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Martes 19 de febrero de 2008 / Por Fernanda Donoso / La Nación

LOS PLACERES Y LOS LIBROS

Yo no soy wingka, capitán

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EL MAPUCHE ES un pueblo que reside en dos países: el territorio indígena, el Meli Wixan Mapu o Wallmapu, abarcaba desde el océano Pacífico al Atlántico, el sur de Chile y Argentina. Un espacio donde wingka (que viene del verbo mapudungún wigkalf, que significa robar) es no solo extranjero, sino ladrón. "Mientras seguíamos recorriendo el territorio mapuche comprendíamos que la derrota sufrida hace más de un siglo vivía encapsulada en el presente", escribe Isabel Hernández, escritora y antropóloga, autora de "Autonomía o ciudadanía incompleta". El suyo no es un libro más: es el fin de una investigación de décadas, y un trabajo polémico donde se unen la historia con la política y la investigación de campo, en una narración que deja oír cientos de testimonios a ambos lados de la cordillera de los Andes.

Aquí se habla de Temuko (escrito con k), de Negrete, Mulchén, Lebu. Y de Chubut, Río Negro, Neuquén, Tierra del Fuego. "Renegado... yo nunca he negado que soy mapuche, en todas partes lo he dicho y lo sigo diciendo, que soy mapuche" (...) "Yo no sé qué hubiera sido de mí si yo no me hubiera reencontrado, ya de viejo, con mi identidad". Las múltiples voces se suman, el lenguaje trasciende la opacidad habitual de las ciencias sociales, los pies de página resultan a veces más apasionantes que el texto: abren otras narraciones. Como en esos libros de Koetzee que se bifurcan en anotaciones hechas para rodear y extender la historia principal.

En este caso, se trata de un recorrido por la "La conquista del desierto", como se llamó en Argentina lo que aquí se conoció de manera oficial como "La pacificación de la Araucanía". La antropóloga recuerda a Juan Kalfulkurá, que en 1872 invadió con seis mil lanceros los partidos bonaerenses de Alvear, y que murió diciendo: "No abandonaré Carhué al wingka". Las cifras de las víctimas de estas pacificaciones se sumaron a la masiva explotación económica y al etnocidio: "Se comete etnocidio cuando se pretende anular la conciencia de pertenencia de una etnia o pueblo-nación. Cuando se pretende acallar la palabra de un pueblo pronunciada en su propia lengua, y cuando se niega a un determinado grupo social y culturalmente diferenciado, su derecho a disfrutar, desarrollar y transmitir su propia cultura"... Hasta hace poco el mapudungún era prohibido en las escuelas chilenas. No es raro que la lucha contra las madereras sea material inflamable. De eso también trata este libro.