Proyecto de Documentación Ñuke Mapu
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Opinion 
 
Miércoles 17 de Marzo de 1999

Indígenas y misioneros

Al principio los misioneros tuvieron que enfrentar muchas dificultades, algo lógico en esas regiones. Sin embargo, fueron siendo superadas poco a poco, con mucha paciencia, sacrificios y sobre todo por la espiritualidad cristiana de esos religiosos.

Con motivo de los últimos acontecimientos ocurridos en el país, relacionados con los "mapuches" de la Novena Región, no debemos olvidar que ellos son chilenos, con todos los derechos y deberes de los demás habitantes de nuestro territorio. Deben ser respetados en sus inquietudes y ellos hacer lo mismo con las leyes vigentes del estado de derecho chileno. La iglesia, desde la llegada de los primeros españoles a América, se preocupó preferentemente de la protección de los indígenas en todas partes. En Chile, fue Fr. Gil González de S. Nicolás o.p. el primer defensor de los naturales, correspondiéndole luchar con mucha valentía y hasta "excomulgar" a los que abusaban de los indígenas, en tiempos del gobernador Hurtado de Mendoza, en el siglo XVI.

Algo semejante realizó el P. Valdivia al siglo siguiente, luchando con mucha energía contra los encomenderos que abusaban de los indios. Con lo que logró obtener del rey de España la libertad de los indígenas y la prohibición de hacerlos esclavos. En América, ¿quién no recuerda los trabajos del P. Las Casas en su lucha constante contra los abusos de los colonizadores?

A mediados del siglo pasado, el general Bulnes, que era entonces presidente de la república y gran conocedor de la Araucanía, solicitó a la S. Sede misioneros para evangelizar y educar a los indígenas de esa región. Lo cual le fue concedido por la S. Congregación de Propaganda Fide, enviando a Chile a un grupo de religiosos capuchinos. Arribaron estos misioneros, en enero de 1849, al puerto de Valdivia, presididos por el Padre Angel Vigilio de Lonigo, con el cargo de Prefecto Apostólico en esta nueva misión. Fueron 11 los religiosos que llegaron. Se les asignó como territorio de misión, el lugar comprendido entre los ríos Cautín y Maipué, de mar a cordillera.

Pronto los misioneros tuvieron la exclusiva responsabilidad de las misiones de la Mariquina, Quinchilca, Río Bueno, Quilacahuin, S. Juan de la Costa, Pilmaiquén y otras. Los franciscanos les entregaron las misiones que ellos mantenían en dicho territorio. Al principio, los misioneros tuvieron que enfrentar muchas dificultades, algo lógico en esas regiones, pero fueron siendo superadas poco a poco, con mucha paciencia, sacrificios y sobre todo por la espiritualidad cristiana de esos religiosos.

El Prefecto Apostólico era un hombre activo y con deseos de avanzar siempre en el establecimiento de las misiones. En Bajo Imperial, donde hoy está Puerto Saavedra, puso como misionero al Padre Constanzo de Trisobbio, el cual con sus propias manos empezó a levantar una ruca y una capillita, las que desgraciadamente fueron incendiadas, pero no por los indígenas... A este propósito, los mapuches le dijeron al Padre que para quedarse con ellos era indispensable "que no llevara chilenos para allá". Con razón, pues los indígenas desconfiaban de éstos. Muy pronto, este santo misionero estuvo acompañado por el P. Tadeo de Platter. Ambos levantaron una pequeña escuelita, para enseñar a los indios las primeras letras y el catecismo cristiano. Pero, se encontraron con que los mapuches le tenían temor a la cultura y a la civilización, porque les había traído a sus tierras tantas desgracias, como la guerra, muertes, hambre y despojos de toda clase. Mucho trabajo les costó a los misioneros convencerlos que les permitieran educar a sus hijos. Correría por cuenta de los misioneros, no sólo la educación, sino también buenos regalos a los padres, parientes y amigos de los niños. Después de varios meses, la pequeña escuelita tenía 28 "mapuchitos".

Durante 35 años permaneció con ellos el P. Constanzo en Bajo Imperial. En ese tiempo tuvo que sufrir mucho, por causa de la sublevación de los mapuches "contra los huincas", en los años 1880 y 81, donde le fue incendiada la misión y él se vio obligado a andar a escondidas por los bosques cercanos. A pesar de todo esto, fue muy estimado por los indígenas, que le llamaban "chao mapuche", que quiere decir: "Padre de los mapuches". Además, el P. Constanzo era muy conocido también fuera de la Araucanía, por los remedios que recetaba para los ojos, con yerbas naturales. Era lo que llamaban "el colirio del P. Constanzo". Los años pasaron y muchos misioneros llegaron a estas tierras araucanas. El trabajo era difícil y sacrificado. Se habían fundado ya 15 misiones: en Valdivia, Río Bueno, Daglipulli, Trumao, Quilacahuin, S. Juan de la Costa, S. José de la Mariquina, Toltén, Purulón, Boroa, y otras.

Sin embargo, dos grandes peligros inquietaban a los misioneros capuchinos de la Araucanía: la gran sublevación indígena de los años 80 y la actitud del gobierno de Chile, imbuido por las ideas liberales en contra de la Iglesia Católica y un gran sectarismo. Y así les fueron quitando a las misiones el apoyo material y moral, tan necesario para mantenerlas, en estas zonas tan pobres y abandonadas. "Les molestaba, parece, a estos sectarios gobernantes, que llegara a la Araucanía la civilización y la fe cristiana, por mano de estos sacrificados frailes venidos de Europa". Así se escribe la historia.

P. Ramón Ramírez o.p.
Sociedad de Historia de Concepción
 


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