Santiago de Chile, Domingo 3 de Febrero de 2002
En un apartado cementerio indígena de Bahía Mansa fueron sepultadas ayer cuatro de las víctimas de la matanza huilliche.

FUNERALES DE VÍCTIMAS:
Atribuyen a la tardanza judicial la matanza entre huilliches

Soledad Neira

SOLEDAD NEIRA

PUCATRIHUE, San Juan de la Costa.- Pese a la tensión reinante, ninguna reacción violenta se produjo durante las exequias que separadamente realizaron ayer las familias de las víctimas de la matanza ocurrida el miércoles entre dos facciones huilliches de esta localidad rural, en el sector costero de la provincia de Osorno.

En la sede social de la caleta Pucatrihue, distante 67 kilómetros de Osorno, tuvo lugar el velatorio de los cuatro integrantes de la familia Lefián Marileo ultimados por sus oponentes de la comunidad Choroy Traiguén. Frente a ella debió pasar durante la mañana el cortejo con los restos de Víctor Lemui Melillanca (30), sepultados en el cercano cementerio de la Misión San Juan de la Costa.

En la tarde, los cuerpos de Luciano Lefián Naguil (84), Lorenza Marileo Huanupán (81), Erico Orlando Lefián Marileo (50) y de José Esteban Panguinamun Lefián (30) recibieron sepultura común en una fosa común del cementerio indígena de Bahía Mansa, en lo alto de una boscosa colina que domina el paisaje costero.

Los violentos hechos que culminaron en la muerte de los cinco indígenas tuvieron su origen en una disputa de tierras cuya posesión alegan ambos grupos, con base en supuestos derechos ancestrales.

El responso de Víctor Lemui fue oficiado por el sacerdote católico Adríán De Werth. En su transcurso el religioso señaló que en este caso la justicia había actuado con demasiada tardanza y sostuvo que debió haber reaccionado cuando sonó la primera campana de alarma, el pasado 2 de enero.

En esa fecha, un integrante de la familia Lefián fue sacado con violencia desde su hogar, golpeado brutalmente y abandonado desnudo en un camino vecinal. La acción fue perpetrada por un grupo rival de la comunidad Choroy Traiguén.

En este sentido, el sacerdote sostuvo que la sociedad chilena discrimina a los pueblos originarios, no concediéndoles la atención y solución a sus problemas como a otros de sus integrantes.

A su vez, en el servicio religioso oficiado para los miembros de la familia Lefián, el cacique de la delegación provincial Butahuillimapu, Alberto Huenupan, llamó a sus hermanos a confiar en la acción de la justicia, a la que corresponde investigar y sancionar lo ocurrido. En la ceremonia fúnebre estuvieron presentes otros seis sobrevivientes de la brutal golpiza.

María Rosario Lefián Marileo, hija del matrimonio ultimado, exigió que la justicia sea firme y dé una rápida solución al conflicto que divide a ambos grupos indígenas. Pidió también que los hechores no gocen nunca más de libertad, advirtiendo que de no ser así podrían a futuro lamentarse consecuencias aún mucho peores.

La mujer recordó que el día de la agresión su madre se encontraba sentada en lo alto de una loma, cuidando sus corderos. Al ver como era brutalmente golpeada intentó rescatarla de sus atacantes, pero recibió un fuerte golpe en la cabeza que la dejó inconsciente. En su rostro y cuero cabelludo muestra las señales de los golpes recibidos.


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