Los conflictos que experimentan los pueblos indígenas difieren de las tendencias de otros conflictos. La promoción y respeto de los derechos y el acceso a la justicia de los pueblos indígenas en tiempos de conflicto y postconflicto son indispensables para construir la paz, la reconciliación y la reconstrucción de la armonía en las sociedades postconflicto. La militarización, la supresión de las garantías constitucionales, los derechos territoriales y los derechos colectivos que se han impuesto en el territorio mapuche determinan la necesidad de identificar estrategias para asegurar la paz.
En reiteradas ocasiones me han preguntado por qué en la región más pobre de Chile, en la que grandes forestales obtienen pingües ganancias a costa de ocasionar severos daños ambientales, económicos y sociales, con un alto porcentaje de población Mapuche, pobre e históricamente segregada, gana la derecha. La respuesta es multicausal y necesita de un estudio profundo, no obstante, se puede decir lo siguiente.
Temas como la resolución del conflicto en la zona de la Araucanía, el avance en términos de reconocimiento constitucional y el fomento de la protección patrimonial, fueron parte de un diálogo alrededor de las propuestas de los dos candidatos presidenciales que están en la segunda vuelta electoral, Alejandro Guillier y Sebastián Piñera, acerca de la relación del Estado con los Pueblos Originarios
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De todas maneras, los “ofertones” de los candidatos para ganarse el apoyo de la clase media y de los pobres en ningún caso podríamos calificarlos de audaces o revolucionarios. Prima más bien la confianza en el actual modelo, a pesar de que en el mundo entero se constata su fracaso en materia de equidad y paz social. Nos asiste la triste convicción de que para ambos contendientes lo más importante sigue siendo recuperar las macrocifras del crecimiento, más que pensar en una reforma tributaria para que un puñado de los más ricos deje de llevarse el 80 por ciento del PIB.
La izquierda latinoamericana es heredera de diferentes vertientes de lucha y pensamiento, que no siempre se han entendido entre sí. En nuestros cuerpos militantes se han encontrado tradiciones obreristas, indigenistas, feministas anticapitalistas y grandes sectores sociales excluídos de los procesos de producción y circulación del capital. Hemos sangrado juntos y también nos hemos enfrentado. Es una dinámica compleja que exige abordarla con respeto pero con franqueza.
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