En el seno
de la intelectualidad del movimiento mapuche existe una amplia diversidad
de opiniones y de propuestas en relación a sus expectativas para
obtener y ejercer derechos políticos en condiciones de igualdad
con los chilenos no mapuches. No obstante su diversidad de posiciones políticas,
el pensamiento de todos los intelectuales mapuches se basa en constataciones
de circunstancias de hecho que los afectan en común desde el pasado
y hasta el presente.
Las constataciones históricas son fuertes y significativas. Desde
la fundación de la República de Chile, los mapuches: tanto
como individuos y como agrupación humana dotada de una identidad
cultural distinta, han sido, de modo sistemático y permanente, objeto
de severas discriminaciones sociales negativas. En Chile no se produjo
una excepción a la ideología, dominante sin contrapeso en
el mundo hasta recientemente, de la superioridad única de la cultura
europea de raíces greco romana y judeo cristiana. No era aceptado,
y aún no es aceptado por la extrema derecha chilena, una convivencia
social pacífica y estimulante con respeto a una diversidad cultural
abierta.
Desde 1810 los mapuches fueron colocados, sin su consentimiento, en la
ineludible disyuntiva: de abjurar de sus orígenes ancestrales e
identidad cultural propia para incorporarse con dócil obediencia
en los estamentos inferiores de una sociedad de rígida estratificación
en clases sociales; o de lo contrario, sufrir la suerte irremediable de
extinción que han padecido tantos otros pueblos originarios de América.
En la guerra de la Araucanía de 1882, vastos territorios cubiertos
de ricos bosques nativos, que se extienden desde el sur del Biobío
hasta Chiloé, poblados por mapuches que habían alcanzado
una cierta prosperidad, fueron "limpiados de indios" y entregados a empresas
comisionadas para asentar colonos "blancos": chilenos o extranjeros importados
especialmente para el efecto. Los habitantes mapuches sufrieron la expulsión
de sus bosques y de su tierras fértiles; el incendio de sus viviendas
y sementeras; el robo de sus ganados, de sus herramientas de labranza,
de sus joyas y aun de sus ponchos y otras prendas de abrigo. Fue frecuente
el secuestro de niños para convertirlos a la servidumbre cautiva
de "mocitos" y "chinas". Son pocos los mapuches que conocen la verdad de
las atrocidades de la guerra de la Araucanía registradas en historias
escritas, pero todos conservan una memoria común de relatos orales
concordantes, transmitidos, de generación en generación.
A continuación de la violenta "pacificación", de estilo romano,
de la Araucanía; el despojo de tierras y del producto del trabajo
de mapuches prosiguió sin interrupción a través de
una infinidad de triquiñuelas engañosas que cumplen con las
formalidades adjetivas de la ley. A lo largo de los años se crearon
varias instituciones destinadas, oficialmente, a proteger a los indígenas
de las rapacidades de los no indigenas. Estas instituciones fueron ineficaces
y a menudo, utilizadas mañosamente para facilitar despojos masivos
de tierras. En el curso de ciento noventa y dos años, los chilenos
no han perdido oportunidad de demostrar que merecen el epíteto de
"huingkas", de mentirosos, traidores y peligrosos.
El gobierno de Patricio Aylwin, con la fundación de la Corporación
Nacional de Desarrollo Indígena, Conadi, sembró algunas esperanzas
en parte de la intelectualidad mapuche. La primera oportunidad mayúscula
en que Conadi fue puesta a prueba en su capacidad para defender efectivamente
los derechos del pueblo mapuche, se dio cuando Endesa, presidida por el
famoso José Yuraszeck, debió negociar con familias pehuenches
permutas de tierras que serían inundadas por la represa Ralco. El
director de Conadi y la mayoría de los consejeros designados por
el presidente Frei R.T. objetaron el fondo y los procedimientos de las
propuestas de Endesa. Al amparo del espíritu de la Constitución
Política autoritaria de 1980, el presidente Frei removió
al director y a los consejeros defensores de los derechos de los pehuenches
y ordenó la aprobación de permutas, que replicaron, con impudicia,
los vicios de consentimiento de error y dolo ya consuetudinarios en contratos
de "huingkas" con mapuches. (El ex director de la Conadi, Domingo Namuncura
publicó un libro con detalles precisos y muy convincentes sobre
las anomalías procesales y de fondo de aquellas malhadadas permutas).
La intelectualidad mapuche tiene clara conciencia de esta reciente maniobra
"huingka" y ha difundido su conocimiento profusamente en los ámbitos
internacionales.
Lo expuesto describe, de modo somero, las circunstancias de hecho que ningún
mapuche desconoce y que sus intelectuales toman en debida cuenta para adoptar
las distintas posiciones políticas que mencionaremos en un próximo
artículo.
Carlos Neely I.
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