Santiago de Chile, Lunes 4 de Febrero de 2002
 
Sólo la tranquilidad de saber que no serán desalojados parece ser es la única ventaja de los indígenas del Valle de Quinquén. La falta de medios y de tierras de pastoreo impiden abordar proyectos de desarrollo.
VALLE DE QUINQUÉN:
Fracasa área de desarrollo indígena

Iván Fredes

IVÁN FREDES

TEMUCO.- Transcurridos 10 años desde el traspaso a comuneros mapuches del primer fundo adquirido por la entonces Comisión Especial de Pueblos Indígenas, los habitantes indígenas del ahora emblemático Valle de Quinquén continúan viviendo en similares condiciones de pobreza, con una economía de subsistencia y sin disponer aún de la totalidad de sus títulos de dominio. Reclaman que estas circunstancias los mantienen divididos entre sí y encontrarse prácticamente abandonados a su suerte.

El caso resulta paradigmático, porque en junio de 1992, durante la administración del ex Presidente Patricio Aylwin, fueron adquiridos los fundos Quinquén y Galletué, de 26 mil hectáreas en total, en algo más de US$6 millones, para así evitar el desalojo de 150 pehuenches y dar inicio en el país a la que sería una primera área modelo de desarrollo indígena.

Ricardo Meliñir, lonco de la comunidad de Quinquén, señala que tras 10 años de haber recibido los terrenos lo único que se ha logrado es la tranquilidad de saber que no serán desalojados. Con respecto a los planes especiales de desarrollo para mejorar sus condiciones de vida, laborales y de actividades productivas, "todo quedó en los discursos".

Para el caso de su comunidad, que resultó favorecida con 13 mil hectáreas, después de diez años sólo se han recibido títulos de dominios correspondientes a un paño de 2.675 hectáreas, en tanto que los demás documentos aún continúan siendo tramitados en lo que calificó como "líos burocráticos".

"Hemos recibido más ayuda de organizaciones internacionales que del Gobierno ", sostiene Meliñir, señalando que con ayuda externa construyeron la escuela, la posta médica, un galpón para acopiar piñones, un restorán etnoturístico y un camping, en el sector del lago Galletué.

Según señala, las tierras del Valle de Quinquén son improductivas desde el punto de vista agrícola, forestal y ganadero. Unas 10 mil hectáreas de araucarias no pueden ser explotadas, por tratarse de una especie protegida. Estima que si el Gobierno financiara estudios de suelos, praderas y ganadería podrían desarrollarse actividades autosustentables. "Sin recursos ni ayuda no podemos hacer mucho, salvo vivir tranquilos donde siempre vivimos".

Tierras improductivas
Los anteriores propietarios, la Sociedad Galletué, sólo explotaban veranadas para cerca de 2 mil vacunos, impedidos también de explotar las araucarias, declaradas en 1972 como Monumento Nacional. Así lo explica Gonzaló Lledó, quien estuviera a cargo de la venta de terrenos en representación de sus propietarios. "Creo que fue un error del Gobierno haber comprado esas tierras improductivas, porque había mejores", señala.

Además de las construcciones y proyectos financiados con ayuda internacional, los comuneros del valle cuentan con viviendas obtenidas a través del subsidio rural. Algunos disponen de pequeñas praderas forrajeras de una hectárea, financiadas con créditos del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap); otros han levantado invernaderos para hortalizas, pero todos desarrollan sólo producciones de subsistencia, que no han significado un mayor mejoramiento en su calidad de vida.

"No tenemos luz eléctrica ni movilización", reclama Ricardo Meliñir. Señala que viven aislados seis meses al año, debido al metro de nieve que cubre los caminos durante el invierno precordillerano de Lonquimay.

Aun cuando la comunidad indígena de Quinquén consiguió sus tierras merced a la acción mancomunada de sus integrantes, después de una década se les ve divididos y pidiendo al Gobierno por separado la entrega de sus títulos individuales de propiedad.

El lonco Meliñir admite que durante este tiempo ha sido imposible desarrollar proyectos conjuntos, debido a la imposibilidad de ponerse de acuerdo. "Ahora solicitamostítulos individuales, porque es la única forma de surgir y lograr apoyo de los programas de gobierno".

En su opinión, la propiedad individual de la tierra favorece a los comuneros con iniciativas y proyectos, quienes pueden gestionar directamente ante los organismos estatales autorizados. "En cambio, con la propiedad comunitaria tenemospuros problemas y discusiones", afirma.


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