Pareciera que hace falta una palabra de sabiduría, en medio de la tempestad de declaraciones precipitadas e informaciones sesgadas que el país ha conocido en las últimas semanas respecto al desarrollo del conflicto que protagonizan comunidades mapuches en el sur del país, el cual se ha transformado en una evidente preocupación nacional.  A ese respecto, quizás sería recomendable recordar las palabras del Papa Juan Pablo II, en su discurso formulado en Temuco el 5 de abril de 1987, en el contexto de su visita a Chile. En la oportunidad, frente a un público mayoritariamente indígena, señaló: “Me alegro de saludar al pueblo mapuche, que cuenta con su lengua, su cultura propia y sus tradiciones peculiares como valores característicos”. El Metropolitano, 8 de febero de 2001

 

Santiago de Chile | Jueves 8 de febrero de 2001

Editorial

A propósito del conflicto mapuche

Pareciera que hace falta una palabra de sabiduría, en medio de la tempestad de declaraciones precipitadas e informaciones sesgadas que el país ha conocido en las últimas semanas respecto al desarrollo del conflicto que protagonizan comunidades mapuches en el sur del país, el cual se ha transformado en una evidente preocupación nacional.

A ese respecto, quizás sería recomendable recordar las palabras del Papa Juan Pablo II, en su discurso formulado en Temuco el 5 de abril de 1987, en el contexto de su visita a Chile. En la oportunidad, frente a un público mayoritariamente indígena, señaló: “Me alegro de saludar al pueblo mapuche, que cuenta con su lengua, su cultura propia y sus tradiciones peculiares como valores característicos”.

“El Papa, hoy desde Temuco, alienta a los mapuches a que conserven con sano orgullo la cultura de su pueblo: las tradiciones y costumbres, el idioma y los valores propios… Al defender vuestra identidad, no sólo ejercéis un derecho, sino cumplís también un deber: el deber de transmitir vuestra cultura a las generaciones venideras, enriqueciendo, de este modo, a toda la nación chilena, con vuestros valores bien conocidos: el amor a la tierra, el indómito amor a la libertad, la unidad de vuestras familias”.

Por tanto, añadió, “sed conscientes de las ancestrales riquezas de vuestro pueblo y hacedlas fructificar”.

Junto a ese reconocimiento de la identidad propia, el Sumo Pontífice manifestó tener consciencia de que “en la vida… del querido pueblo mapuche, existen muchas dificultades y problemas. No pocas veces habéis sido objeto de injusticias y marginaciones. Recordad que en los tiempos lejanos de la conquista hubo sacerdotes entre los que destaca la figura venerable de Fray Diego de Medellín que elevaron su voz para hacer presente al Rey de España los atropellos de que eran objeto los indígenas”.

En ese sentido, manifestó: “También hoy la Iglesia os quiere decididamente apoyar en vuestras demandas de respeto a vuestros legítimos derechos”.

“No se me ocultan los problemas relacionados con la tenencia de la tierra, la seguridad social, el derecho de asociación, la capacitación agrícola, la participación en los diversos aspectos de la vida nacional, la formación integral de vuestros hijos, la educación, la salud, la vivienda y tantas otras cuestiones que os preocupan”, dijo. Particular énfasis otorgó a los problemas “relacionados con las tierras de quienes se llaman precisamente ‘hombres de la tierra’, y con la conservación y promoción de su propio acervo cultural”.

A ese respecto, expresó a los empresarios agrícolas su “aprecio por la tarea que desempeñan” y, a la vez, les solicitó “un renovado esfuerzo, aún a costa de sacrificios, en la promoción humana”, abriéndose a la búsqueda de formas de participación, de acceso progresivo a la propiedad y mayor formación técnica y cultural, “que sea la base de su futuro mejor según los principios de la justicia”.

A los indígenas los llamó a no dejarse seducir “por quienes os ofrecen soluciones tentadoras e ilusorias a vuestros problemas”, como “el odio y la violencia” o el “abandono injustificado del campo” para partir a las ciudades. Y trazó un camino alternativo para resolver las demandas mapuches: el amor y la paz, “que no pueden quedar inoperantes, que no son pasivos, sino que se manifestarán en iniciativas, actividades, obras de solidaridad a favor de vuestro pueblo y sus justas reivindicaciones”.

Para meditarlo.

 

 

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