunta entonces es: ¿es posible que un Estado como
éste pueda garantizar un subsistema dentro de su sistema? Esa es
una de las grandes preguntas y es lo que vemos como problema a discutir
con la izquierda. Estudios etnográficos y arqueológicos indican
que este pueblo existe desde hace diez mil años. Pero este dato
no es ni ha sido nunca conocido, más allá de estrechos círculos
de especialistas. Por lo demás, nosotros también estamos
en un proceso de redescubrimiento. Pero una cosa si tenemos clara: la expresión
cultural, política y social de los mapuches es una expresión
del reduccionismo, de haber sido reducidos, de haber sido derrotados y
haber sobrevivido, en condiciones paupérrimas, estos últimos
cien años.
-
Parece notarse, a través de
su propio ejemplo, entre otros, la tendencia a la formación de un
núcleo o varios núcleos de intelectuales mapuches, que está
pensando desde un plano teórico el problema. ¿Hasta qué
punto hay una coordinación en este fenómeno?
- ¿Coordinación?
No. Más bien creo que hay coincidencia en un esfuerzo que nos está
llevando a los mismos parámetros de referencia. Pero en esto tampoco
hay que desconocer la influencia de la izquierda. En un momento la mayor
parte de mi generación fue militante de algún partido de
izquierda. Se asumió una expectativa y una proyección revolucionaria.
-
¿influyó en este sentido
el periodo de Allende?
- Sí. En dos sentidos:
uno, que muchos mapuches fueron reclutados por los partidos de izquierda
y dos, que en ese tiempo se dió la oportunidad de estudiar a vastos
sectores de la sociedad chilena. No solamente mapuches, claro. Grupos sociales
que no tenían suficientes recursos económicos pudieron ingresar
a la universidad. Surgió así una camada importante de gente
que logró estudiar y que después siguió haciéndolo
en el exilio. A través de la participación en los partidos
políticos, se aprendió mucho. Toda una cultura que con el
tiempo, se convirtió, sin embargo, en un lastre.
- Resulta que cuando los mapuches
agitadores, militantes del MAPU, del Partido Comunista, del MIR, del Partido
Socialista, de la Democracia Cristiana, pretendieron aplicar ciertos modos
de hacer política al interior de las reservas mapuches - yo siempre
hablo de reservas porque eso son y no comunidades; Argentina, Estados Unidos
y Chile son los tres países donde impera este método -, chocaron
con dificultades. Es que las estructuras de los partidos en general son
jerárquicas. La tradición o el sistema mapuche es asambleísta.
Ese fue uno de los problemas. Bueno, después vino el golpe militar
y luego la crisis del socialismo. Todo esto llevó a la gente de
origen mapuche a repensar un montón de cosas. Encima, vino la victoria
del neoliberalismo y se agudizaron los problemas específicos. Esto
ha llevado a muchos a preguntarse hasta qué punto el Estado liberal
tiene la capacidad de atender las demandas y resolver los problemas de
los pueblos indígenas. Entonces se diversifican dos tipos de demandas:
por un lado la izquierda o los sectores progresistas plantean reivindicaciones
económicas y sociales; por otro lado nuestra gente se encuentra
con la disyuntiva de que en la situación que nos encontramos no
es posible hacer eso.
Hay asuntos o problemas que nos
afectan directamente, como los derechos humanos, la democracia en general...
En estas materias es posible que encontremos propuestas comunes, en función
de reivindicar determinadas justicias, determinadas mejoras en las condiciones
de vida. Pero eso no significa abordar el problema central, la problemática
del Estado liberal frente a nuestra situación particular, como un
pueblo que necesita un espacio jurídico y un espacio territorial.
Y eso la izquierda no lo ha asumido, la intelectualidad no lo ha asumido,
la elite política no lo ha asumido y tampoco la elite religiosa
o la militar.
-
¿No existe entonces una identificación
del pueblo mapuche con los objetivos revolucionarios que plantea a izquierda
más radical?
- La izquierda se planteó
históricamente la revolución como proyecto político
alternativo; esto es, la creación de un modelo nuevo, un proyecto
de emancipación, de nueva sociedad. Pero nosotros, en cuanto mapuches
no somos revolucionarios. Somos rebeldes, defendemos nuestra condición
de ser, la vida ancestral. Así pues, defendemos nuestra relación
con el pasado y la revolución plantea una relación con el
futuro.
-
¿No hay aquí un elemento
conservador, en el sentido filosófico?
- En el sentido filosófico,
sí. Nosotros decimos que el que controla el pasado controla el futuro
y el que controla el futuro controla el presente.
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