Santiago de Chile, Lunes 11 de Marzo de 2002

RALCO / SE AVIVA LA HOGUERA
Pehuenches en pie de guerra

Intendente Jaime Tohá.

 

Pilar Espinosa Ribas

PILAR ESPINOSA RIBAS

ALTO BIOBÍO.- En los momentos difíciles los pehuenches suman fuerzas. Olvidan las diferencias por profundas que sean. Como las que han dividido a comunidades y familias, ante el proyecto que les ha cambiado la vida: la central hidroeléctrica Ralco que construye Endesa y que inundará parte de sus tierras.

Esa fuerza es lo que sustenta la advertencia que, en medio de los violentos incidentes del martes pasado, lanzó María Curriao: No hay miedo ni temor. La gente está con toda la valentía y calculamos que vamos a llegar a los 500 pehuenches luchando. Poco después fue detenida con sus huestes.

Una señal peligrosa, sostiene Hernán Echaurren, uno de los huincas que más conoce el territorio pehuenche, fundador del desaparecido Grupo de Acción por el Biobío y tenaz opositor a aceptar que la central Ralco es la solución energética que el país necesita.

Teme que la batalla por el Biobío no se dirima civilizadamente en los pasillos de tribunales y que la lucha pehuenche se convierta en el símbolo de la causa mapuche. Contra el Gobierno y una multinacional que ha ido perdiendo adeptos locales.

Juan Ricardo Gallina, quien trabaja para un contratista de Ralco, es un incondicional de Endesa. Al igual que otras 88 familias de la comunidad Allin Mapu, que él preside, negoció con la multinacional. Todos fueron relocalizados en los fundos El Barco y El Huachi. Gallina alega hoy, sin embargo, que hay cosas pendientes. Nosotros queremos ser pacíficos pero la paciencia también se acaba. Endesa se comprometió a hacer cosas que no ha hecho, dice.

Y otros peñis, con los que antes contaba la eléctrica, son precisamente los que han protagonizado los incidentes más violentos del último mes. Son los liderados por María Curriao. A pesar de que respaldan la construcción de Ralco y que ésta no los afectó directamente (teniendo que dejar sus tierras), alegan que Endesa no ha cumplido con el acuerdo de compensación que suscribió con 184 familias, y con el aval del Gobierno, en 1998.

La empresa sostiene que las platas comprometidas están disponibles (US$2.1 millones) y que concretar las obras de adelanto es responsabilidad del Gobierno.

¿Infiltrados o indígenas?

Que las hermanas Berta y Nicolasa Quintremán ya no están solas en la lucha que iniciaron para no abandonar por nada sus tierras, se vió cuando la empresa inició el traslado de los transformadores que llegaron desde Amberes a Talcahuano.

Las hermanas Quintremán intentaron en cuatro oportunidades bloquear su transporte para exigir la paralización de Ralco.

María Curriao y su gente también se sumaron, pero para que la eléctrica les dé trabajo y concrete las compensaciones ofrecidas.

Entraron además en acción los llamados voluntarios. En su mayoría, estudiantes de Temuco, Santiago, Los Ángeles, Concepción y Valpa-raíso. También algunos extranjeros. Dicen que hace años se turnan para acompañar a las ñañas, comprometidos con sus demandas, el medioambiente y la defensa del Biobío.

A ellos se les acusa de promover la violencia en la zona, de la quema de camiones y de lavar el cerebro a los pehuenches.

Así lo sostiene René Correa, el alcalde de Santa Bárbara, quien ve a Endesa como salvadora de los problemas de su comuna y del país, ensalzando el empleo que genera su inversión de US$540 millones.

El alcalde acusa directamente a José Nain, Aucán Huilcamán, Félix Tranamil y Carmen Paine. A esta última, recomienda llevarla al psiquiátrico y dice que su propio padre, el cacique Bernardino Paine, la internó por tres años. Los sindica como activistas, agitadores e infiltrados. Y en el mismo saco mete a los ambientalistas y extranjeros, que denuncia:

Son los que ponen la plata para pasear por el mundo a unos pocos indígenas que repiten el cassette que ellos les enseñan.

Afirma que puede pasar cualquier cosa porque esto se escapó, no me pregunte a quién se le escapó... eso se sabe.

También asegura conocer a todos y cada uno de los viejos pehuenches y sostiene que no son ellos los que rechazan la central y queman camiones. Por el contrario, el alcalde afirma que no hay nada que no se les haya concedido a las familias relocalizadas y sostiene que viven felices, como nunca antes.

Algo en lo que hasta la propia Endesa coincide. Son hechos ajenos a la manera de actuar de los que viven en Alto Biobío, sostiene su vocero.

Lo mismo cree el intendente de Biobío Jaime Tohá, quien constata que buena parte de los detenidos no es mapuche. Ellos quieren construir su futuro en paz, defendiendo sus derechos, su historia, su cultura, pero no de esta manera, dice.

María Curriao, sin embargo, asegura que no hay infiltrados.

Es una mentira. Quizás les asusta ver que la comunidad es capaz de ponerse de pie y defenderse.

Palabras que queman

Desde Santiago y Concepción, el subsecretario del Interior, Jorge Correa, y el intendente Tohá afirmaron que la central es cosa juzgada y aseguraron a Endesa que el Estado garantizará el término de la obra porque el país lo necesita.

Sus categóricas palabras cayeron como bencina sobre los caldeados ánimos de los indígenas.

Desde Temuco y Arauco, mapuches y lafkenches levantaran indignados la voz para solidarizar con sus hermanos pehuenches y anunciaron diversas manifestaciones de apoyo.

Mientras en Santiago, con más mesura, los abogados y ambientalistas, recordaron que en este país hay tribunales que aún no han dicho su última palabra.

Para el abogado Matías Coll, la afirmación de Correa Sutil resulta doblemente insólita considerando que es abogado. Le recomiendo que vuelva a leer la sentencia de la Corte de Apelaciones de Santiago, ratificada por la Corte Suprema, dice. El fallo, junto con reconocer el marco de legalidad con que Endesa realiza los trabajos, impone condiciones para culminar el proyecto: contar con la voluntad de los pehuenches involucrados.

Y no hay tal. Pocos se oponen. En realidad un porcentaje mínimo. Pero, con uno es suficiente.

La empresa, con más de 54% de avance en las faenas, se mantiene abierta al diálogo. Y asegura que le cumplirá al país y en diciembre del 2003 estará entregando energía.

Es tarde para los reclamos. Ya no hay vuelta atrás, advierte Víctor Gallina, quien trabaja para Endesa como ayudante de minero. Y asegura que estamos mejor, con trabajo, luz y caminos.

A pocos metros, José Reinao, 25 años, de Quepuca Ralco, se prepara para defender, a hondazo limpio, sus demandas, donde y cuantas veces sea necesario.

Cuestionada presencia española

Irónicamente, entre los extranjeros son los españoles los que más gritan por la causa pehuenche. Las autoridades juzgan mal su presencia en el Alto Biobío. Sólo revuelven el gallinero e impiden aquietar las aguas, dicen.

Toni Timoner, residente en Menorca, Islas Baleares, llegó al lugar el lunes último, el mismo día de la quema de un camión a un contratista de Endesa. Una coincidencia lamentable, pero que no le intranquiliza. Nunca optamos por la violencia, sino por el diálogo. Nuestra resistencia
es pacífica.

Representa al Comité de Solidaridad con los Pueblos de América, que se relaciona con el mundo mapuche desde 1998. No tiene temor a ser expulsado, como le ocurrió a Patricia Ballesteros y, ahora, al periodista Marc Serra, a quien se le dio un plazo de 6 días para abandonar el país, por tener su visa vencida.

Serra rechaza cualquier manipulación de los indígenas y dice que pensar lo contrario es insultar la inteligencia de un pueblo que supo resistir tres siglos.

Timoner - muy cercano a las ñañas- logró que toda su isla apagara las luces de Navidad, durante una hora, en protesta contra Endesa, controlada por españoles. Para él, la solidaridad no es sólo la entrega de dinero, sino una relación de pueblo a pueblo.

Ruta de miedo

Váyanse mejor, si no quieren que les pase como a ellos.... La advertencia, hecha al pasar y sin dar la cara - junto a un camión totalmente quemado- , atemoriza.

Es lo que escuchamos exactamente hace una semana, cuando en el sector de La Junta pedimos información a las tres únicas personas que cruzaban por el lugar ... y no eran pehuenches.

Sorprende escuchar a hombres fornidos confesar, desde el volante de un pesado camión, que trabajan con miedo. Uno hace notar que el conflicto de los pehuenches es con Endesa y no con ellos, pero la falta de seguridad les afecta. Mientras los jefes se protegen entre cuatro paredes, nosotros quedamos indefensos.

El abogado Matías Coll pide a las autoridades que aclare los atentados incendiarios. Con el empadronamiento y control obligatorio en Ralco le parece difícil que no se pueda ubicar la camioneta involucrada. Asegura que los pehuenches han sido siempre de protestas pacíficas.

Los indígenas reaccionan indignados. No somos incendiarios. Es la misma empresa la que allega fuego a los camiones porque les tiene seguro, dice María Curriao.

Para Endesa son acciones terroristas y por ello el viernes determinó querellarse contra quienes resulten responsables.


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