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Murió la líder cultural mapuche
Fue enterrada ayer en San Carlos de Bariloche. Tenía 112
años, ocho hijos, quince nietos, 52 bisnietos y cinco tataranietos.
SAN CARLOS DE BARILOCHE (Télam)
-- La anciana y líder cultural mapuche Rosa Prafil fue enterrada
ayer en el cementerio de esta ciudad, en el marco de un rito ancestral de
despedida que conmovió a los presentes.
Según sus familiares, la mujer nació
el 30 de agosto de 1888, al pie del cerro Anecón Grande, 70 kilómetros
al suroeste de Ingeniero Jacobaccci, en el centro de la meseta patagónica
rionegrina, 250 kilómetros al este de Bariloche.
Sus padres llegaron a ese lugar junto a otros integrantes
de una comunidad indígena que viajaba hacia el sur desde la zona
de Azul, a fines del siglo XIX, perseguidos por el Ejército, que
realizaba la denominada Conquista del Desierto.
Su padre, Paulino Prafil, era el "lonko", o jefe,
de la comunidad, y su madre, Emiliana Quiñenao, la "pillankuse",
rol que le cabe a la mujer de mayor autoridad del pueblo mapuche, que la
hace portadora del "kimún" o sabiduría ancestral y responsable
de encabezar varias ceremonias.
Al morir doña Emiliana en 1962, Rosa la
sucedió como pillankuse, y le tocó desarrollar numerosos "Nguillipum"
(rito de reafirmación del ser mapuche), "Waj mapu" (culto al universo)
y el "Camaricum", rogativa que en los últimos años presidía
junto a su hermano Juan Sargento Prafil, actual lonko de esa comunidad.
Hacia el mundo no indígena.
En 1930, el gobierno nacional reconoció
la existencia de la comunidad, con 650 habitantes, y le dio un estatus legal,
que entre otros aspectos les reconocía la propiedad de 100.000 hectáreas,
aunque hoy el grupo cuenta con sólo 6.000 hectáreas.
A poco tiempo de asumir su liderazgo, Rosa Prafil
se caracterizó por abrir a la comunidad hacia el mundo no indígena
y fomentar el rescate de costumbres ancestrales, como el Camaricum y el
uso de la lengua originaria.
Admirada por los más jóvenes de la
comunidad, que ayer en el entierro tuvieron amplia presencia, Rosa fue la
primera en invitar a las rogativas a personalidades de las ciudades de la
región y a integrantes de otros pueblos mapuches.
Como en Anecón las condiciones climáticas
y geográficas son muy duras, y la salud de Rosa se tornó más
precaria, desde hace unos años vivía en Bariloche, donde era
una vecina distinguida.
El año pasado, su cumpleaños 112
se transformó en un evento de gran trascendencia, que inclusive atrajo
a canales de televisión, radios y medios gráficos de todo
el país.
Hasta los últimos días, Rosa demostraba
absoluta lucidez, apenas opacada por una profunda sordera que complicaba
la comunicación con personas que no fueran de su entorno.
De todos modos, siempre accedía de buen
grado a entrevistas periodísticas, en las que sacaba a relucir su
pasión por la cultura mapuche y su condena al maltrato que recibieron
del resto de la sociedad argentina.
La Nueva Provincia (Bahía Blanca), 26 de Julio.