Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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POLITICA INDIGENA
¿ CON O SIN INDIGENISMO ?
Carta para estudiantes, Instituto, amigos mapuches y chilenos.

Victor Toledo Llancaqueo
Temuco, 19 de septiembre,1998.

A raíz de la discusión sobre el Instituto de Estudios Indígenas (IEI) que se circula por internet, lo que sale sobre indígenas en la prensa, y también por la crisis de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) es importante preguntar a las partes ¿no es necesaria la institucionalidad indigenista en Chile? a 20 años exactos de la primera reunión mapuche al alero de la Iglesia (que nadie ha recordado).

En estos días, se cierra un ciclo político completo de política indígena, el que va del Acuerdo de Imperial al Desacuerdo de Ralco. Estamos ante el gran "malón" de fin de siglo, y como siempre ¿los primeros que caen deben ser los "capitanes de amigos" como en todo malón? ¿y éstos deben comportarse como tales? ¿Por qué se llega a explicitar conflicto entre indígenas e indigenistas sin poder escapar al patrón atávico ? Es por eso que escribo estas notas. Más aun cuando el GABB ha anunciado hace dos semanas a las organizaciones mapuche su retiro del Alto Bio Bio "para que tengan plena libertad de conducir el movimiento de defensa" (¿o por qué se han sentido desplazados ?). ¿Por qué?

El indigenismo, el IEI y otros centros, los ecologistas, incluso la CONADI, son necesarios y tienen un rol importante que jugar en la actual coyuntura. El asunto no es estar esperando a quien nombran en "concurso" para hacer rodar la próxima cabeza, o vigilando al del lado, sino adelantarse a identificar qué rol debiera jugar según parámetros pertinentes para las causas indígenas y emplazar firmemente si es necesario pero de acuerdo a roles no a prejuicios raciales, en un momento en que no sobra nadie, y ver que viene para adelante.

Si bien es cierto, en la actual coyuntura el movimiento mapuche tiene la oportunidad de re-definir y asentar su protagonismo en la última gran contienda del siglo, la relación entre mapuche y aliados no puede entrar a un circuito sacrificial como un poker de poderes, tus dos y dos más. Asi se va al despeñadero, para copiar esa palabra fuerte que usó Mapulink para describir el devenir de la democracia en Chile.

Repito que se cierra un ciclo de política indígena, y será en este período 1997-1999 en donde se configurará el nuevo ciclo. ¿Con indigenismo o sin indigenismo ?

LOS HECHOS Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS INDÍGENAS.

El IEI en su comunicado ha pedido referirse a su trayectoria conocida, pero yo quiero referirme primero a los llamados "hechos" del IEI puestos en tela de juicio.

Hay un profundo error en la discusión, los historiadores sabemos que "los hechos" no existen ni hablan, ni son duros u objetivos, y el lema del Diario de Cooperativa siempre me ha parecido equívoco, como es equívoco que las discusiones legítimas entre indigenas e indigenistas y ahora ecologistas se llegue a las descalificaciones y virtuales quiebres. No es internet tal como se la usa ahora el lugar para ventilar juegos de poder transmutados en acusaciones v/s amenazas, tampoco es la prensa, y menos el escenario del Alto Bio Bio, y menos que aparezca el prejuicio étnico. Es mi simple opinión. Hay que encender las luces de alerta y más que solidarizar o sonreir, hay que meditar qué pasa, como encauzar y cada cual ver como influir si es que puede.

Conozco el Diplomado sobre Derechos Humanos y Desarrollo de los Pueblos Indígenas en América latina organizado por el CIESAS en México desde hace ya meses porque fui invitado como expositor en uno de sus talleres, cuyo título es justamente ¿Derecho indígena, con o sin políticas indigenistas?, y como muchos lectores de la Página de la Fundacion Rehue, pude ver oportunamente la Convocatoria y programa publicado. El Diplomado se dirige no solo a lideres indígenas, sino también a investigadores, funcionarios de Organismos No Gubernamentales y Gubernamentales, sin requisito étnico o político. La selección de todos los estudiantes se hizo de acuerdo a los parámetros que se indican en la convocatoria. Por tanto ahí hay desinformación. Puedo entender la frustración que ocasione enterarse tarde, o el sentirse postergado, pero no creo que sea ese el hecho más grave de los tantos en que se pasa por alto y en que se posterga al movimiento mapuche, ni puede descargarse sobre una persona e institución las iras, menos la discriminación al revés, porque asi se niega todo fundamento y legitimidad de la causa indígena, hay que decirlo y deben aprenderlo y comprenderlo cuando se es joven. Hay más cursos y hay otras oportunidades.

En cuanto a los fondos de cooperación, esa es otra vieja cuestión doliente en la relación entre indigenistas y movimiento mapuche, pero hasta donde conozco las fundaciones que se mencionan financian en Chile programas de investigación y desarrollo preferentemente o únicamente a universidades, ONGs, y unidas en consorcios interinstitucionales. Será largo de superar esa sensación de que "aquí nos ocultan algo", y será tema de cada reunión pública la denuncia a las ONGs y si lucran o no, no están eximidas de crítica, pero se puede avanzar en aclarar que también hay fondos de cooperación técnica y financiera, y capacitación a los cuales pueden y deben acceder las organizaciones indígenas de base, y que deben ser apoyadas en ello si así lo desean. Hay menos fondos comparativamente con los años ochenta, por los índices chilenos que nos dejan "fuera de los países elegibles", pero no son pocos los que hay, aunque si exigen un mayor nivel de especialización y existencia de estrategias y programas claros de parte de las organizaciones. Si la organización mapuche de Lumaco exporta productos, y usa la oferta técnica y financiera pública y privada disponible, por qué no pueden llegar a hacerlo las restantes organizaciones: allí hay un ejemplo de claridad de programas y desarrollo de base. Hace algún tiempo hice junto a otras personas una extensa exploración y catastro de fuentes nacionales y externas por encargo chileno al Fondo Indígena Latinoamericano, trabajamos por que su sitio web esté disponible en poco tiempo, también el directorio se lo hemos entregado en diskette (imposible imprimirlo de nuestro bolsillo) y respondido consultas y dado sugerencias en la medida de lo posible, a las organizaciones que lo han solicitado. Otro catastro publicado de fuentes de cooperación para organizaciones es posible de solicitar gratuitamente a la Comisión Mexicana de Derechos Humanos.

Tercero, el By Pass. Si bien considero que hacerse cargo del capítulo sociocultural en el estudio de impacto ambiental del By Pass fue un paso equivocado del IEI por las actuales condiciones y reglas del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), no es un hecho turbio, ni oscuro: fue un paso público. Lo cuestionable puede ser lo que se configura previo a la entrada del Instituto y a éste, como dice el dicho popular se le están "cobrando las habas que se comieron otros burros". Y recurro a la sabiduría popular, porque el humor y los tradicionales mecanismos de las sociedades provincianas son más fuertes que los tribunales cibernéticos. Lo de Truf Truf no es un "escándalo", humanamente hablando es algo triste, nos aprieta el pecho porque era posible otra cosa, pero lo que ocurrió es un resultado colectivo largamente construido, y no todo está perdido.

Referente al estudio que es lo que involucra al Instituto y es lo relevante. El actual reglamento del SEIA que lleva un año de vigencia ha sido fuertemente criticado por especialistas porque impide la objetividad, al ser la empresa interesada la que debe contratar y presentar el Estudio de Impacto Ambiental (EIA), y en el caso de proyectos en zonas indígenas, requiere del informe profesional de antropólogos y/o arqueólogos. Es fácil deducir por un lado que ninguna empresa aceptará presentar un informe que demuestre que su proyecto tiene efectos inmitigables, y por otro lado, que la firma de esas profesiones ayer marginales, ahora valen oro, incluso se importan. Esa compleja situación y múltiples casos además de los temas biogenéticos, son los que nos motivaron a un grupo de investigadores de las ciencias sociales, y a los organizadores del III Congreso de Antropología a tratar el tema de SEIA y Etica en un coloquio específico para identificar políticas de corrección de la situación, mecanismos eficaces. La participación en los coloquios del III Congreso de quien lideró la oposición a Truf Truf, don José Quidel, es significativa y envuelve una lección a los críticos: para criticar a la academia y las profesiones en forma eficaz hay que hacerlo en su código y en su arena. Más que denunciar los problemas hay que buscarle soluciones, no complicarlos más, sino buscar influir para avanzar.

En esa situación actual del SEIA el rol ideal que debiera jugar una universidad es la de arbitro en el proceso de evaluación del EIA, y no de estar contratada por las empresas. También soy de los que consideran que es necesario opinar ahora que el IEI ya está embarcado en la realización del estudio para pedir que haga el mejor papel posible y lo más público y participativo posible por lo serio del asunto.Y si los efectos son inmitigables sostenerlo firmemente, y para saberse apoyado contribuir a que el proceso de estudio así como el de participación ciudadana (que recien debiera iniciarse en octubre de 1998) sea lo más abierto y deje los mayores aprendizajes posibles. No puede volver a repetirse lo que ocurrió con la EIA de Ralco, en que los técnicos indigenistas y ecologistas, acudieron al movimiento indígena recién cuando se llegaba al final del proceso en 1997, y allí se dieron el tiempo y la paciencia de explicar los engorrosos aspectos técnicos, legales y procedimentales de la evaluación de impacto ambiental. Poco podía hacer ya el movimiento cuando se jugaban los minutos de descuento. A lo más expresar enfáticamente su repudio, y presentar con profunda convicción los recursos legales contra la CONAMA y ENDESA y entender el rol específico de la CONADI y emplazar. Sin esa convicción formada hace un año las cosas hoy no serian iguales, queda la duda de la envergadura del movimiento si hubiese habido menos exclusivismo desde el inicio en 1995. Los conflictos territoriales-ambientales y las EIA pueden ser también escuela de derechos colectivos, aunque sea de "cómo ganar perdiendo"

Asi al final qué queda de los "graves hechos", sino lo que señaló el comunicado del IEI, un cuadro de desinformación, pero que como es lógico la desinformación con más información se puede superar.

CUIDAR LOS ESPACIOS Y LA AUTOAFIRMACION MAPUCHE

También considero necesario entregar una opinión en esta situación, no solo por las trayectorias conocidas, y porque a ellas están vinculadas personas a quienes valoro y estimo, por sobre todo por las implicancias para la política indígena que puede tener la opción "sin indigenismo".

Esas mismas razones son las que motivaron como a muchos mi solidaridad con Comunicaciones Mapuche Xeg Xeg, cuando por prensa y Gobierno se le atacó sorpresivamente en un sentido muy distinto y harto más grave. Es necesario cuidar lo que hace a los procesos humanos: las personas, los espacios, los ritos. Sobre todo los espacios interculturales, y eso como la interculturalidad misma por supuesto se aprende. Crear espacios es crear poder. Espacios indígenas o indigenistas en Temuco y en Chile hay pocos, interculturalidad menos.

Espacios. El Instituto también es uno de esos espacios. Claro, no todo es cordial con el Instituto, en lo personal me aburren muchas cosas, su revista acartonada y apolítica que no reemplaza el vacío que dejó la ágil y no menos seria Nutram, que cobren por consultar en casa los libros de su biblioteca, sus estudios sobre las áreas de desarrollo indígena y que copien mapas para un libro y le borren la autoría, el creciente formalismo y ese aire medio distante de academia, en fin, que se olvidaran de organizar las jornadas públicas que podrían haber sido un punto de encuentro periódico y diálogo interétnico muy útil.... Pero no puedo ignorar y permanecer impávido ante una crítica equívoca y respuestas más equívocas aun, porque se ponen en juego una institucionalidad, espacios, personas estimadas y roles muy significativos. Espacios que distinto e igual a otros son muy significativos para la política indígena. Solo por nombrar a dos personas, una chilena y la otra mapuche. Alli está Hugo Carrasco, a quien conozco desde la infancia (mia, claro) y quien además de ser uno de los principales especialistas y recopiladores respetuosos de relatos mapuches, no es un nadie en el campo de la lingüística y la literatura, además es el creador en última instancia de espacios nuevos en la universidad regional movido por su buena voluntad y amor por el mundo mapuche y su lenguaje. También está Eliseo Cañulef que acaba de publicar un libro (1998, 320 pág) del cual escuché hablar hace muchos años, que recoge gran parte de su trabajo sobre educación intercultural, una obra importante que marca un hito, una reflexión autónoma no limitada por el formalismo academicista. Eliseo es orgulloso, de carácter fuerte, de palabras medidas y está pronto a cumplir 50 años, por eso hay que saber leer en todo su significado la breve nota que encabeza su texto: "mi reconocimiento y gratitud para quienes escribieron conmigo este libro: José Aywin al creer que yo podía, María Diaz Coliñir al recopilar y digitar conocimientos...." y sigue...

Me quedó grabado eso de "creer que yo podía", porque dice mucho, y es mucho que se tenga que esperar por décadas que existan los espacios para que los intelectuales indígenas puedan. Don Martín Alonqueo otro intelectual mapuche lingüista autodidacta, "no pudo" aunque dedicó su vida a poder; solo publicó después de muerto, gracias a la generosidad y paciencia de un cura. Esa sola frase en la obra de Eliseo valida al Instituto y al indigenismo.

Creer que el otro puede, eso es empoderar, crear poder para ceder poder. Lo crucial, a mi juicio, es que se persista en esa línea del empoderamiento al movimiento mapuche que es estructural del deber ser del indigenismo, y que no hayan intersticios en la ruca que dejen paso al viento de la duda, porque cuando hay temporal las rucas con huecos la pasan mal.

No ha sido fácil la apertura de espacios en los cuales los indígenas "puedan", ni ha estado exento de conflictos, baste decir que sumando a las personas que han declinado incorporarse y las que se han ido, podrían formar un instituto aparte, muy interesante. Obvio no es el único espacio donde trabajar, ni la única universidad, ni el único centro académico preocupado de lo sociocultural, afortunadamente, y Temuco no es Chile. Hay muchos académicos e investigadores mapuches dedicados a muy diversos temas del frondoso arbol de las ciencias, con un sólido prestigio. Emerge con ímpetu la nueva generación intelectual urbana mapuche que puede por si misma y se abre sus propios espacios, allí está el Centro Liwen, Newen, Aukinko, la Casa de Arte, el programa mapuche de CEDESCO, las instituciones, la estatura de Elicura, los grupos estudiantiles a lo largo del país, la seriedad del trabajo de Elisa, la portentosa sistematización cultural que ha hecho Armando, y también Ramón, y tantos tantos otros que anuncian que ya vienen los textos, las ideas, la conquista plena de la escritura y la maduración del pensamiento autónomo no solo oral sino por escrito y video, en viejo texto y en hipertexto. No publicadas en las universidades chilenas hay más de 230 tesis escritas por estudiantes mapuches, algunas brillantes. El espacio del saber sobre la cuestión indígena es pelea ganada a mediano plazo, por tanto para qué hacer alarde y pelearse por espacios que una marea mapuche incontenible va a desbordar, no digo a un simple instituto sino la institución académica en general.

A mi juicio el punto es otro sobre el indigenismo en Chile incluido el Instituto. Siempre he creido que el indigenismo, como pensamiento y como actores sociales concretos e institucionalidad, es necesario aun en Chile para los procesos de empoderamiento indígena. Y no solo que puede sino que debe jugar un rol en las políticas públicas indígenas. Y Ralco lo comprueba una vez más, así como y el conjunto de la actual situación de las relaciones interétnicas.

No creo que el traslado mecánico de las teorías críticas de otras latitudes acerca de la función y condena del indigenismo sea aplicable sin más en nuestro país. Y ese es aspecto a rescatar de esta cuestión. En Chile el indigenismo ha sido un puente o una intervención hacia el núcleo duro de la sociedad chilena, más que el brazo manipulador huinca en la sociedad indígena. Es por eso que sus figuras más destacadas son intelectuales alejados del poder estatal (Guevara, Lipzchutz, Foerster, Durán, etc). Los cercanos al poder han sido solo Bengoa y Aylwin en los noventa, cuyo principal trabajo ha sido hablarle a su sociedad y negociar con ella, y su principal arte, la paciencia y cuero duro de sparring para soportar la lluvia de flechas de este lado. Nunca ha habido política indigenista propiamente tal, sino en un muy breve período de 1972-73 y 1990-1998. Y no veo ahí, por muchos que sean los eventuales errores (que los hay) razón para tirar agua, niño y bañera.

Recalco este rol del indigenismo chileno, porque es difícil permanecer impávido ante un aspecto crucial de la actual situación étnico-nacional y del cual la polémica en cuestión es apenas una pequeña muestra. A partir de 1997, en medio de los conflictos de Ralco, Lumaco, Arauco y nuevamente Ralco, se van cortando todos los puentes de interlocución entre pueblo mapuche, sociedad chilena, Estado; es efectivo que hay solidaridad chilena, pero es escasa frente a la mayor intolerancia que notamos desde 1997. Los medios de comunicación han sido nefastos como eco de un diseño político irresponsable desde el Estado y lo que brota por doquier es el racismo de esta sociedad pluriétnica.

Los chilenos están en otra; desde un alcalde de aldea que golpea a una profesional mapuche, pasando por un latifundista que balea a un campesino en Galvarino porque le ganó un juicio de tierras, hasta llegar a los grupos económicos que contratan guardias armados, y un premio nacional de historia que pide derogar la ley indígena e intelectuales acusando de radicalismo étnico. Eso si que es un escándalo mayúsculo y a ojos vista.

El movimiento mapuche en su proceso de autoafirmación no puede darse el lujo de emprenderlas sin miramientos contra los ecologistas, los indigenistas, la iglesia, o quien se ponga al lado o por delante, como ocurrió en un seminario en que mapuches jóvenes las emprendieron contra el obispo de Temuco, después contra el antropólogo, después contra el de la ONG, sin importar si era o no mapuche, era otro alli adelante; como en el estadio, el que se para recibe el naranjazo. Esas situaciones, asi como las cartas son indicativas de que falta aprendizaje de un poco de política, es cierto. Hermanos estudiantes, lo digo respetuoso a la libertad de opinion, en aras de la politica.

Por lo mismo pienso que tampoco los ecologistas ni indigenistas pueden darse el lujo de la delicadeza de cutis, ante la autoafirmación mapuche, porque justamente es eso lo que importa y lo que anuncia el nuevo ciclo de política: la autoafirmación del actor social indígena, aun en el error.

El Obispo que ha vivido todos estos veinte años de alzas y bajas de las luchas mapuches ha sido más sabio, no recoge el guante, hace los gestos correspondientes y sigue acompañando. Conoce de esos momentos rituales. En cambio es inmaduro anunciar retiro o querella, o pretender dar una lección a esos jóvenes mapuches insolentes, "soberbios, gallardos, belicosos"... y equivocados. No hay tiempo para irse a las manos, darse de chuecazos como en cierto in-memorable nguillatun, menos para tirarse tortas de espuma por la cara. Lo que se juega es más importante que un duro intercambio de palabras, desaires y descalificaciones fácilmente superables si hay ánimo y propósitos mayores.

Hay que escuchar esa ansia de decir cosas, alegar, denunciar hechos, gritar, esa ansia contenida que sale a borbotones por donde pueda como un gran reclamo por derechos. Hay una enorme frustración y decepción acumulada en distintas capas del mundo mapuche, una larga cuenta de promesas incumplidas por la sociedad política chilena local y nacional, el registro de errores mayores o menores, deslealtades de antiguos aliados con efecto devastador para el alma indígena y que han dejado una larga sombra de desconfianza, a lo que se suma la ira ante múltiples atropellos que emergen numerosos aquí y allá.

El complejo y retrógrado sistema cultural interétnico chileno no sabe cómo procesar conflictos generados por la modernización compulsiva, no tiene repertorio de respuestas nuevas a la mano, está crispado, con mayor razón en La Araucanía. Es cosa de prender el fósforo y, como dice Fernando Villegas, "vivimos la era de la sed de justicia más grande de todos los tiempos y aún incluso en el error, esa llama arde como loca. Tómese razón."

Ardió en Lumaco. ¿tiene que arder en el Alto Bío Bío? ¿tiene que arder la ruca postmoderna del IEI ? Incluso, ¿tiene que arder la CONADI ? Tómese razón.

POLITICA INDIGENA Y GOBERNABILIDAD CIUDADANA

Quiero recalcar lo enunciado al inicio: con Ralco-Lumaco-Arauco se acaba un ciclo político indígena y nace otro, pero ¿cuáles son los contenidos de la nueva política indígena? ¿Sólo responsabilidad del movimiento indígena su reflexión y definición?

El carácter crucial de esta coyuntura también lo conoce el gobierno. Puede que en estas semanas de inmovilidad se esté definiendo la política indígena oficial errada, la que considere, es una hipótesis, que el movimiento mapuche en el Alto Bio Bio pueda ser llevado a una situación de virtual encajonamiento para que el asunto parezca un problema de orden público, en el mejor de los casos, o de seguridad en el peor; a la par se trabaja aceleradamente la "construcción de la salida viable". No soy experto en semiótica ni en Foucault, pero ver actos como el de Isla Huapi el dia 17 (banda, bandera, autoridad, operativo, hacer marchar marcialmente a los niños ante la autoridad), o la constitución de una coordinación de dispositivos de institucionalidad rural, a la par del cambio en la CONADI y la construcción social que hace la prensa de la cuestión indígena como un asunto de pobreza, y "radicalimo étnico" todo eso configura rasgos de la nueva política oficial, errada. "Palo y zanahoria", para decirlo de algún modo ya que el concepto apropiado, a 25 años, está expurgado del vocabulario políticamente correcto chileno.

Y su contravuelta es obvia y obvio su tratamiento. Pero la Araucanía, Alto Bio Bio, Arauco, no es Chiapas, ni en miniatura, aunque los medios y alguna imaginación quiera creerlo y crearlo. Hay que evitar que lo sea, ni en miniatura.

Me temo, siguiendo a Rene Girad, que el movimiento, a falta de chivo expiatorio mayor a quien hechar mano, busque chivos menores y cercanos. Si la energía y el impetu no se canaliza, se vuelve autodestructiva. Y no se canaliza porque no hay propuesta, ni norte claro. Ni actores capaces de dar contenido a la política indígena más allá del activismo, grandes consignas o apelaciones a una moral. Predomina la lógica del conflicto, y en un contexto próximo de crisis chilena la mezcla que resulta de la espiral de tendencias anotadas no es buena. El movimiento indígena puede ser el chivo expiatorio menor para ciertos chilenos.

La cuestión indigena en Chile es un problema de política y gobernabilidad democrática. Debe serlo, y aquí entra el indigenismo. Puede y debe entrar para incidir en la institucionalidad chilena, junto con el movimiento indígena, y contribuir a crear una posibilidad de gobernabilidad ciudadana, no de "indígenas gobernables".

Y eso se juega en la arena pública, en la disputa por la agenda política (de gobierno) y de la construcción de la agenda pública. Y ahí debe jugárselas la institucionalidad que apoya a los indígenas.

¿O no es posible que las armas de la política y la razón comunicativa prueben todas sus capacidades como en Guatemala o el mismo México, pero ahorrarse las crueldades? Hasta donde mi intuición, ardiente pacifismo de veterano de los 80, y la CNN, El Pais y The Guardian me indican, hoy en el mundo la tendencia es buscar salidas negociadas y abiertas a los conflictos interétnicos, no a ocultarlos o exacerbarlos.

Ese espacio de la búsqueda, la reflexión, la maduración de la política indígena no existe hoy en Chile. Hay falso diálogo cuando éste tiene sus límites ya predefinidos, o cuando se imponen las reglas, las jerarquías, o se imponen los códigos de la conversación. Dirimir la disputa conceptual por la definición de la cuestión indígena se le ha dejado a los diarios, y es demasiado obvio el reduccionismo: pobres, pocos, porfiados, culturas distintas, radicalizados.

Explicar que se trata de un asunto de derechos, que los indígenas tienen derechos, que los indígenas están oh sorpresa reclamando que se respete una ley y el estado de derecho, que en el mundo hay más derechos reconocidos a los indígenas que acá en Chile, que incluso la OIT que la preside un chileno. Escribir en la prensa seria, ordenar las ideas y los argumentos, explicar a los señores empresarios, a los colegas académicos, en fin, hacer lobby, convencer al señor Tal y a don Cual, inmiscuirse e incidir en la policy network y en el policy making, eso es responsabilidad del indigenismo académico. Aun.

Incidir en la agenda política, en un pais hiper-institucionalizado con débil sociedad civil, y más débil ciudadanía, solo es posible si se cuenta con institucionalidades. Dentro del Estado el movimiento podría contar con la CONADI si es exigida y emplazada, como lo fue cuando asumió Domingo Namuncura, y debe volver a hacerse, para que quede claro que el primer rol legal es de defensoría de derechos, esa es su prueba, no el color de piel. Si se ha de hundir la CONADI que sea con la bandera al tope si las circunstancias así lo determinan, para saber qué es lo que falta como institucionalidad, cuán enorme es el vacío de indefensión que tienen los pueblos indígenas frente al Estado. Falta un Ombudsman de los pueblos. Fuera de las instituciones del estado, el aun débil movimiento mapuche sólo puede contar con la iglesia y las universidades y algunos individuos de partidos, parlamentarios (con muchos resguardos y asesoría porque no tienen criterio en asuntos indígenas).

Y si la universidad regional tiene un centro especializado, es obvia su responsabilidad e importancia, y es garrafal el error de incinerar, pelearse por confusiones o girar sobre el capital de confianza sin incrementarlo, o encerrarse en un olimpo de academia. Hay que creer que la universidad puede y debe, y como señaló Hugo en un foro, creer que la universidad fue y debe volver a ser la conciencia crítica del país y la región. No solo la Universidad de la Frontera, también la Universidad Católica, la Universidad ARCIS, la Chile, la Academia de Humanismo Cristiano, etc. Y para ser conciencia crítica no basta con publicar un texto epitafio sobre Ralco, sino buscar activamente incidir para cambiar el curso de los acontecimientos, en la medida de lo posible.

También está el ámbito de la agenda pública, la construcción de la propuesta indígena a la sociedad chilena, y de la sociedad chilena; falta opinión, análisis más que declaraciones y ahí nuevamente aparece el rol del indigenismo académico, pero también el de todo aquel que tenga una opinión, no podemos ser mudos lectores de noticias, o simples marchantes, la ciudadanía también es opinar públicamente. Falta abrir los espacios de discusión masiva.

CREAR EL ESPACIO PUBLICO

Recalco otra vez que estamos en el inicio de otro ciclo, por lo mismo no debemos olvidar lo que caracterizó los inicios del ciclo que terminó. El período 1989-1991 fue de intenso debate, un bullir de reuniones, congresos, opiniones diversas. Ese fue el espacio público, el ágora de la cuestión indígena. Y en gran medida fueron los indigenistas, desde la Comisión de Derechos Humanos, el Colegio de Antropólogos, las Universidades, las ONGs, la CEPI (organismo cuasi gubernamental) los que supieron colaborar a que eso fuese posible, organizando o apoyando a organizar múltiples seminarios, foros, cursos de capacitación, paneles, boletines, talleres.

Claro que el error indigenista en el 89-91 fue meterse demasiado en la agenda de la discusión indígena y terminaron por cambiar la demanda por derechos en demanda por desarrollo... Y ahora es esa demanda de derechos robustecida la que pugna por salir y decir, y no debe ser como retórica de revancha sino como lenguaje de diálogo. Si el secretario de la ONU en Viena en 1993 dijo que "los derechos humanos son el motivo último de toda política", en el caso indígena, donde están negados los derechos, hay que decir que los derechos son el motivo primero.

Es necesario entender que es ese continuum de variados tipos de reuniones abiertas, públicas, aquí y allá, lo que constituye lo que podemos llamar en propiedad el ámbito público virtual y sui generis de las políticas indígenas. Los trawunes interminables que hacian los antiguos, deben ser a fines del siglo XX una seguidilla de seminarios, talleres, paneles, asambleas, congresos... en que un multitud hace sus catársis, se tira dardos, se cobra cuentas, se pone al día, se aprende, y va dando forma a los pensamientos, a sus sueños, sus demandas, sus propuestas.

Hay ansia de discutir en el mundo mapuche. No me extrañará que el citado congreso de antropología que se realizará en Temuco será copado, como es copado cualquier convocatoria a seminario y habrá discusión acalorada. Pero ya es tiempo de que los mapuche no solo tengan que andar copando, improvisando, o tomándose espacios pre-estructurados, sino apoyar a que surja un amplio y consistente ámbito público de la política indígena. Espacios abiertos y continuos. Un seminario no hace verano, y encerrados los grupos mapuches cada uno entre sus cuatro paredes no salen buenos sueños, se guettiza y atrofia con desconfianzas un movimiento. Hay que apoyar la creación de espacios abiertos públicos masivos continuos.

Es interesante la experiencia santiaguina en que los sindicatos facilitan espacio físico, los municipios recursos, las ong apoyo, hay un activo intercambio y diálogo mapuche a través del espacio sonoro de la radio Yungay, y que sea una Universidad ARCIS con su escuela de derecho la que se haga cargo de funciones de defensoría indígena. La experiencia comunal de Cerro Navia es indicativa de nueva política pública.

En Temuco, es positivo que los ecologistas apoyen el planteamiento público de asuntos indígenas, pero es bueno recordar que no debe reemplazarse la demanda por derechos ahora por demanda por sustentabilidad. Y aun valorando ese aporte en su generosidad, en la región me es extraño la débil presencia de otras instancias (a excepción luminosa de la Iglesia) y la discontinuidad de los encuentros.

Se necesita ese continuum de encuentros, la plaza pública virtual y neutral donde se desarrollan las confianzas, las palabras, las energías. Donde los más jóvenes hagan su aprendizaje de debate, y los más viejos aporten la sabiduría y los aprendizajes de otros ciclos. Y ahí las universidades, el Instituto, el Centro de Estudios, las instituciones, las ONGs, la iglesia, también los municipios, pueden y deben jugar un papel fundamental en abrir, prestar, financiar, facilitar los espacios. Y nombro entidades que puedan ayudar también con cierta neutralidad que requiere la plaza pública de la cuestión indígena para que puedan llegar todos con confianza, sin miedo al otro.

La política también es cuestión de tiempo, y hoy urgen espacios. Falta ese espacio público para que emerja y encauce esa demanda y se socialice ese lenguaje de los derechos, y pueda haber un diálogo sobre un lenguaje común entre mapuches y entre mapuches y chilenos, y que ambos crean que "el otro puede".

INTERNET TAMBIEN ES UN ESPACIO

Termino esta ya demasiado larga nota a propósito de polémicas, indigenismo y política indígena con una referencia para internautas indígenas e indigenistas, antiguos y jovenes recien llegados (y amigos-varios.net). Internet puede también contribuir a ampliar el ámbito de foro público de la política indígena, pero hay que usar otras herramientas distintas a la mera página web, que es rígida, no interactiva, y aunque pasajera, "definitiva" como un monumento. Son más apropiados para discutir en multitud: el newsgroup, la lista de correo, que no es lo mismo que el mailing masivo que avisa que hay nuevas noticias.

Muchas ideas, diálogos, discusiones, aclaraciones, consensos pueden alcanzarse por esas vías, también en el ciberespacio hay que resguardar el principio de que las discusiones internas se deben dar en el propio patio o galpón, pero no a plena calle, no somos yankees que ventilan por internet arriesgando la estabilidad de todos. Que pueda dialogar la comunidad mapuche e indigenista y amigos varios desde distintos lugares del país y del planeta, la diáspora de la cual nos habla Pedro Mariman en un artículo. Si unos quieren discutir acaloradamente que lo hagan respetando al colectivo y los intereses colectivos, y el que quiere dar una idea que la de, saber que nadie sobra y que las buenas amistades requieren discusión y confianza.

Lo que viene es intenso, duro, y requiere del concurso de todas las mentes y las voluntades, para que todos chilenos y mapuches podamos llegar a estar como dice la papay Nicolasa, "en lo propio, propia ley y propio derecho, unidos en mente, y sin ningún miedo".

Victor Toledo Llancaqueo
Taller de Estudios de Políticas Públicas
Temuco, 19 de Septiembre, 1998