Santiago de Chile, Lunes 14 de Enero de 2002

RALCO / LAS HERMANAS QUINTREMAN NO SE RINDEN
Arráncame la vida, antes que mi tierra

Pilar Espinosa

PILAR ESPINOSA
  

Las hermanas Berta y Nicolasa,
de casi 80 y 62 años, han 
recorrido el mundo para 
defender el derecho a 
permanecer en sus siete 
hectáreas.
Cuando doña Nicolasa dice que si le echan agua ahí quedará nadando, habla en serio. Y Berta asiente. Quién pensó que los $20 millones que recibieron de Endesa daba la luz verde definitiva para concretar el proyecto Ralco, se equivocó.

Nicolasa y Berta son las emblemáticas hermanas Quintremán Calpán, líderes de la oposición a la segunda central hidroeléctrica que la empresa construye en el Alto Biobío para generar la energía que el país requiere. Invierte en ello 585 millones de dólares.

Para hacerlo necesita inundar 638 hectáreas de tierras amparadas por la ley indígena. Ese es el punto, porque basta que un pehuenche afectado se oponga, para impedirlo.

El conflicto por Ralco, que comenzó a llenar páginas a mediados de los 90, aún no está resuelto. Por un lado están las necesidades energéticas del país y, por otro, el derecho de las minorías étnicas.

Son luchadoras, dignas, tenaces. Heroínas para algunos. Y también con muchos abriles dice Berta, como para no tener claro lo que les dice su corazón. Ella tiene casi 80 años y Nicolasa, 62. No se achican ante nadie y aunque poco les gusta salir de sus tierras, han recorrido el mundo para defender su derecho a permanecer en ellas. Hijas de Segundo Quintremán Huenteao y Carmen Calpán Paillón, ellos les dejaron esa tierra que antes fue de los abuelos de sus abuelos.

Chachao Dios nos puso aquí y no nos vamos, sostiene Nicolasa.

La broma de Berta

Por qué se comprometieron a negociar, fue la pregunta que muchos se hicieron en esas sesenta horas que transcurrieron entre el jueves 3, día que se conoció el preacuerdo suscrito por Berta Quintremán, y el sábado 5, cuando precisaron que conversar no es permutar.

Reconociendo sentir rabia y pena, Nicolasa explicó: No podemos robar ni matar a la gente que tiene plata. Vinieron muchas veces y hasta agradecieron que los recibiera. No golpeamos ni hicimos mal y a mí no me van a tragar como pescado chico. Y no es todo. Berta dijo que firmó el 28 de diciembre, Día de los Inocentes.

Quienes las conocen aseguran que las ñañas no tienen precio. Que rechazaran casi un millón de dólares lo confirma. Es lo que hicieron al decir no a la más reciente oferta de la empresa: un predio de al menos 70 hectáreas y $200 millones para cada una. Todo por dos hijuelas que, juntas, apenas superan las siete hectáreas. Un buen negocio para cualquiera y al que ellas dijeron, una vez más, no. Como para creer que ni con un saco de oro Endesa podrá doblegar su voluntad.

Voluntariamente no abandonarán sus tierras. Lo han dicho en todos los tonos a quien quiera escucharlas. Lo hicieron una vez más para aclarar la confusión que surgió al conocerse la firma del documento.

Cada una recibió $10 millones y saberlo causó un fuerte impacto entre ambientalistas y detractores del proyecto. La supuesta claudicación de Berta y Nicolasa recordó que en el Alto Biobío el conflicto aún no está resuelto.

Aunque las obras del megaproyecto Ralco - que alcanzan ya a un
50% de avance- se terminen, la central no podrá ponerse en marcha sin un acuerdo.

Por todos es sabido que vencer la resistencia de las hermanas Quintremán como símbolo de la lucha por las tierras ancestrales de los pehuenches, era y sigue siendo lo más difícil. El escrito redactado por el abogado de la empresa Arturo Urzúa y que ellas firmaron, el 3 y 28 de diciembre, pareció por algunas horas un gran avance en el largo camino iniciado en 1999 cuando se autorizaron las primeras permutas.

Un trámite que tampoco estuvo exento de polémicas. Tanto que costó la salida de dos directores de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, Conadi: Mauricio Huenchulaf y Domingo Namuncura. No les resultaba fácil dar el visto bueno. Eran tierras consideradas una mina de oro por la rentabilidad que alcanzarían al permitir la generación de energía y sólo se compensaban con una superficie mayor de hectáreas, yuntas de bueyes, caballos ensillados, vaquillas, buenas casas, corrales y cierta cantidad de dinero. Un par de millones en el mejor de los casos.

Rosario Huenteao Beroíza, Mercedes Huenteao Beroíza, Aurelia Marihuán Mora, aunque recibieron algunos pagos de Endesa por servidumbre de paso o cesión de algunos metros para ensanchar caminos, tampoco aceptan irse.

El único hombre que se opone es Juan Enrique Quintremán Calpán. Tan aferrado está a su tierra, que ni el saludo les da a la gente de Endesa. Aunque poco le gusta hablar y está lejos del protagonismo de sus famosas hermanas, esas 3,30 hectáreas de la hijuela 30 que le dejaron sus padres, no las permuta por nada.

Nada cambia por ahora. Fue la primera opinión de ambientalistas, abogados y detractores del proyecto. Junto con reiterar comprensión, incondicional apoyo y respeto por su decisión, cualquiera que fuera, coincidieron en señalar que para los efectos prácticos el preacuerdo no cambiaba las cosas.

Existen recursos judiciales pendientes y el mismo documento deja una salida.

El abogado Roberto Celedón, luego de conocer los detalles y cómo se gestó, dijo que ni siquiera lo impugnarían legalmente porque contempla la posibilidad de desistirse sin tener que devolver ahora los millones recibidos.

A juicio de Juan Pablo Orrego, quien fuera fundador del Grupo de Acción por el Biobío, lo que las ñañas hicieron fue increíblemente astuto. Lograron unas platitas sin mayores costos ni consecuencias legales para ellas.

Endesa rehúsa pronunciarse. Se limita a asegurar que respeta la postura de las hermanas Quintremán y de las otras familias que mantienen su rechazo, insistiendo en el diálogo para convencerlas. La empresa está segura de lograrlo. Oficialmente señala que asumió un compromiso con el país y cumplirá: en diciembre del 2003 estará operando la primera unidad generadora de Ralco.

¿Cuál será el desenlace?

Nadie parece saberlo. Lo cierto es que ni Endesa está dispuesta a detenerse ni el Gobierno a lanzar un salvavidas a los pehuenches.

Orrego recuerda que Eduardo Dockendorff, recién renunciado subsecretario de la Presidencia, hace unos meses les advirtió que no se iba a buscar una salida administrativa para el conflicto.

En octubre pasado se conoció una propuesta para bajar las cotas de inundación de la represa de tal modo que las tierras de quienes se oponen no queden bajo el agua. Dicen que nunca se estuvo tan cerca de alcanzar un acuerdo.

Pero entonces fue Endesa la que dijo no. A esas alturas bajar las cotas de inundación no sólo era imposible por lo avanzado del proyecto, sino también porque haría inviable económicamente la central.

Más que salida administrativa, el ecólogo sostiene que lo único que corresponde es respetar la legislación. Creo que si ellos tuvieran la esperanza de poder expropiar legalmente no estarían ofreciendo un millón de dólares a dos mujeres pehuenches. Esto es una confesión de que sólo pueden obtener esos predios a través de una permuta voluntaria, indica.

Orrego, pacifista hasta la médula de sus huesos, advierte que el país no resistiría ver imágenes en televisión, o una foto en El Mercurio, de una ñaña sangrante, siendo sacada de su casa a la fuerza.

Y como están las cosas, pareciera que lo único posible sería el desalojo forzado, si a mediados del 2003 Endesa no ha logrado vencer la resistencia de los pehuenches.

Para esa fecha la presa estará lista y el agua comenzará a subir.

No hay resquicios

A Hernán Echaurren, un hombre criado en la zona y para quien el Biobío es lo que para los peruanos Machu Picchu, le parte el alma cada vez que vuelve a esas tierras. Dice que sólo pensar en el río aprisionado lo empujó a involucrarse en su defensa. Y lo hizo a fondo.

No hay resquicio o fórmula alguna que permita a Endesa hacer operar la central sin la voluntad de los pehuenches. La empresa lo sabe desde hace 10 años y si sigue adelante, con su política de hechos consumados, va a perder US$ 500 millones, advierte.

No libra de culpas a los gobiernos de la Concertación por empecinarse en un proyecto que, a su juicio, no es bueno para el país. Como ejemplo menciona lo que sucede en el norte, donde el costo de la energía, ciento por ciento térmica, es más barata, segura y confiable que en el centro sur, predominantemente hídrica.

Sus críticas apuntan a la Conadi, por abandono de deberes. No de otra forma se explica que, si a las hermanas Quintreman les ofrecen una compensación de $100 millones por há, a las 81 familias que ya permutaron les pagaran a razón de $150 mil por igual superficie.

Optimista, Echaurren confía en el regreso del apoyo solidario, como el que el Gaab les daba y que terminó cuando el grupo se disolvió por razones ajenas a su voluntad. Tras el atentado a una empresa contratista, en septiembre pasado, la estadía para los jóvenes se hizo difícil al ser vistos como ecoterroristas.


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