domingo 17 de febrero de 2002

En Alto Biobío
La mágica feria de Ralco Lepoy

Texto: Fernando Fuente-Alba
Es un evento rural, de aquellos que sólo se ven en la alta cordillera, aquí 300 personas bajan una vez al mes desde las más recónditas comunidades pehuenches y se reunen en torno a un predio denominado Villakautún en Ralco Lepoy, para asistir a una actividad comercial que les servirá para proveerse de los bienes que les permitirán subsistir en el duro clima del Alto Biobío.

Pehuenches de comunidades como El barco, Los Guindos y Guayalí, esperan esta fiesta mensual, que comienza a las seis de la mañana y termina 12 horas después. A la feria suben vendedores de Los Angeles, Chillán y Concepción, con la intención de suministrar algunos productos que necesitan los pehuenches.

Monturas desde 36 mil pesos son la máxima atracción para los lugareños, aunque la mayoría, debido a los pocos ingresos, prefiere esperar todo un mes a Don Juan Lucares, para que le refaccione la montura que falló, ''sale más barato y conveniente'', señala Juan Gallina, mientras revisa la ''cangalla'' o casquete que le arreglaron para su caballo ''Pinto'' que tiene parado bajo los robles del lugar.

En la feria de Ralco Lepoy, no existe atochamiento, todo se realiza en calma y en forma pausada, el tránsito por la única calle del pueblo, no se ve congestionado, pues los caballos y carretones se estacionan ordenadamente a orillas del camino público y ojalá bajo la sombra de lengas y robles, donde después almorzará toda la familia.

Para la comerciante Karina Cofré, el negocio es bueno, pero nada para entusiasmarse demasiado. Los pehuenches prefieren las novedades y chucherías, pues sólo viven con lo necesario. ''Lo que más se venden son los dulces y los pinches, las niñas de acá se preocupan de verse bonitas'', asegura, mientras vende unas calcetas a una mujer pehuenche.


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