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Las justificaciones para el uso de leyes antiterroristas

escrito por José Venturelli Barón   

jueves, 15 de octubre de 2009

El Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, y su ayudante, Rosende, son represores innatos e incapaces de ejercer en democracia (que todavía no tenemos pero que pretenden que sí es). Sus gritos y llamados a zafarrancho son un mal chiste por peligrosos.

Esto lo hacen en un Chile donde el tristemente conocido Jorge Luchsinger se hizo famoso montando incendios e insultando al pueblo Mapuche de modo racista y exigiendo mayor represión.

Fue encontrado que mentía en varias ocasiones y hasta la Justicia Chilena –que más bien parece Juego de Metrópoli porque el que más tiene es el que más obtiene de ella- también se lo dijo así. Este individuo ahora recibe más de mil millones de pesos por "sus tierras”. Y Juan Agustín Figueroa Yavar, que reina en la estructura anti-democrática chilena como pro-hombre/pro-pelafustán señorial, que es miembro de un Tribunal Constitucional de características totalmente anti-democráticas, colocado allí para cambiar algo que no le gusta al estado del post-pinochetismo. Nadie lo eligió pero consigue lo que quiere y le conviene. Este Figueroa es el mismo abogado que para su propio interés, en un juicio por tierras ancestrales Mapuche, en el que ya había perdido, torció la ley usando encapuchados y pagando a sus testigos para encarcelar a los Lonkos Pichón y Norin y por “asociación ilícita” a Patricia Troncoso. Llevan más de cinco años de esto. Ellos ya habían sido absueltos pero ser poderoso en Chile no es broma: eso se usa y abusa. Ahora va a recibir de manos de sus “compañeros de parranda” cifras exorbitantes y especulativas por tierras usurpadas. ¿La compra de las tierras que se van a devolver a las comunidades Mapuche y que aparecen como de Luchsinger y Figueroa, es esto democracia? Esto es lo que llaman agregarle daño al insulto. ¿O es un  engaño electoral disfrazado con una guerra anti-terrorista? Esta es la pretendida ecuanimidad de los gobiernos chilenos. Muy ecuánime para los mismos de siempre.
 
Los atentados de estos Batman y Robin del Ministerio del Interior, que nunca han trepidado en decir (y apoyar con la represión) que las peticiones Mapuche son falsas y meras justificaciones para hacer actos criminales, no logran sujetar ni el agua. Hablan de diálogo quienes no saben hablar ni respetar a un pueblo entero, ni tampoco a los chilenos a quienes les mienten a diario. Han preferido “su guerra” y cuando matan esconden, olvidan y aplauden a sus “fuerzas de su orden”. Sus acusaciones y amenazas, han sido repetidamente demostradas de que están basadas en montajes. En el caso de uno de los tantos falsos juicios contra dirigentes Mapuche, el abogado y ex Juez Juan Guzmán demostró que las acusaciones estaban basadas en torturas hechas por miembros de la policía civil y de carabineros. Tuvieron que dejarlos libres… (para volver arrestarlos con sus leyes de vergüenza antiterroristas y con la (in)Justicia Militar. Porque Batman y Robin no aceptan ni siquiera sus ilegítimas leyes. La ley son ellos y es para servir a los suyos. Conocen su historia: siempre al pueblo mapuche hay que atropellarlo, “porque son el enemigo”. Se han transformado en los jefes y justificadores de una estructura estatal malsana, donde se hacen montajes y se tortura con maestría.
 
No es sólo Amnistía que denuncia la tortura en el mundo. En Chile sabemos que eso se hace. El Robin de esta nota –es decir, Rosende- justificaba un manual sobre tortura porque los miembros del GOPE, sus inocentes palomas, deberían saber que era eso…
 
Las elecciones usualmente trastornan a la politiquería chilena. Y estos, cuyos cargos dependen de ella, se asustan. Ya en varios asesinatos impunes de las fuerzas represivas ellos los han “dejado pasar como si nada” y han demostrado su mala fe. En los dos últimos, los de Matías Catrileo Quezada y el de Jaime Mendoza Collío, han actuado de modo que da vergüenza escucharlos. La presidenta, más preocupada de su imagen, no ha recibido ni dado un solo paso para que se haga justicia, pretendiendo que la Justicia e independiente en este país. Las renuncias de Pérez Yoma y Rosende han sido pedidas por las víctimas porque se supone que en sus cargos deben respetar la ley (“que es para todos”, dicen los rasga-vestiduras desde esa ridícula plataforma de voceros del gobierno) Pero ellos y sus jefes están sordos. La derecha incluso los acusa de no hacer suficiente en lo que a reprimir se trata. Añoran la paz  de los cementerios clandestinos que aún esconden desaparecidos que la dictadura y sus ayudantes establecieron y no aceptan encontrar.
 
En la reunión de Ginebra del 24 de septiembre del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, donde Chile debía responder a las recomendaciones hechas contra sus violaciones de los derechos humanos, yo escuché al embajador del gobierno decir haber usado la ley anti-terrorista dos veces. Claro que él es el embajador: dice lo que le dicen decir. Miente porque ese es su cargo y porque no tiene ética propia para rechazar hacerlo. Esta seguidilla eterna de obedecer por principio, -como funciona la Justicia Militar- se extiende por todos lados. En Chile han usado la ley antiterrorista, por lo menos 34 veces, la misma que han jurado eliminar. Que no hay presos políticos Mapuche, decía el embajadorcito mentiroso: ¡hay más de 100 presos! Y ahora, suma y sigue.
 
El estado chileno, estos ministros, carabineros e institucionalidad mienten como respiran. De capitán a paje. Cuando cambie el gobierno aparecerán otros haciendo lo mismo si dejamos que nada cambie. Sería bueno que escucharan la canción TODO CAMBIA los que se apoltronan en tronos mal habidos o en elecciones legalmente manipuladas con una Constitución mal parida.
 
El matrimonio cómplice y represivo entre la Alianza pinochetista y la Concertación gobiernista, con su lema que suena a “que se beneficie más el que gane y siempre amigos” está contento. Ambos aplauden la represión y olvidan la verdad. Se acomodan por todos lados y han aceptado sin chistar “sus gobiernos” de marras. Piñera, otrora prófugo por estafas que le limpió el mismo sistema legal que se defiende, exige ahora aún más represión para tener limpio el camino cuando gane lo que espera sea “su elección”. Mientras tanto hay muchos Batman y Robin que esperan su turno, sobándose las manos en las sombras.
 
¿Hasta cuándo?