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sábado 25 de julio de 2009

El alcalde de los Mapuches

merc090725Refugio de la radical Coordinadora Arauco Malleco, en Tirúa han ocurrido las más violentas emboscadas y ataques incendiarios. José Añiñir, un RN que desbancó a un PC en la alcaldía, intenta pacificar la zona y negociar con las forestales. Lo acompañamos en una de sus salidas a terreno.  

Por Sabine Drysdale  

Esto es el corazón del conflicto mapuche. La comuna de Tirúa, que marca el límite entre la VIII y IX Región, es llamada irónicamente "Ginebra": la sede de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), el grupo más radical de la Araucanía, que ha reivindicado los últimos atentados incendiarios en la zona.

Esta mañana de martes, sin embargo, reina la paz. Un sol esplendoroso cae sobre el río, el mar y los bosques de eucalipto. Un hombre ofrece sierras recién pescadas dentro de una carretilla oxidada (a tres mil, la grande).

Surgida en 1998 tras la quema de dos camiones de Forestal Arauco en Lumaco, la CAM apoya la lucha armada en el proceso de recuperación de tierras y, a diferencia de otras organizaciones mapuches, no cree en los acuerdos con el gobierno ni empresarios. Su principal líder, Héctor Llaitur, acaba de ser detenido, acusado de emboscar al fiscal Mario Elgueta en octubre de 2008.  Y Matías Catrileo, el joven mapuche que murió en un enfrentamiento con carabineros hace poco más de un año, es una presencia invisible por estos lugares.

Una pareja de carabineros -severos- detiene la camioneta justo cuando termina de atravesar el puente sobre el río Tirúa. Al mirar quién está al volante, sus caras se relajan. Le indican que pase. El alcalde de Tirúa, José Añiñir Lepicheo, atraviesa ese puente prácticamente todos los días en su Toyota Hilux; sin embargo, estos días el celo policial está implacable.

La paz dura poco. Un nuevo atentado, una nueva emboscada, está a la vuelta de la esquina. Añiñir, que llegó a la alcaldía hace nueve meses con el apoyo de la derecha, lo sabe. Varias veces le han llegado "mensajes" que huelen a amenaza.

Dura infancia

Hace 46 años, cerca de Cañete, tras un parto de madre adolescente nació José Añiñir Lepicheo. Un niño criado en soledad, por sus abuelos mapuches, en el campo sureño. No el idílico, no el bucólico. El campo húmedo, frío, inhóspito con olor a pobreza, a trabajo forzado. Un niño que caminaba dos horas cada tarde y otras dos de regreso cada noche tras estudiar en la nocturna de Cañete. Que en las mañanas ayudaba a su abuelo a labrar la tierra. Quince hectáreas de papas, de trigo, que arrendaban para vivir los tres. Su madre tenía ya otra familia. Su padre había muerto.

Nueve meses atrás, Añiñir Lepicheo era el paramédico de la posta local. Ese fue el curso técnico que pudo estudiar en Cañete, aunque su sueño era ser profesor. El mismo día que se tituló, después de mostrarle su diploma, su abuela Rosa murió. Ella nunca había pisado una escuela.

Durante 27 años, Añiñir atendió partos en carretas -porque si la lluvia se adelantaba, no había ronda médica entre mayo y diciembre-, vacunó niños, curó heridas en una posta sin luz.

Ahora atiende en su oficina. Sentado frente a un escritorio simple, sin computadora. Las paredes están pintadas amarillo muy claro.  Las cortinas y los muebles son azules. Está a la cabeza de una de las comunas más conflictivas, también es una de las diez más pobres de Chile. Un sillón que ganó con el 53 por ciento de los votos, con el apoyo de Renovación Nacional, en una comuna más bien cargada a la izquierda. Desbancó a Adolfo Millabur, apoyado por el PC, que iba tras un cuarto periodo.

-Por el apoyo de RN,  a usted lo han catalogado de "vendido a los huincas".

-Algunos sí, pero nunca me lo han dicho. La gente tiene claro que quiero trabajar sin discriminación. Somos todos iguales.

-¿Alguna vez tuvo miedo?

-Al comienzo, por los rumores, pero eso es típico de una elección. Siempre salgo solo.

-¿Qué sucedió en Tirúa que cambió de la izquierda a la derecha?

-Acá la gente ve a la persona, no la política. Ellos vieron en mí los años de servicio, sin horario, donde nunca dije no. La gente se aburrió de la misma persona. Mi idea no era salir de la posta y entrar en política, pero me decían: "José, tienes que hacerlo, tú tienes buenas ideas". Siempre supe de otros concejales que cuando atendían a la gente le preguntaban de qué partido era, ¿me apoyaste? Yo no. Yo pregunto cuál es tu consulta, no importa de qué partido, porque uno no es político.

-¿Por qué postuló por RN?

-Porque ellos me ofrecieron el apoyo. Yo quería ir como independiente, pero no tenía recursos para hacer campaña.

-Entonces, no es necesariamente un hombre de derecha.

-No. Yo ocupé el cargo para trabajar por la gente, no llegué por el partido.

-¿Antes había votado por Millabur?

-Sí. Siempre he votado por la Concertación. Después me fui cambiando. Uno vota por quien cree que va a hacer las cosas bien y cuando uno se cansa de ver que no se hacen, dice "no más" y eso es lo que me pasó. Ahora mismo, si veo que el candidato, sea del lado que fuere, quiere hacer algo por el bien del país, yo le doy mi voto.

-¿A quién se lo dará en diciembre?

-Tiene que ser en la línea que llevo.

-¿Sebastián Piñera?

-Sí. 

El fantasma de la CAM

-¿Cómo es ser alcalde en el epicentro de la violencia mapuche?

-Complicado. Hay gente que no votó por mí, entonces es difícil gobernar. Cuando salí alcalde hubo muchos rumores, que no vaya a tal sector, que me van a agredir, a pegar. Cuando a uno le dicen eso va con miedo, pero he estado yendo a esos sectores, he visto otra realidad.

-¿Conoce a los de la CAM?

-No. A lo mejor los atendí como paramédico, pero nunca pregunto "¿tú eres de la Coordinadora?". Siempre me he interesado por la gente sin preguntarle si es de derecha o izquierda, si robó antes o no.

-Se supone que están escondidos aquí.

-Sé que hay gente de mi comuna, pero no sé quiénes. Hay personas de otros sectores que vienen a actuar y queda mal la comuna.

-¿Qué solución le ve al tema de la reivindicación de tierras a través de la violencia?

- El Estado debe dar una solución. Tomar a los que tienen problemas de tierra y darles su terreno, algo que sea sustentable en el  tiempo. Un terreno y que lo trabajen, que haya una certificación de que la tierra se trabaja. Los mapuches somos responsables de muchas cosas, nos ofrecen dinero y empezamos a entregar todo. Mucha gente vendió; claro, en ese tiempo 2 millones de pesos por una hectárea eran buenos recursos, pero los millones se van cuando se administran mal.

-¿Cree que con más tierra se acabará la reivindicación territorial?

-Debiera disminuir.

-Porque los de la CAM postulan a un país mapuche independiente...

-Dentro de un Estado no puede haber otro Estado, es como que para ciertas personas haya una justicia aparte. La ley debe ser pareja para todos.

-¿Cree que los mapuches presos por los atentados son presos políticos, delincuentes o terroristas?

-Debe haber de todo, pero no voy a opinar sobre algo que no conozco. A los familiares de esas personas que están presas por la emboscada al fiscal (Mario Elgueta, en octubre del año pasado) les hemos dado ayuda, una cajita familiar, no tengo por qué hacer diferencias, son familias que no tienen trabajo, donde el que daba el sustento para la casa era el esposo.

-¿Es un enemigo de la CAM?

-No sé si me verán como un enemigo o un mapuche más. Lo que quiero es que las cosas que se logren para el pueblo mapuche sean a través del diálogo. Si yo destruyo un puente, ¿cuántos millones tiene que invertir el Estado? Esos millones se debieran gastar en buscar trabajo y no en reconstruir.

-¿Cómo se siente como mapuche en medio de este conflicto?

-Por ser mapuche me siento mal y, de hecho, como alcalde me gustaría que saliéramos en las páginas de los diarios por algo bueno, no por maldades. Que nos destacáramos por los paisajes, por algo que se logró para la comuna, para el bienestar de la gente.

-¿Ha pertenecido a alguna comunidad?

-No, no es que no me interese. Por mi trabajo nunca tuve tiempo para las reuniones.

-¿Tiene tierras?

-No, sólo una pequeña herencia. Cuando tenga tierras va a ser por mi propio trabajo. Cuando las cosas cuestan, uno las cuida.

Mapuches y forestales

La camioneta sube por un camino ripiado lleno de curvas, en medio de bosques de eucaliptos de las empresas forestales. Por los parlantes se escucha "Me gusta el vino, porque el vino es bueno". José Añiñir maneja hacia uno de los lugares que le gustaría cambiar. "Vamos a ver algo malo de la comuna", dice antes de entrar al colegio Agua del Molino. Los niños -veinte, mujeres y hombres entre 6 y 14 años- juegan en el patio de tierra a las bolitas. Como en una vuelta a su infancia, el alcalde se pone en cuclillas y les juega una partida. Sólo hay dos salas, una para primero básico a sexto, todos mezclados, y otra para séptimo y octavo. Dos profesores, un matrimonio de Traiguén. Un computador sin internet. Un albergue húmedo para que los niños alojen y no tengan que caminar horas, como lo hizo José Añiñir. Muchos de estos niños van a salir de octavo y volverán a trabajar en la tierra. 

En Tirúa son varias las zonas que no tienen señal de celular, tampoco antena de televisión, menos internet.

-Si le preguntamos a la gente del campo si sabe que en Chile hay una enfermedad que se llama influenza humana y que está matando gente, te aseguro que dicen que no tienen idea.

Hasta hace poco el camino que llevaba al colegio no estaba ripiado.

-Si un niño de enfermaba en invierno, lo sacábamos con bueyes o helicóptero -cuenta la profesora del colegio Agua del Molino, quien también hace de directora. Agrega que tuvo que increpar públicamente a un funcionario del MOP para que les arreglaran el acceso. También han sufrido robos. Desaparecieron la radio, la guitarra, incluso unos disfraces que habían hecho para una presentación. La profesora ha tenido ganas de pedirles ayuda a las forestales que los rodean  -enemigos históricos de los mapuches más radicales-  para arreglar la escuela, para conseguir internet, pero las relaciones entre el ex alcalde Millabur y esas empresas era  pésima y no quería enemistarse con su sostenedor. José Añiñir la tranquiliza.

-Eso está comenzando a cambiar. Ahora están contratando más gente. Está habiendo más comunicación -le dice.

-¿Antes traían gente de afuera?

-Sí, por el mismo conflicto que hay dentro de la comuna. Hoy las forestales tienen ganas de invertir. Quiero que vayamos con calma, paso a paso, respetando las opiniones de la gente. Que no se diga que yo negocié completo con las forestales. Si  llego a negociar, va a ser para la gente, no para mí.

-Usted tiene poca libertad para tomar decisiones sin pisar callos.

-Sí, porque si cometo un error, voy a ser apuntado a nivel nacional. Quizás esto es lento, pero es ir seguro.

-¿Quiere que las empresas inviertan?

-Estoy de acuerdo.

-¿Qué opina del Código Indígena? Hay quienes dicen que va a disminuir la inversión en esta zona.

-No conozco mucho, he leído algo, pero no el fondo. Es difícil informarse en nueve meses de todo lo que viene.

Una pareja de mapuches va por el camino de ripio. José Añiñir detiene la camioneta. Les pide que se sienten adentro. Vuelve a la municipalidad, tiene reunión de concejo y muchos papeles que firmar.

A su mujer y a sus dos hijos poco los ve. Casi nada.

-Como que me alejé de la casa, perdí esa unión familiar -dice triste-. Pero no puedo venir, firmar e irme. Me quedan tres años y medio para trabajar.

Detiene la marcha e ingresa a la municipalidad. Una modesta construcción de madera.

  Por Sabine Drysdale.