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Lunes 28 de enero de 2008

Por Daniela Estrada / La Nación

La experiencia del servicio de medicina mapuche en Nueva Imperial

Tengo hora con la machi

Los pacientes de la zona pueden elegir un variado menú de atención médica en un mismo recinto del Estado: la medicina occidental o la mapuche.

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Recepción del centro de medicina mapuche. Foto: Daniela Estrada.

Un hospital convencional y un centro de medicina mapuche, atendido por curanderas que examinan orina y recetan infusiones, conviven en una experiencia única: el Complejo de Salud Intercultural de Nueva Imperial, en la Novena Región

María Lefio, 66 años, camina con dificultad por la artrosis de sus dos rodillas, diagnosticada seis años atrás en un consultorio público. Su único alivio eran los analgésicos. Pero las pastillas "ya no me hacían nada", dice en la sala de espera del centro de medicina mapuche. Es la tercera vez que va a buscar el "lawen" (remedio, en lengua mapuzungún) que le recetó una de las 14 machis (curanderas) que atienden allí: una infusión de hierbas envasada en dos botellas de plástico transparente. "Desde que tomo el lawen me he sentido mejor, ya no uso bastón", asegura.

Las machis y el "ngütamchefe" (componedor de huesos) atienden aquí de lunes a sábado y son ellos quienes recolectan las hierbas y preparan las infusiones, a cambio de una pequeña retribución monetaria que les entrega la Asociación Indígena Newentuleaiñ, administradora del centro. También participan 11 "lonkos" (jefes) que dictan talleres de difusión cultural.

Los pacientes, o "kutranches", deben cumplir cuatro requisitos para ser atendidos sin pagar: mostrar la cédula de identidad, estar inscritos en el Fondo Nacional de Salud, llenar una carta de consentimiento informado y llevar la primera orina del día, aunque las machis pueden inclusive diagnosticar a distancia, sólo con la ropa del enfermo.

El complejo fue impulsado por los dirigentes mapuches de Nueva Imperial, para abrir espacios dentro del sistema de salud.

Don de sanar

Las machis heredan el don de sanar de sus antepasados. Según su cosmovisión, la enfermedad se produce cuando la persona ha hecho algo malo o siente temor. La machi Juana Licanqueo antes de aceptar la proposición del centro debió consultar a su dios, Nguenechen.

Aunque le gusta sanar, estuvo a punto de abandonar el proyecto. Un día se sintió decaída, no quería levantarse. Pensó que su dios la había castigado. Pero mejoró y volvió a ponerse a disposición de los más de 60 pacientes que llegan a diario.

"Limitamos los cupos porque el proyecto se creó para los mapuches del campo, que no tienen recursos", dice Doraliza Millalén, presidenta de la asociación. Pero también atiende a indígenas urbanos y "chilenos".

Carmen Riffo, de 50 años, llegó a esta medicina tras una década de tratamiento por depresión en hospitales públicos. Riffo, que no es indígena, tiene visiones, pierde el conocimiento y carece de energía. Hace cinco años fue a visitar a una machi, quien le dijo que había sido víctima de una brujería. Inició un tratamiento, pero no pudo seguir pagándolo. Hoy concurre al centro gratuito y dice sentirse mejor, sobre todo porque es comprendida.

Aunque están juntos, el hospital y el centro mapuche distan de tener una relación estrecha. Hasta ahora ambas jefaturas sólo elaboraron un formulario de derivaciones.

Las machis recomiendan continuamente a sus pacientes más graves tratarse con la medicina occidental, pero sólo un médico del hospital ha hecho el camino inverso. En el centro mapuche no se opera ni se atienden partos, si bien posee una sala de hospitalización ("amukon").

El primer año de funcionamiento no fue fácil. Sin marco jurídico que reconozca la medicina indígena, ha obligado a buscar formas creativas de cumplir la ley. Por ejemplo, las machis no aceptan ser contratadas ni entregar boletas de honorarios. Sólo firmaron una carta compromiso de prestación de servicios.

Juana Calluil, directora del centro, cree que se desgastan más en sortear esas trabas que en desarrollar con fuerza la medicina indígena.

Evaluaciones

El Ministerio de Salud creó en 2002 una Unidad de Salud y Pueblos Indígenas que ha promovido iniciativas en diferentes servicios médicos del país. La experiencia de Nueva Imperial es la más importante.

"Todavía estamos en etapa de evaluaciones, pero hemos tenido buena acogida entre la población indígena, que no siempre puede pagar lo que las machis cobran en sus comunidades", indica Cecilia Moya, funcionaria de la unidad.

Pero ve dificultades, como la escasez de hierbas para elaborar el lawen, por la plantación de pinos y eucaliptos exóticos de la industria forestal, la construcción de infraestructura y las fumigaciones.

El director de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, Wilson Reyes, de la etnia atacameña, asegura que el Gobierno trabaja en iniciativas legales de reconocimiento de la salud de los pueblos originarios.

Pese a la creciente difusión de la medicina mapuche, Moya percibe en las comunidades un gran temor a ver institucionalizada su forma de curar. "Piensan que su tradición se desnaturalizará. Ya han perdido mucho", concluye.