Futa Huau: Testimonios de vida, lucha y dignidad
Por Hernán Scandizzo
A 160 kilómetros al noreste de Esquel, en la meseta chubutense, está la comunidad mapuche tehuelche Futa Huau. Veinticinco familias la componen, son las que resistieron los continuos desalojos o las que luego de estos retornaron a su lugar - tras ser condenadas a vivir en los barrios pobres de las ciudades -. Su historia es muy parecida a la de cientos de comunidades originarias. Poco a poco los alambrados de los terratenientes avanzaron y cercenaron su territorio. Al punto que en 1980 Said Bestene - provisto de un comodato transitorio entregado por la provincia - se apropió de la escuela Nº76 levantada dentro de la comunidad y de 1000 ha. pertenecientes a la misma.Los años pasaron y las familias de Futa Huau reclamaron cada vez con más fuerza. En 1997 ocuparon en Esquel las instalaciones del Instituto Autárquico de Colonización (IAC), los funcionarios se comprometieron a darles soluciones, que no llegaban. En abril de 1998 recuperaron el edificio de la escuela - que Bestene utilizaba como galpón - y en setiembre desalambraron las 1000 ha. Tras estas acciones fueron acusados de usurpación, pero más tarde fueron absueltos.
RUBÉN EDUARDO ANTIPAN (31),
werken de la comunidad Futa Huau,
Futa Huau, 7/4/2002.Me decías que están tratando de precisar qué día de abril de 1998 empezaron este proceso de recuperación.
RA: Sí. Nosotros queremos buscar la fecha exacta y que ese día quede para siempre como algo histórico. Porque es la primera comunidad (en Chubut) que se ha decidido a hacer este tipo de acción. Entonces que quede como ejemplo para las demás comunidades.
¿A partir de la recuperación las otras comunidades de Chubut se sienten con fuerza?
RA: Son muchas las comunidades que están en ese proceso pero por ahí todavía les cuesta un poco tomar una decisión como la que ha tomado la comunidad Futa Huau, porque no es fácil. Si no están de acuerdo la mayoría de los miembros de la comunidad no se puede decidir una acción.
¿Por qué decidieron en ese momento la recuperación del territorio?
RA: Primero parte de la comunidad decidió hacer todo un proceso de recuperación de la identidad. Fuimos ganando espacio y dimos aquí, en la escuela, un taller de wizün. Desde Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires) trajimos un profesor que había aprendido con gente originaria a hacer todos trabajos ancestrales.
Fue muy importante porque hoy lamentablemente son pocas las comunidades que están haciendo ese tipo de trabajo. Nosotros recuperamos el trabajo en arcilla y lo que hacemos, lo hacemos con un significado, representamos nuestros lugares o a nuestros antepasados. Pero nuestro territorio estaba totalmente cercado por un empresario privado (Said Bestene). Para hacer una actividad (en la escuela) tenías que ir a pedirle la llave.
Hicimos todos los trámites jurídicos y como la justicia no respondía como tiene que responder, la comunidad decidió pasar a la acción. Decidimos desalambrar mil metros de alambre, entonces invitamos a las demás comunidades y vinieron de Vuelta del Río, Costa de Gualjaina, Sierra de Gualjaina, Gualjaina.
Ahí se logró llegar a un acuerdo con el gobierno y con la justicia. O sea, la justicia respondió recién ahí y salió a favor de la comunidad, porque las tierras fueron devueltas legalmente. Pero tuvo que pasar eso para que responda.Cuando ustedes realizaron la recuperación hubieron varios días de tensión tanto con el terrateniente como con el gobierno.
RA: La comunidad había decidido no abandonar la escuela hasta que no hubiera un acuerdo con el gobierno. Y se logró eso ahí. Llegamos a un acuerdo, que se ocupara el lugar por parte de la comunidad, que quede un miembro a cargo del edificio. En ese momento pasó a quedarse Marcelina Llanquen, que estuvo desde ese momento hasta que se logró hacerle la vivienda.
Nosotros seguimos exigiendo al Estado que refaccione la escuela, porque todavía no han cumplido con ese compromiso. La comunidad recuperó la escuela para que sea habilitada de vuelta y exigía también en ese momento que se hiciera un puesto sanitario. Porque acá en el invierno si se enferma alguien es muy difícil llevarlo hasta Gualjaina.¿A qué distancia están de Gualjaina?
RA: Estamos a 80 kilómetros de Gualjaina.
Y la única manera de llegar es por un camino que en invierno es intransitable.
RA: Los funcionarios también tomaron el compromiso de hacer arreglar el camino. Se hizo una parte, pero no cumplieron con lo que ellos se comprometieron. Todas son promesas. Como decimos nosotros: los gobiernos se van y la comunidad sigue exigiendo. Algún día tienen que cumplir los pedidos que se han hecho.
¿Los niños de la comunidad dónde estudian?
RA: Tienen que ir a la Escuela 137, que es un internado. Uno de los pedidos que hicimos es que haya un vehículo en la comunidad para trasladar a los niños. Al no tener un vehículo en la época invernal es todo un sacrificio. Uno no puede ir cada tanto a visitar a los chicos porque todo es difícil. Salir de a caballo es difícil, porque el camino es intransitable.
¿Y a qué distancia está la escuela internado de la comunidad?
RA: Está más o menos a unos 60 kilómetros.
De la recuperación de la escuela y las tierras han pasado tres años, casi cuatro. ¿Qué ha cambiado en la vida de ustedes desde ese momento?
RA: Los procesos son muy lentos, es difícil cambiar todo rápidamente. A pesar de lo difícil que está hoy la situación del país, que para nosotros en las comunidades y en las ciudades es mucho más difícil, si nos hacemos cargo de una lucha tenemos que seguir luchando y haciendo cosas. Por ahí salen bien y por ahí no salen tan bien. Lo importante es hacer cosas. Si decimos que somos comunidad es porque ponemos en práctica todo lo que pertenece a una comunidad. Por ejemplo el edificio siempre lo utilizamos para reuniones y para hacer encuentros de la comunidad.
A partir de la recuperación de tierras, ¿gente que era de la comunidad y tuvo que irse a Esquel u otros pueblos retornó a Futa Huau?
RA: Parte de los miembros, que en ese momento estaban viviendo en de la ciudad, hoy han vuelto porque es la única forma de vivir dignamente. Vivir en comunidad es mucho más fácil que vivir en la ciudad.
ALCIRA SÁNCHEZ (48),
kona de la comunidad Futa Huau,
Futa Huau, 7-4-2002.¿Usted nació acá, en Futa Huau?
AS: Sí, nací acá, donde vivo. Me fui un tiempo de mi tierra porque nos habían sacado y después volvimos porque no había nada. Volvimos a recuperar la tierra.
¿Quién los había sacado?
AS: Un tal Caminal.
¿Y eso hace mucho tiempo?
AS: Sí, muchos años.
¿Y a la gente a dónde la corrieron?
AS: Acá sacaron casi a la mayoría de los pobladores y los mandaron a Esquel. Donde estamos nosotros ahora no había ninguna casa más. Los habían sacado a todos de ahí. Cuando nosotros recuperamos vinieron todos los demás.
¿Usted me decía que se estudió en esta escuela?
AS: Claro, yo tenía como dieciocho años cuando nos fuimos del lugar. La escuelita estaba atrás de esta. Si hasta los árboles los plantamos nosotros. Cuando nosotros nos fuimos, había quedado la escuela y quedaron puros ancianos. Por eso es que Bestene cerró, los ancianos no hablaban. Por eso les había quitado todo Bestene, hasta el agua (les impedía el acceso al arroyo Cañadón Grande).
¿Bestene en qué momento llegó a esta zona?
AS: Llegó como en el '70, porque cuando nosotros nos fuimos de acá estaba Mature, pero no tenía cerrado todo este predio.
Hasta el cementerio les alambraron.
AS: Si ese cementerio tiene que estar afuera. Si ahí son todos muertos de la comunidad que están ahí encerrados.
¿La comunidad cuanto tiempo lleva acá?
AS: La comunidad se formó hace como seis años.
¿Pero los antiguos desde cuándo estaban por acá?
AS: Puh... Mis tíos hacían kamaruko acá. El lonko Julio Sánchez, que murió hace como dos años, hacía kamaruko en 1914. Los Sánchez eran los kamarukeros más viejos.
¿A sus antiguos desde dónde los corrieron?
AS: Mi abuelo, que era Juan Bautista Sánchez, vino de la parte del Río Colorado (norte de la Patagonia) y mi abuela Elisa Echauri era chilena.
También hubo familias que vinieron corridas desde la provincia de Buenos Aires.
AS: Sí, claro.
¿Y cómo era la vida en la comunidad?
AS: Antiguamente dicen que había una comunidad formada, después empezaron a morir los ancianos se desarmó la comunidad.
¿Y empezaron a meter alambre?
AS: Claro, empezaron a alambrar todo. Privado pa'llá (para allá), privado pa'cá (para acá)... todo. Ni siquiera se podía buscar un palo de leña por ahí, nada.
¿Y por qué decidieron recuperar la escuela?
AS: Nos decidimos porque una hermana (Marcelina Llanquén) decidió volver a su tierra y entonces nosotros la apoyamos.
Se juntaron y decidieron recuperar la escuela.
AS: Claro. Plantamos la bandera un día, nos juntamos y decidimos recuperar la escuela. Porque la escuela no era de Bestene fue siempre de los pobladores.
¿En que año cerraron la escuela?
AS: Dicen que la cerraron en el '82, cuando había niños y ellos se quedaron sin estudiar.
¿Los mandaron al internado?
AS: Claro. Y las cosas de la escuela dicen que las tiene el internado 137. Acá teníamos el cilindro de cocinar, los bancos para sentarnos.
También dicen que algunas cosas las tiene Bestene.
AS: Las debe tener Bestene, en la escuela no hay nada, solamente está la casa.
Las paredes quedaron nada más.
AS: Las paredes y el techo fue lo único que quedó. Si hasta la puerta tenía Bestene en su estancia. La escuela estaba toda sin puertas.
Pero no fue sencillo recuperarla.
AS: No, fue brava. Varios tuvieron miedo y se fueron. Yo dije: "Yo no me voy. Si me toca pegarle a los milicos, le voy a pegar. Si nos pegan ellos, les vamos a pegar también nosotros, no los vamos a dejar pegar solamente". Y me quedé con los chicos. Yo le dije a mi marido: "no voy a dejar solo a mi hijo (el werken Rubén). Me voy a quedar no más. Que vengan si quieren cien policías". Ya teníamos los garrotes listos. Habíamos hecho garrotes de árboles.
Nos llenaron de milicos. "¿Qué van a hacer?", le dijimos nosotros, "si no estamos peleando a nadie, estamos reclamando lo justo".Y ahora que han recuperado la escuela y las autoridades originarias. ¿En qué ha cambiado la vida de ustedes?
AS: Cambió mucho. La autoridad no nos molesta, no tiene nada que venir a hacer porque para eso está el jefe de la comunidad.
¿Usted de donde sacaba la fuerza para la lucha?
AS: Yo muchos años fui piuchen. De ahí saco la fuerza siempre. Yo fui piuchen muchos años en este lugar, en la casa de mi tío y en la casa de mi papá, a donde hacían kamaruko.
Desde que han hecho la recuperación los niños también están recuperando el conocimiento.
AS: Sí, todo el conocimiento. Y los chicos míos en eso están muy adelantados.
¿Y cómo hacen con la educación que reciben los chicos en el colegio? Porque a veces es contraria a la mapuche.
AS: Los chicos dicen que los discriminan. Les dicen que son brutos porque son mapuche. Pero el mapuche no es bruto. Porque antiguamente no teníamos escuela, ¿y cómo éramos educados? Más educados de lo que son ahora. Y nos criábamos en patas, sin calzado, con tamango, con un pedacito de ropa.
Cuando a los niños los tratan de brutos porque son mapuche. ¿Qué les dice a ellos?
AS: Yo les digo que no, que tienen que recuperar su lengua. Por eso es doloroso mandarlos al internado. En cambio, si estuviera la escuelita acá los mando a la mañana y a la tarde ya están en su casa.
Se ahuincan los chicos en el internado.
AS: Sí, se ahuincan y se ponen vagos, no les gusta hacer nada cuando llegan. Cuando vienen no quieren volver a la escuela y para arrancarlos es un dolor. No quieren ir, allá lloran cuando uno los va a dejar. Yo no voy porque se prenden de mí y no quieren que los deje en la escuela.