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Año LXXXVII - Nro. 31.141Domingo 28 de abril de 2002

"La violencia no es mapuche"

La realización de los "Diálogos de La Araucanía", convocados por El Diario Austral de Temuco, pretende, como objetivo central, generar un marco de referencia que permita abordar los problemas regionales no desde la visión de incrementar el conflicto, sino que de buscar solucionar sus causas. 

La IX Región, por diversas razones, tiene características únicas en nuestro país. Es una región incorporada de hecho recién en el año 1881 a la República. Presenta una alta ruralidad y presencia mapuche, niveles únicos de subdesarrollo, un nivel per cápita menos de la mitad del resto del país, una débil estructura caminera, bajísismos niveles de rendimiento escolar. Somos, por otra parte, una región, que se encuentra en un lugar expectante en los medios de comunicación nacional, por la creciente conflictividad que en ella existe. Dado que somos para muchos un problema, debemos de realizar un esfuerzo sincero de romper barreras invisibles, prejuicios y estigmatizaciones casi históricas, reconociendo como una realidad que todos vivimos en esta región, que en ella esperamos realizar nuestros sueños y que todos tenemos derecho a que se respeten nuestros derechos fundamentales, y particularmente, nuestra dignidad a ser personas. 

El conflicto en que vive la IX Región es multifactorial y como tal no tiene soluciones fáciles de implementar. No cabe duda que debemos consensuar algunos valores y formas de comportamiento que nos permitan conocernos más, incrementar el diálogo, la confianza. Pero, antes, debemos reconocer que estamos fuertemente prejuiciados por moldes culturales que nos impiden ver al verdadero prójimo. En este aspecto deseo plantear algunas interrogantes que deberemos resolver. 

Existe en nuestra sociedad una doble exclusión social. 

Muchos creen que para ser mapuche se debe ser campesino, poseer poca tierra, ser pobre, tener bueyes, ser aguerrido o violento. Quien emigra a la ciudad o estudia una profesión, quien luego de gran esfuerzo es exitoso, tiene una situación económica sólida y una profesión atractiva, es mirado por sus amigos y vecinos como alguien que se ahuincó, que dejó de ser mapuche. La sociedad global, sin embargo, no es menos contemplativa. Si tiene apellido mapuche y se triunfa en la vida, no faltará quien le diga: "tú de indio no tienes nada". Ello demuestra nuestro reduccionismo cultural, nuestra incomprensión a entender que se puede ser mapuche y ser exitoso en el mundo.
 
 

VIOLENCIA NO 

ES MAPUCHE
 
 

Los medios de comunicación masivos y los propios afectados, como quienes buscan el conflicto, por interés o desconocimiento presentan la violencia actual como violencia mapuche. Conozco muchas personas que trabajan día a día, que son profesionales. Agricultores, pobres y ricos, que no participan ni propugnan la violencia. Hablar de "violencia mapuche" es estigmatizar a la gente, es ayudar a los violentistas. 

Existe un alto riesgo de transformar la violencia en un conflicto racial. 

En una región donde el 39% de la población es mapuche y donde todos con más o menos presencia somos mezclados o champurreas, sólo el respeto recíproco y la integración puede brindarnos la esperanza de un futuro mejor. Ello implica que debemos respetar las expresiones culturales diversas, hacer de ellas una parte de nuestro ser, ver en las mismas un elemento distintivo que nos fortalezca y no un elemento desintegrador que nos destruya. No faltan quienes dicen que el gran error fue no eliminarlos a todos, refiriéndose así, según el caso, para considerar digno de exterminio a los huincas o a los mapuches. La convivencia en nuestra región se expresa en el diario vivir, en matrimonios mixtos, en las relaciones laborales, en las iglesias, en el deporte, en las universidades. ¿Quién es más mapuche o más huinca: los hijos de los exitosos médicos y nietos de grandes caciques apellidados Riedemann Huenchullán o los hijos del dirigente Ancalaf Moreno? ¿Quién representa mejor la raza mapuche: mi amigo Domingo Colicoy, agricultor de toda una vida, o miss Cecilia Quilaqueo, profesora de inglés del Colegio Alemán? 

Más allá de la raza, más allá de los genes, donde el 80% de los chilenos tenemos algo de mapuche, existen personas, individuos, que aspiran a un futuro en paz.
 
 

INTEGRACION O 

DESINTEGRACION
 
 

No todos aspiran a vivir juntos. Existen quienes consideran que llegó la hora de crear estructuras autónomas primero e independientes después. Para ellos Chile es un estorbo, un país opresor. Para lograr tal cometido, existen quienes aspiran a generar un escenario internacional que fomente la intervención y que los problemas sean resueltos en forma tal que logren espacios territoriales propios. Hay otros que buscan unir dicha estrategia con la violencia a las cosas o a las personas, para lograr una reacción que genere opresión y la solidaridad internacional. Esta visión se retroalimenta con quienes creen que todo el problema es de seguridad, que falta más fuerza pública y punto. No entender que lo que hoy vivimos es bueno ante lo que nos puede tocar vivir impide a la gente comprometerse en la solución de los problemas. Si el conflicto no lo solucionamos nosotros, se buscará solucionar en Santiago, donde la región no será sujeto de su propio destino, sino que objeto de la transacción. 

Debe existir un respeto a los derechos fundamentales y una mayor igualdad de oportunidades. 

La pobreza que vive la región es propicia para el desencanto y la desazón. Sin embargo, debemos hacer un esfuerzo y asumir el compromiso de renunciar a la violencia y fomentar el diálogo. Es fundamental reconocer el Estado de Derecho, esa tenue línea que protege a los pueblos de la barbarie. Debemos fomentar la igualdad de oportunidades, creando las condiciones para que todos puedan aspirar a una mayor satisfacción material y espiritual. Ello implica ayudar a los necesitados, con prescindencia del color o de la religión que profesen, de su ubicación geográfica. 

Debemos comprometernos en la solución de los problemas de la región, no atribuyendo la responsabilidad sólo al Estado, sino que comprometiendo a la sociedad civil. Iglesias, empresas, gremios y sindicatos, dirigentes urbanos y rurales deben asumir responsabilidades personales, patrocinar escuelas, emprendimientos productivos, etc.. 

Tan importante como lograr acuerdos es consensuar las diferencias. Ello permite saber lo que nos une y nos separa y así avanzar paso a paso en la solución de problemas. Ello exige, sin embargo, algunas reglas básicas, sin las cuales el diálogo es infecundo o una falacia. Me refiero al respeto recíproco, al respeto de los derechos fundamentales, al respeto del Estado de Derecho. No se puede estar dentro del diálogo, y a la vez promoviendo la violencia.
 

Por Teodoro Rivera. 

Rector 

Universidad Autónoma del Sur.


 

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