lunes 15 de abril de 2002
Poder político mapuche
      
En el seno de la intelectualidad del movimiento mapuche existe una amplia diversidad de opiniones y de propuestas en relación a sus expectativas para obtener y ejercer derechos políticos en condiciones de igualdad con los chilenos no mapuches. No obstante su diversidad de posiciones políticas, el pensamiento de todos los intelectuales mapuches se basa en constataciones de circunstancias de hecho que los afectan en común desde el pasado y hasta el presente.

      Las constataciones históricas son fuertes y significativas. Desde la fundación de la República de Chile, los mapuches: tanto como individuos y como agrupación humana dotada de una identidad cultural distinta, han sido, de modo sistemático y permanente, objeto de severas discriminaciones sociales negativas. En Chile no se produjo una excepción a la ideología, dominante sin contrapeso en el mundo hasta recientemente, de la superioridad única de la cultura europea de raíces greco romana y judeo cristiana. No era aceptado, y aún no es aceptado por la extrema derecha chilena, una convivencia social pacífica y estimulante con respeto a una diversidad cultural abierta.

      Desde 1810 los mapuches fueron colocados, sin su consentimiento, en la ineludible disyuntiva: de abjurar de sus orígenes ancestrales e identidad cultural propia para incorporarse con dócil obediencia en los estamentos inferiores de una sociedad de rígida estratificación en clases sociales; o de lo contrario, sufrir la suerte irremediable de extinción que han padecido tantos otros pueblos originarios de América.

      En la guerra de la Araucanía de 1882, vastos territorios cubiertos de ricos bosques nativos, que se extienden desde el sur del Biobío hasta Chiloé, poblados por mapuches que habían alcanzado una cierta prosperidad, fueron "limpiados de indios" y entregados a empresas comisionadas para asentar colonos "blancos": chilenos o extranjeros importados especialmente para el efecto. Los habitantes mapuches sufrieron la expulsión de sus bosques y de su tierras fértiles; el incendio de sus viviendas y sementeras; el robo de sus ganados, de sus herramientas de labranza, de sus joyas y aun de sus ponchos y otras prendas de abrigo. Fue frecuente el secuestro de niños para convertirlos a la servidumbre cautiva de "mocitos" y "chinas". Son pocos los mapuches que conocen la verdad de las atrocidades de la guerra de la Araucanía registradas en historias escritas, pero todos conservan una memoria común de relatos orales concordantes, transmitidos, de generación en generación.

      A continuación de la violenta "pacificación", de estilo romano, de la Araucanía; el despojo de tierras y del producto del trabajo de mapuches prosiguió sin interrupción a través de una infinidad de triquiñuelas engañosas que cumplen con las formalidades adjetivas de la ley. A lo largo de los años se crearon varias instituciones destinadas, oficialmente, a proteger a los indígenas de las rapacidades de los no indigenas. Estas instituciones fueron ineficaces y a menudo, utilizadas mañosamente para facilitar despojos masivos de tierras. En el curso de ciento noventa y dos años, los chilenos no han perdido oportunidad de demostrar que merecen el epíteto de "huingkas", de mentirosos, traidores y peligrosos.

      El gobierno de Patricio Aylwin, con la fundación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, Conadi, sembró algunas esperanzas en parte de la intelectualidad mapuche. La primera oportunidad mayúscula en que Conadi fue puesta a prueba en su capacidad para defender efectivamente los derechos del pueblo mapuche, se dio cuando Endesa, presidida por el famoso José Yuraszeck, debió negociar con familias pehuenches permutas de tierras que serían inundadas por la represa Ralco. El director de Conadi y la mayoría de los consejeros designados por el presidente Frei R.T. objetaron el fondo y los procedimientos de las propuestas de Endesa. Al amparo del espíritu de la Constitución Política autoritaria de 1980, el presidente Frei removió al director y a los consejeros defensores de los derechos de los pehuenches y ordenó la aprobación de permutas, que replicaron, con impudicia, los vicios de consentimiento de error y dolo ya consuetudinarios en contratos de "huingkas" con mapuches. (El ex director de la Conadi, Domingo Namuncura publicó un libro con detalles precisos y muy convincentes sobre las anomalías procesales y de fondo de aquellas malhadadas permutas). La intelectualidad mapuche tiene clara conciencia de esta reciente maniobra "huingka" y ha difundido su conocimiento profusamente en los ámbitos internacionales.

      Lo expuesto describe, de modo somero, las circunstancias de hecho que ningún mapuche desconoce y que sus intelectuales toman en debida cuenta para adoptar las distintas posiciones políticas que mencionaremos en un próximo artículo.

    Carlos Neely I.
 


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