martes 9 de abril de 2002
Xenófobos al ataque
      Este artículo es una respuesta al publicado el lunes 18 de marzo por el señor Alfredo Palacios Barra, titulado "Indigenismo al ataque". Definitivamente, el mencionado columnista no entiende nada de lo que está pasando en la Araucanía. Sus opiniones expresan una visión xenófoba tanto hacia los mapuches como hacia quienes solidarizan con ellos. Las explicaciones que buscan la causa del conflicto indígena en el actuar de terceros, muestran su desconocimiento sobre un tema que tiene profundas raíces históricas.
      Acaso sabe el columnista que a mediados de los años veinte del siglo XIX, el Estado de Chile a través de su director supremo, general Ramón Freire, firmó un tratado con las tribus araucanas en donde se reconocía fronteras con el pueblo mapuche. La lógica es simple: si Chile, entonces ya Estado independiente, en un acto soberano firmó un tratado reconociendo fronteras, ¿por qué hoy esa frontera no existe? La respuesta es incluso materia de controversia legal, pero el señor Palacios nada sabe de eso. Quizás nunca se ha preguntado por los sucesos de Ranquil acaecidos a principios de los años treinta del recién pasado siglo XX; ni menos se habrá preguntado alguna vez sobre lo ocurrido en la llamada pacificación, radicación y reducción, todo hacia finales del siglo XIX. Tampoco creo que alguna vez se haya preguntado si la usurpación es un hecho histórico o sólo parte de la "vociferante verborrea" indigenista.
      La xenofobia ciega e impide ver que el problema del Alto Biobío no se inicia con el proyecto de la represa Pangue. Las raíces profundas de la actual situación de los pueblos originarios de América, le guste o no, se remontan al "descubrimiento del nuevo mundo" y en el caso del pueblo mapuche, desde que por primera vez el conquistador español se aventuró al sur de Maule. En ese tiempo no existían los ecologistas, los terroristas, los infiltrados o los agentes extranjeros como cierta prensa actual y sectores interesados profusamente repiten, buscando culpables ajenos a los mapuches como instigadores de este conflicto.
      A menos que usted conozca el dato histórico, no contado hasta ahora, que Leftraru (Lautaro), fue instigado a la rebelión por infiltrados extranjeros o ecoterroristas o quizás algún parlamentario chillón con "oscuros propósitos". Si es así, por favor hágalo público cuanto antes para poner en su lugar a ese Lautaro y denunciarlo como un simple tonto útil de intereses foráneos. ¡Ridículo, no es cierto!
      La ignorancia reduce la historia de Chile a su declaración de Independencia, algunas batallas y uno que otro natalicio. La ignorancia de nuestra historia, práctica fomentada desde siempre por los poderosos, no reconoce a los pueblos su rol en la construcción de nuestra identidad nacional. Para ellos sólo existen la bandera, el escudo, los desfiles y algunos personajes, todos de la aristocracia criolla, como los únicos forjadores y constructores de este país llamado Chile. De nuestros pueblos nada, ellos son ahistóricos, sin historia y escasamente los "rotos" aparecen nombrados en la batalla de Yungay. De los pueblos originarios nada.
      La lectura ciertamente antojadiza de las causas del conflicto en la Araucanía, radicándolas sólo en instigadores foráneos, denota una voluntad de negar al pueblo mapuche su historia, su lugar en la construcción de la nación chilena y su derecho a decidir su propio destino.
      Lamento profundamente que el señor Palacios haga un reduccionismo simplón de este conflicto que nos afecta a todos como chilenos. La descalificación no es lo que se requiere hoy. Todos debemos cooperar en la búsqueda de alternativas que permitan vernos a las caras, reconocer nuestras historias y comprometernos por un Chile integrado, multiétnico, solidario y profundamente democrático. En este esfuerzo no tienen cabida aquellos que al igual que Trizano en la Araucanía y Popper en Tierra del Fuego, vieron en la eliminación física la solución al llamado "problema indígena".
      El problema del señor Palacios es que sabe que la actual etapa del conflicto mapuche es una oportunidad para todos los chilenos por más democracia, por más libertad; es una prueba a nuestra capacidad de tolerancia. Eso es lo que lo aterra. Debe saber que la amenaza no está en la solidaridad con la causa mapuche; la amenaza está en creer que esto no nos compete y dejar el campo libre a los que buscan militarizar la Araucanía en beneficio de sus megaproyectos e intereses económicos.
      Nuestra opción sólo puede ser la lucha por más libertad. En ese camino la solidaridad es la clave.
     Alejandro Navarro Brain
     Diputado PS

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