Santiago de Chile,  Miércoles 18 de Abril de 2001

 

Rostros con identidad

Pilar Espinosa

En Chile hay niños que llevan sobre sus hombros el legado de sus ancestros. Saben pastorear llamas, recolectar piñones, cultivar quínoa y cosechar papas. Pequeños que en el norte elevan sus plegarias a la Pachamama y en el sur, al Ngnechen. Si bien son parte de los tres millones 771 mil niños entre 0 y 12 años que existen en Chile, según el censo de 1992, no son ni "huincas" ni "qaras", como mapuches y aimaras denominan a los "otros" chilenos. Allá en el norte están los Chaura, Inquiltupa, Mamani, Allavire, Quispe, Choque. En el sur, los Catril, Hueque, Curihuentru, Antileo, Neculmán, Huenupil.

No existen muchas diferencias físicas entre los pueblos originarios. Hay altos, bajos, gordos y flacos, pero el común denominador en ellos es su piel morena, pelo oscuro, liso y grueso. Sólo los ojos marcan la diferencia. En los extremos de nuestro territorio, norte y austral, aimaras, atacameños y káwesqar, destacan por sus ojos rasgados. Los mapuches, en cambio, tienen ojos más bien redondos.

Estos son los rostros de esos niños que estudian, juegan, lloran, ríen y también sueñan. Que se cubren la cabeza con sombreros de paño o gorros de lana, tocan la zampoña y el cultrún, bailan carnavalito en el norte y el purrún en el sur. Son los herederos de aimaras, veliches, káwesqar, atacameños, mapuches, huilliches, yámanas y rapanui. Pero, por sobre todas las cosas, son sólo niños...

Por Pilar Espinosa

Nieta de Cacique

Con nombre de leyenda, Millaray de Lourdes Curihuentru Lincomán, 6 años, es nieta del cacique de las comunidades huilliches de Compu, Chiloé, Carlos Lincomán Lincomán. Millaray, hija de madre veliche y padre mapuche, heredó las característica de la etnia materna: alta para su edad, de extremidades alargadas y finas. La delgadez hace que en sus rostro destaquen los ojos oscuros. Los veliches, junto a los chonos, fueron los originarios habitantes de Chiloé. Los pocos descendientes de este pueblo viven al sur de la isla grande y en las cercanías del volcán Hornopirén, en Chiloé Continental. Estos indígenas destacan entre los otros grupos étnicos del país por su elevada estatura. También sobresalen en el rostro los arcos superciliares pronunciados, pómulos levantados, labios gruesos y pelo muy oscuro.

Del Ayllu al Barrio

Siempre sonriente, aunque de pocas palabras, Juan Daniel Chaura Mamani, 5 años, tiene los ojos pequeños y rasgados, características propias de su etnia. Y también, los apellidos, auténticamente aimaras. Los otros rasgos que identifican a los indígenas del altiplano, según la descripción que en 1952 hizo el investigador norteamericano Harold Osborne, son la cara ancha y larga con pómulos prominentes, su boca grande, labio inferior más grueso, saliente y combado en el centro, pelo tieso, negro y fuerte, los que se van acentuando con el crecimiento. Oriunda de la localidad de Guallatire, a 220 km de Arica, en el límite con Bolivia, la familia dejó la vida en los ayllus - sistema de comunidad- para bajar al valle y vivir, junto a los abuelos, en la población olivarera de Azapa. Luciendo en el sombrero los adornos que se llevan para las fiestas y un colorido poncho, a Juan Daniel una de las cosas que más le gusta es tocar la zampoña, instrumento al que ya sabe sacarle los ritmos andinos.

Hijo de Werkén

Llifke Hueque Antileo, 5 años, luce en la frente el tradicional trariwe, faja tejida que los antiguos usaban a modo de cinturón. Hijo de Jorge Hueque, werkén de la comunidad huilliche de Malchehue, vive a 12 km de Panguipulli, región de Los Lagos. Aunque la mayoría de los huilliches se asentó en los bordes del archipiélago de Chiloé, también pertenecen a esta identidad los indígenas que viven en los territorios ubicados al sur del río Bueno. La fisonomía de este grupo es similar a los mapuches de la Araucanía, los lafkenches de la zona costera o los pehuenches de la cordillera. La familia se dedica a la agricultura de subsistencia.

De Piel y Hueso

Roberto Márquez Nain heredó los ojos achinaditos, la tez morena y los labios anchos. Pero no sólo los rasgos propios de la etnia káwesqar, sino también el amor al mar que hizo de este pueblo canoero los mejores navegantes de los canales australes. De lo que significa pertenecer a este grupo étnico sólo sabe que es "ser diferente a los chilenos" y que su mamá, Gelicia Nain, también es distinta, porque nació en Chiloé. Tiene 9 años y sueña con "crecer rápido" para ser buzo mariscador como su papá, Roberto Márquez Ulloa. De sus antepasados indígenas dice que "eran buenos para el mar y andaban en botes chiquititos". Canoas talladas en un tronco de árbol ahuecado como la que se conserva en el museo Magiorino Borgatello, de Punta Arenas. Roberto cuenta que en una como ésa, su padre, que nació en el área del seno Skyring, salía a cazar lobos. Hoy no quedan más de quince representantes de esta etnia concentrados, principalmente, en la zona de Puerto Edén, donde vive su abuela, Juana Ulloa, que es una káwesqar "de verdad". La familia está radicada en Punta Arenas, donde él nació, e integra una comunidad que busca preservar las tradiciones y la lengua de estos "seres de piel y hueso", según el significado literal del nombre de este pueblo también llamado alacalufe.CRISTIAN CARVALLO

Dulce Pichimalen

Si necesita una pequeña modelo mapuche pregunte por Camila Catril Miralles. Se sorprenderá. Tiene 4 años "cumplidos" y luce

con naturalidad las tradicionales joyas de la mujer indígena y el típico y alegre delantal de percal. En el jardín Nuestra Señora de las Nieves de Boca Sur, en la comuna de San Pedro de la Paz, hay un rincón que la acerca a sus raíces. Allí tiene un pequeño telar, un invernadero y un cultrún. Sus abuelos paternos son de Carampangue, en la provincia de Arauco, y su padre, Juan Carlos Catril, se convirtió en mapuche urbano en busca de mejores oportunidades de vida. Camila poco entiende lo que significa pertenecer a la etnia más numerosa de Chile, pero lo lleva en el rostro. Tiene la carita casi redonda, ojos algo pequeños, la nariz chiquita. Es una bonita y dulce pichimalen, niña pequeña en mapudungun. Con paciencia acepta todos los requerimientos del reportero gráfico y se preocupa de pedir que salga que "tengo un perro que se llama Lukas".

Pastorcito de Chiu Chiu

La agricultura y ganadería a pequeña escala son las actividades que permiten la subsistencia del pueblo atacameño y sus niños lo saben desde pequeños. Iván Galleguillos Paniri es uno de ellos. Tiene apenas 8 años y ya conoce cómo pastorear llamas o cultivar zanahorias. Y lleva tiempo en ello. Vive en Chiu Chiu, a 33 km al noreste de Calama y a 2.400 metros sobre el nivel del mar. Algo así como vivir cerquita de la cumbre del volcán Choshuenco. A los cinco años se incorporó a las tareas agrícolas y pecuarias, que son la base de la economía de este pueblo - no más de 1.100 personas- que vive al interior de la provincia de El Loa, en la región de Antofagasta. Iván dice que le gusta ayudar a sus padres aunque también

le parece entretenido ir a la escuela. El contacto con turistas lo han familiarizado con las cámaras, pero al posar para la foto se pone serio y sujeta con firmeza una cola de zorro, planta que abunda por esos lugares.
 

en internet

Corporación Nacional de Desarrollo Indígena
http://www.conadi.cl/

Migración de Atacameños
http://rehue.csociales.uchile.cl/
rehuehome/facultad/publicaciones/
Ethno-/grebe3.htm
Los Káweshkar
http://rehue.csociales.uchile.cl/
rehuehome/facultad/publicaciones/Sitios/
Lenguas/kawesqar/kawesqar.htm

Las Etnias Australes
http://www.conadi.cl/etnias/etnias.htm

Convención sobre Derechos del Niño
http://www.unhchr.ch/spanish/html/
menu3/b/k2crc_sp.htm

Unicef y los Niños
http://www.banesto.es/banesto/unicef/


©2000 Empresa El Mercurio S.A.P