Entre los rojos de preciosas bardas talladas por la infinita paciencia de los vientos, los mapuches de la comunidad Kaxipayiñ y la empresa Repsol YPF libran una batalla que parece no tener fin. Por estos días, la traza o no de un caño de 16 pulgadas transformó la zona en un polvorín, custodiado por gendarmes y policías quienes a su vez cuidan que en el marco del conflicto entre petroleras y gremios la zona sea blanco de algún atentado. Fue por ese caño de 16 pulgadas que dos ministros de la provincia dijeron hace una semana que la planta de Mega estaba paralizada y que peligraba el abastecimiento al polo petroquímico de Bahía Blanca. Para los mapuches, la presentación del gobierno fue una patraña que busca "que la sociedad diga que somos gente con la que no se puede tratar", se quejó Cherqui en diálogo con este diario. Rio Negro, 20 de marzo de 2002

 

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