Santiago de Chile, Miércoles 9 de Mayo de 2001

Una de las formas en que vocablos quechuas fueron incorporados al hablar de los chilenos fue a través de los trabajadores atacameños que laboraron en la industria del salitre, quienes hablaban fluidamente esta lengua, además del castellano y su propio idioma, el kunza.

Influencia Quechua en Chile

Es enorme la cantidad de vocablos de ese origen que empleamos a diario en nuestras conversaciones. Dos expediciones incas en el siglo XV influyeron incluso hasta en el idioma de los mapuches. Opinan expertos en lingüística.
 

Jorge Melin

Por Jorge Melin

¡Aro, aro, aro!, gritan los huasos para interrumpir la cueca y lucirse haciendo pallas para deleite de las chinas. No sé si la guagua llora porque le duele la guata o por la nana que tiene, exclama preocupada la madre. Me tenía curco el cabeza de quisca, así que para aguacharlo le pegué un combo que se fue de espaldas y se dio el tremendo guaracazo contra el suelo, alardea el bravucón. ¿Son estas expresiones más chilenas que los porotos? No totalmente, porque muchos de los vocablos que las componen - incluidos los porotos- son de origen quechua, la lengua de los incas.

Vamos por partes. Aro viene de aro, que en ese idioma quiere decir licencia; huaso, de huanchuk (rústico); pallar, de pallay (rebuscar); china, de china (mujer); guagua, de huahua (criatura); guata, de huatha (vientre); y nana, de nanay (herida).

Pero eso no es todo. Curco proviene de curcu (jorobado); quisca, de qquischca (espinuda); aguachar, de huaccha (domesticar); combo, de cumpa (martillo); y guaraca, de huaraka (honda).

Por lo menos así lo sostienen algunos estudiosos de la lengua, entre ellos el desaparecido sacerdote Luis Guillermo Márquez Eyzaguirre, destacado lexicógrafo que hace ya varios lustros publicara su obra Introducción de la lengua quechua en Chile, basada en sus estadías tanto en nuestro país como en el Perú.

Los incas y su lengua entraron fuerte por estos lados desde que el imperio, cuya sede era El Cuzco, emprendiera dos expediciones de conquista hacia el sur, a una tierra llamada Chili.

En 1460, algunos cientos de soldados enviados por el Inca Tupac Yupanqui lograron llegar hasta el río Cachapoal, en la actual Sexta Región. Se adelantó en 73 años al español Diego de Almagro, al igual que su hijo, Huayna Capac, quien con sus tropas emuló al padre y logró la máxima expansión del imperio al llegar hasta el río Maule, en la Séptima Región (por el norte abarcaron hasta Quito).

Sólo detenidos por la brava resistencia opuesta por los mapuches, en el territorio bajo su administración impusieron costumbres y técnicas de construcción, sembradío, cerámica y de tejido hasta entonces desconocidas. También dejaron el quechua, que se introdujo por su facilidad de estructura, sintaxis y fonética.

Hasta los mapuches adoptaron algunos de sus términos, seguramente por las naturales relaciones que se establecen cuando dos razas conviven por largos períodos.

Es así como en el mapudungun (idioma de los mapuches) figuran términos de claro origen incaico: machi, de mac-hic (curandero); milla, de millay (oro); titi, de titi (plomo); lepúntu, de lepun (basura); y huincha, de huincha (cinta).

ESPAÑOLES Y RELIGIOSOS

Pero el quechua no sólo entró directamente con los incas. También llegó durante la Conquista a través de los españoles que, al igual que los misioneros de la iglesia, partían hacia el sur desde tierras peruanas.

A su paso, nombraron lugares que hasta el día de hoy permanecen. Es el caso de Achao, en Chiloé, bautizada así por los jesuitas y que deriva de la palabra quechua achau (gallina). Merecen una investigación aparte los orígenes de las denominaciones de algunas regiones, ciudades, pueblos y sectores que también provendrían del país del norte, como Tarapacá (el que encubre árboles), Antofagasta (esconde cobre), Calama (rama), Tatio (cesación), Paranal (torbellino), Combarbalá (partir con martillo) y Copiapó (sementera de turquesas).

También están Chañaral (abundancia de chañares), Chimbarongo (cesto del otro lado), Chungungo (muchas capas), Limarí (el que rodó), Ñuñoa (amamantar), Paipote (tristeza del desierto) y Pomaire (salteador).

Al igual que Arica, Iquique, Cavancha, Cachiyuyo, Limache y Macul, los estudiosos de la lengua sospechan de sus orígenes incaicos.

Roberto Lehnert, investigador de la Universidad de Antofagasta, ha identificado algunos vocablos quechuas adoptados por los chilenos a través de los trabajadores atacameños que laboraron en las salitreras de la Segunda Región, especialmente durante el siglo XIX. Estos hablaban fluidamente ese idioma, el español y su propia lengua, el kunza.

Menciona entre estas palabras al caliche, de cachi (sal); cancha, de cancha (patio); concho, de Konchu (resto de líquido); chancador, de chamkani (quebrantar algo moliendo); ojota, de ohota (sandalia); pampa, de pampa (suelo, llano, sabana); y tacho, de tacho (pequeño cántaro de barro).

Así que mucho ojo cuando se escuchan frases como al chascón lo llevé al apa hasta su población callampa y por eso se me olvidó mi cocaví, que era charquicán y una fruta que me dieron de yapa.

Cómo Viajan las Palabras

Adopción, adaptación, calco e hibridación son cuatro de las principales formas en que una lengua asimila vocablos provenientes de otra.

La adopción se presenta cuando la palabra pasa íntegra. Ejemplo: coronta, carpa, puma, del quechua al castellano.

En la adaptación, el traslado es por el sonido (fonética). Ejemplo: shoot a chute, del inglés al español.

En el calco se hace una traducción literal. Ejemplo: power house a casa de fuerza (sala de maquinarias de las salitreras), en un traspaso del inglés al castellano.

La hibridación constituye una mezcla.

De todas estas modalidades, la más común es la adaptación.



 
 

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