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En la meseta de Somuncurá, en Río Negro: durante tres días atendieron a decenas de personas

Donde las necesidades llegan al límite

Un grupo de médicos y voluntarios recorrió la zona rural y llevó su ayuda a los que viven aislados

Antonio Antón contempla la soledad de la meseta de Somuncurá, mientras espera la llegada de los médicos barilochenses. Foto: Carlos Barría
La odontóloga Janyne Kodorsky atiende a una niña en El Caín . Foto: Carlos Barría

 

EL CAIN, Río Negro.- Poco importan los kilómetros por recorrer, la aridez, el frío, los riesgos de un camino aislado, el cansancio de la marcha y las penurias. De tanto en tanto aparecen voluntades dispuestas a la entrega, aun cuando cueste distinguir quién da y quién recibe. Esta vez, un grupo de voluntarios y médicos convocados por el Instituto Arrayán, un centro de rehabilitación de Bariloche, respondió al llamado de la comunidad mapuche para asistir a los pobladores de una de las regiones más aisladas de la Patagonia: la meseta de Somuncurá.

Alberto Catriel, un agente comunitario que está en contacto con el Instituto Arrayán, transmitió la necesidad de médicos para atender a los que están aislados. Poco bastó para que organizara la expedición el neurocirujano Claudio Wasserman, factótum de la entidad donde 28 profesionales tienden a 200 pacientes.

A la convocatoria respondieron el Centro Mapuche local, la Asociación de Vehículos 4x4 y el Taller de Calzado y Reciclado de Ropa, el Centro de Abuelos Frutillar, el Ente para el Desarrollo de la Región Sur de Río Negro, el hospital de Maquinchao y el Consejo para el Desarrollo de las Comunidades Indígenas.

En un mes organizaron una expedición en la que los contrastes fueron intensos desde su inicio. Comenzó bajo una lluvia por momentos torrencial. Pero Wasserman, conocedor de la zona, sabía que la lluvia cedía ante el desierto hasta desaparecer.

No hay un árbol que altere el horizonte chato de esta planicie enclavada entre Río Negro y Chubut. Ni árboles ni cultivos. Los antiguos la recorrieron en sus correrías de caza de guanacos y choiques. Luego la introducción de ovejas los transformó en pastores sedentarios. Y hace más de una década que la regresión es permanente.

En este pueblo apenas subsisten 200 vecinos. No hay teléfono -Telefónica prometió la reparación de la única línea en varias oportunidades-, ni gas, ni agua. Si difícil es la vida en el poblado, el entorno rural llega al límite. Aislados por caminos intransitables, rara vez abandonan sus ranchos de adobe.

Los médicos se dividieron en cinco grupos y en tres jornadas recorrieron medio centenar de puestos en el campo y decenas de pacientes en el pueblo. "Ha sido sólo el comienzo -explica Wasserman-. Hemos prometido volver a fines de abril", se entusiasma.

Un oftalmólogo es la necesidad más urgente, también necesitan medicamentos contra la epilepsia y un vehículo. Para comunicarse: 02944-436550 o institutoarrayan@yahoo.com.ar .

Pablo Costa

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