En el artículo anterior mencionamos las circunstancias de hecho
que constituyen una base común de sustento de una diversidad de
opiniones y propuestas políticas de la intelectualidad mapuche.
En este escrito nos referimos a los motivos de esa diversidad.
Es necesario tener presente que la severidad de la segregación y
discriminación social antimapuche ha sido la causa de que sólo
en las últimas décadas se ha formado una cierta masa crítica
de intelectualidad mapuche. Por primera vez, desde la fundación
de la República de Chile, existen algunos millares de mapuches que
tienen una visión ilustrada y lúcida de la compleja realidad
social que soportan en condiciones de injusta inferioridad. A los mapuche
que ha cursado educación superior, corresponde agregar a los que
se ha autoeducado en una escuela de vida plena de adversidades y especialmente
a los que fueron forzados al exilio por el gobierno militar. En su exilio,
en países europeos, los mapuches enriquecieron su patrimonio cultural
y aprendieron mucho con sus interrelaciones personales con los inmigrantes
del tercer mundo, llegados a Europa en busca de trabajo o como asilados
políticos.
Un contingente significativo de mapuches no ha retornado a Chile. Han tejido
una promisoria red de agrupaciones de mapuches muy activos en la promoción
de apoyos internacionales en favor de su causa. Este fenómeno de
exiliados que trabajan con perseverancia por mejorar la suerte política
y social de su pueblo originario, nación, etnia o religión,
tienen abundantes y encomiables precedentes.
Dado el relativamente escaso tiempo que tiene el inicio de una formación
de conciencia política del pueblo mapuche, como entidad apta para
desempeñar roles protagónicos en el contexto contemporáneo,
es lógico que se dé una gran heterogeneidad de opiniones
y propuestas. Ocurrió lo mismo en las décadas anteriores
a los acontecimientos históricos de mayor trascendencia en los últimos
dos siglos y medio, de la gestación de las independencias de América
de la revolución francesa, de la revolución rusa, de la independencia
de la India, etc. Cada uno de estos acontecimientos fue precedido por una
abundante diversidad de expresiones orales, escritas e impresas, de opiniones
y propuestas cuyo único denominador común era el objetivo
de poner fin al sistema político y social existente.
La activa difusión de expresiones verbales de disconformidad, de
disidencia, de oposición y de rebeldía frente al poder establecido,
da lugar a adhesiones, defensas, rechazos, contrapuestas y en fin a una
deliberación en la cual concurren una infinidad de distintos interlocutores.
Es una deliberación que se propaga por todos los medios de comunicación
disponibles, abiertos o clandestinos. Esta circunstancia crea una especie
de concurso público de ideas. Algunas van, paulatinamente, ganando
más adherentes y defensores que otras, de acuerdo a su plausibilidad
práctica. Las ideas que prevalecen asientan los fundamentos racionales
o de racionalización, que son necesarios para la organización
de partidos o movimientos que logran una capacidad perdurable de iniciar
y conducir acciones políticas efectivas.
Exponemos, a título de conjetura, que el estado de evolución
del movimiento mapuche se encuentra en una etapa primigenia, de una gran
heterogeneidad de opiniones y de propuestas. Las propuestas ya insinuadas
incluyen, la de una independencia nacional, monárquica o republicana,
con recuperación de la diáspora de mapuches que residen en
todo Chile y en el extranjero; las de autodeterminación política
en áreas específicas, culturales sociales y económicas,
con o sin delimitación territorial, sin las atribuciones de un Estado
propiamente tal o con algunas de éstas; las de ganar esferas de
influencia en los espacios permitidos por la actual institucionalidad y
en minoría ínfima, la de entregarse a una asimilación
sin condiciones ni retrocesos.
En prospectiva, resulta evidente que una disminución de la pobreza,
los incrementos de escolaridad y el creciente acceso a productos informativos
de fuentes globalizadas, son factores que cooperan a profundizar y difundir
la conciencia política del pueblo mapuche. Las conductas de segregación
y discriminación antimapuche, que practica en todos los ámbitos
de la vida en común la sociedad mayor chilena, tiene antigua raigambre
socio cultural, es muy resistente a cambios, y refuerzan el sentido de
pertenencia a una identidad étnica propia en todos los mapuches.
Es imposible prever cuándo y en qué forma emergió
un poder político mapuche capaz de ser protagonista autónomo,
pero sí puede afirmarse que los partidos y movimientos políticos
chilenos no podrán continuar por mucho tiempo utilizando a los mapuches
como rebaños electorales mansos o en calidad de pretexto demagógico
para ganar posiciones políticas ajenas a una voluntad política
mapuche autodeterminada.
Carlos Neely I. |